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Tragedia y comedia: un álbum con escenas imborrables protagonizadas por legisladores

El episodio del diputado Ameri se suma a una larga lista de papelones registrados entre las bancas. Disparos y muerte, empujones de la policía, servilletas, cachetadas, fotos, papelitos y "accidentes remotos" ya son parte de la historia argentina

Viernes 25 de Septiembre de 2020

La palabra "papelón" se viralizó -como no podía ser de otro modo- luego de que se vieran las escenas eróticas protagonizadas por el diputado por Salta Juan Ameri durante una sesión virtual en el Congreso durante el debate por la renegociación de una deuda de las provincias con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Una imagen que quedará entre las imborrables del cuerpo legislativo, incluso tapando los grandes debates que se discutían en cada momento.

Pero hay muchas más por su tragedia o tono de comedia. La Capital compiló sólo algunas.

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La primera postal imborrable sucedió hace 85 años, cuando tres balazos terminaron con vida la del senador nacional por Santa Fe Enzo Bordabehere en plena sesión del Congreso mientras su compañero el senador Lisandro de la Torre denunciaba las consecuencias del pacto Roca-Runciman, firmado dos años antes por los ministros de Agricultura, Luis Duhau, y de Hacienda, Federico Pinedo (sí, el abuelo de quien en las primeras horas del 10 de diciembre de 2015 y por 12 horas fue presidente, hasta la jura del ex presidente Mauricio Macri).

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Mucho más cerca en la línea histórica, en diciembre de 1990, se celebró una sesión especial por la visita del presidente estadounidense George Bush padre, al Congreso nacional. La presidía Eduardo Duhalde quien cuando comenzó a hablar vio interrumpida su palabra por el legislador trotskista Luis Zamora, que a viva voz expresó desde su banca: "Este homenaje no es unánime”.

Duhalde le respondía y repetía por el micrófono: "No corresponde el uso de la palabra”, mientras Bush, a su lado, sonreía irónico y le pedía a la intérprete que le dijera quién era y qué decía el señor flaco y de rulos que vociferaba en el recinto, el único que se animó a protestar.

Zamora en su repudio hacía mención a otro trotskista, Justo Liborio, que había hecho los mismo medio siglo antes con Franklin D. Roosevelt. Mientras su propio padre, el presidente Agustín P. Justo, agasajaba al norteamericano, el hijo rebelde se había infiltrado en la cena de gala y gritó ¡Abajo el imperialismo!.

A Justo se lo llevó la policía. A Zamora lo trató de correr a empujones el diputado ucedeísta Alberto Albamonte. Bush dijo luego que había escuchado "El eco del marxismo en declinación”. Y el por entonces presidente Carlos Menem le comentó al periodista Mariano Grondona, ambos escandalizados: "De Luis Zamora qué podemos decir, ¡pero por favor!", recuerda una crónica de revista Anfibia escrita por Pablo Stefanoni.

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Ya en el 2000, primero fue el turno de la "la servilleta de Corach". Toda toda una imagen y una evidencia palpable de cómo se manejaba la Justicia. El ex ministro del Interior Carlos Corach habría escrito los 12 nombres de los jueces federales porteños amigos del menemismo mientras pedía que se archive un expediente.

Y en 2004, no fue servilleta pero fue "papelito". En una foto de Carlos Barría, publicada en La Nación, se ve cómo el senador radical y ex presidente Raúl Alfonsín, por debajo de su corbata a lunares y entre sus dedos, lee en un papel el apellido " Antelo" escrito en mayúscula e imprenta, como el dato del candidato a juez que había que cajonear; una acción que Alfónsín debió explicar en la Justicia federal.

A las cachetadas

Diez años después, la protagonista de un escándalo fue una mujer. La diputada disidente peronista, Graciela Camaño, le pegó una feroz cachetada a su par del kirchnerismo Carlos Kunkel en medio de un fuerte debate por las presuntas presiones para la aprobación del Presupuesto 2011, en la sesión de la Comisión de Asuntos Constitucionales.

El legislador la ligó por haberse metido con el marido de Camaño, el catamarqueño y sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo quien hizo de la famosa frase "tenemos que dejar de robar por dos años" un sincericidio (aunque ahora ante las cámaras de televisión y también a boca de jarro reveló que escondió a Federico Elaskar, un procesado en la causa por lavado de dinero conocida como "la ruta del dinero K", con el fin de "guardarlo" para denunciar al gobierno kirchnerista).

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"Yo nunca prometí falsamente que dos años no iba a robar y seguí robando", le había lanzado Kunkel a lo que la mujer, de pocas pulgas y buen puño, exigió por lo bajo: "No me grites energúmeno" y le encajó un golpe.

Ocho años después otra mujer, la vicepresidenta de Mauricio Macri, Gabriela Michetti, tuvo una fuerte discusión en el recinto con el senador por Formosa y de la UCR Luis Naidenoff, durante el debate por la legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Y ella terminó tajante el ida y vuelta con un: "Sos un pelotudo, no rompas las pelotas”.

También en 2018, mientras se discutía la ley de presupuesto del año siguiente, hubo pelea dentro y fuera del Congreso. Mientras en la Plaza había corridas y enfrentamientos, que derivaron en la detención de 27 personas, adentro del recinto los diputados Nicolás Massot (Cambiemos) y Daniel Filmus (Unidad Ciudadana) protagonizaron una discusión que casi termina a las trompadas, si no era porque varios colegas los frenaron. La situación se inició cuando el legislador kirchnerista increpó al jefe del bloque PRO por haber invitado al diputado Leopoldo Moreau a pelear.

"Invitó a pelear a Moreau y le empezó que gritar que era un cobarde porque no peleaba. De todas formas, nunca hubo una situación de violencia entre Massot y yo, ni mucho menos", afirmó el exministro de Educación. Massot se defendió diciendo que su "honor" y sobre todo el de su familia "no tiene precio". (Aunque es sobrino del ex dueño del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, Vicente Massot acusado de delitos de lesa humanidad en la dictadura).

Accidentes remotos

Ya en el escenario contemporáneo de debate virtual y sesiones remotas, las escenas históricas no se detuvieron. Lo privado quedó en evidencia en el espacio público con brutalidad.

El senador opositor Oscar Castillo, en la sesión en donde se debatía la creación de una comisión bicameral investigadora sobre el préstamo del Banco Nación a Vicentin fue avisado por la moderadora, la vicepresidenta segunda del Senado, Laura Rodriguez Machado, que su tiempo había acabado. Pero como el micrófonoquedó abierto y se lo escuchó decir sobre su compañera de bancada: "¡Al final me cagó lo mismo, viste!".

El diputado de Juntos por el Cambio, Luis Juez, mientras se debatía la ampliación del Presupuesto, fue habilitado por el presidente de la Cámara baja, Sergio Massa, quien le abrió el micrófono para que tomara la palabra y votara. Pero se encontró con que el diputado estaba dando una entrevista a un canal de televisión. "El diputado Luis Juez está en una entrevista periodística, pero está ausente a la hora de votar", sentenció Massa.

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En agosto de este año, el senador de Juntos por el Cambio, Esteban Bullrich usó un fondo con su foto para simular que estaba en la sesión remota por el debate en comisión que dio dictamen a la reforma judicial. Su acción quedó en evidencia cuando le dieron la palabra y se vio, detrás de él, la imagen que había colocado en la pantalla.

Ya por estos días, aunque no es legislador, al ministro de Economía Martín Guzmán se le escapó la frase "sarasear" en Diputados. Fue cuando Sergio Mazza le avisó que no funcionaba el PowerPoint de la presentación. "Yo también puedo empezar a sarasear hasta que esté”, dijo el ministro al presentar el proyecto de Presupuesto 2021 en el marco de un plenario de la Cámara baja. ¿Por qué el escándalo? Porque el término con varias acepciones, para los argentinos está ligado a sanata, ambas palabras y sus variantes fueron sello del gran capocómico argentino Fidel Pintos.

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Luego el diputado de Juntos por el Cambio, Luciano Laspina, se mostró "sin querer" ( según se había olvidado la "cámara prendida") con el torso desnudo, buscando una camisa en su placar, en medio de la exposición de Martín Guzmán en la comisión de Presupuesto y Hacienda. Carlos Heller, a cargo de la moderación, aprovechó el blooper y a la hora de presentarlo expresó: "Tengo en la lista de oradores al diputado Laspina, que no sé si terminó de prepararse, porque acá nos llegaron algunos mensajes, porque en las redes estaba circulando que se olvidó el Zoom abierto. Si está listo, Luciano Laspina tiene la palabra", ironizó el presidente de la comisión de Presupuesto y Hacienda.

Algunos dicen que del ridículo no hay retorno. La historia lo confirmará.

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