Se cumplen dos siglos de la decodificación de la piedra de Rosetta, hito que marcó el inicio de la egiptología moderna. Este célebre fragmento de piedra está fechado 196 años antes de Cristo y permitió descifrar el lenguaje de los antiguos jeroglíficos. Forma parte de la colección del Museo Británico. La piedra fue hallada y descifrada por los franceses de Napoleón Bonaparte.
Los británicos derrotaron a los franceses en Egipto y la piedra fue transportada a Londres, tras la firma de la Capitulación de Alejandría en 1801. Ha estado expuesta al público desde 1802 en el Museo Británico, donde es la pieza más visitada.
Durante la campaña en Egipto de Napoleón Bonaparte en 1798, el ejército iba acompañado por una comisión científica, un cuerpo compuesto por 167 expertos. El 15 de julio de 1799 hallaron una placa con inscripciones. Notaron que podía ser importante e informaron al mando francés, que se encontraba en la localidad de Rosetta. El hallazgo fue anunciado a la recién creada asociación científica de Napoleón en El Cairo, Institut d’Egypte, a través de un informe que apuntaba que contenía tres inscripciones, la primera en jeroglíficos y la tercera en griego, y sugería acertadamente que todas las inscripciones podían ser versiones de un mismo texto. El informe Lancret, llamado así por su autor y fechado el 19 de julio de 1799, fue leído en una reunión del Instituto el 25 de julio. Mientras tanto se transportó la piedra a El Cairo para que fuera examinada. El propio Napoleón inspeccionó la que ya había empezado a llamarse “La Pierre de Rosette”, la piedra de Rosetta, poco antes de su regreso a Francia en agosto de 1799. Luego los británicos vencerían a los franceses y se quedarían con el precioso objeto, llevándolo a Londres.
La primera traducción completa del texto en griego antiguo apareció tempranamente, en 1803. Pero recién en 1822, el egiptólogo francés Jean-François Champollion anunció en París el descifrado de los textos jeroglíficos egipcios. Champollion logró decodificar lo que estaba escrito en la piedra, que contiene el mismo mensaje en jeroglíficos, demótico (una escritura egipcia menos antigua y más simple, usada en documentos comerciales y sociales) y griego antiguo: un decreto sacerdotal en el que se reconoce la soberanía del faraón Ptolomeo V. Los expertos tardarían bastante en leer con claridad otras inscripciones y textos del antiguo Egipto.
El objeto es un bloque de granito que pesa unos 760 kilos y es un fragmento de una antigua estela egipcia. Es una fuente constante de polémica desde que pasara a manos de los ingleses en 1802, cuando los soldados lo trasladaron a Londres como un trofeo de guerra tras la derrota de las tropas de Napoleón.
El reclamo egipcio
Pero Egipto quiere recuperarla, igual que otras antigüedades, como el busto de Nefertiti, que se exhibe en el Museo de Berlín. El gobierno británico y las autoridades del museo se niegan, como en el caso del los Mármoles del Partenón, que Grecia también reclama, a entregarla a su país de origen.
Los arqueólogos egipcios hacen un reclamo que esperan se extienda a toda la sociedad de su nación. Para los arqueólogos este fragmento de piedra roto, junto con otros 16 objetos, pertenecen a un lugar: Egipto. De lo contrario el Museo Británico seguiría perpetuando una “situación colonial”.
El reclamo a Reino Unido no es nuevo. Hace tiempo que al museo se le viene exigiendo la devolución, tanto con la piedra de Rosetta como con los Mármoles del Partenón, que Grecia exige desde el siglo XIX, y otros objetos de arte saqueados durante intervenciones militares en Africa (Ghana, Benín, Nigeria, Etiopía, Maqdala, el reino Asante).
Como respuesta, el año pasado, el Museo Británico anunció que comenzaría un procedimiento para analizar el origen de su colección, compuesta por unos 8.000 millones de piezas. Y en julio de este año el Museo Británico anunció una gran muestra para celebrar precisamente los 200 años de su posesión de la piedra de Rosetta, que se inauguró este jueves 13 de octubre. No son señales que auguren una rápida devolución.
Los arqueólogos egipcios afirman que la piedra fue un botín de guerra tomado por tropas británicas. “Hemos estado trabajando en esta petición durante los últimos dos años, desde julio de 2020. Y queríamos lanzarla con el recuerdo de los 200 años del desciframiento de la piedra de Rosetta”, explicó la arqueóloga Mónica Hanna, decana en funciones de la facultad de Arqueología y Patrimonio Cultural de la universidad en Asuán, en el sur de Egipto. La arqueóloga adelantó que la petición ya tiene miles de firmas.
En 1801, cuando los británicos derrotaron a los franceses, ambos bandos firmaron un tratado que, en uno de sus artículos, estipula que los franceses debían entregar todas las antigüedades que hubieran descubierto al ejército británico-otomano. Allí se encontraba la famosa piedra.
Por eso, la demanda de los arqueólogos indica que Egipto se encontraba bajo ocupación y que no tenía soberanía sobre su patrimonio cuando se firmó dicho tratado, y además considera que viola el derecho internacional consuetudinario. La solicitud quiere ir más allá al señalar que la devolución sería una reparación por injusticias históricas. El Museo Británico afirma que no contempla la repatriación. Un portavoz de la institución ha asegurado al diario español El País que "no ha habido una solicitud formal del gobierno egipcio” y agrega que Egipto ya cuenta con una veintena de piezas similares a Rosetta que también ayudan a entender los jeroglíficos.
Gran exhibición
Mientras tanto, desde hoy, jueves 13 de octubre, y hasta el próximo 19 de febrero, la piedra de Rosetta protagoniza, precisamente en el Museo Británico, una gran exposición homenaje por los 200 años de la decodificación de su inscripción, junto con otros objetos que ayudaron a los investigadores a descifrar los jeroglíficos, permitiendo por primera vez leer escritura antigua y abarcar más del pasado de la historia humana en unos 3.000 años. Otras reliquias que forman parte de la exposición, como el conocido como “sarcófago de Hapmen”, construido en granito negro aproximadamente en el año 600 a. C., cubierto con jeroglíficos e imágenes de dioses. ”Se creía que los jeroglíficos tenían poderes mágicos y que bañarse en este sarcófago podría aliviar los tormentos de amor”, explican en el Museo Británico.
Los visitantes también podrán contemplar el papiro ricamente ilustrado del “Libro de los Muertos” de la reina Nedjmet, de cuatro metros de largo y más de 3.000 años, y que contiene hechizos rituales destinados a ser pronunciados para demostrar “el poder de la palabra hablada”. También verán el vendaje de la momia de Aberuait, que pertenece al Louvre de París y que nunca se ha visto en el Reino Unido.