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"No me gusta la pose de artista, yo creo en el laburo y en la disciplina"

Carlos Daniel Pallarols, sexta generación de orfebres que hicieron historia, expone algunas de sus obras en Rosario. A los 18 ya era capataz del taller familiar y a los 25 tuvo su espacio propio.

Domingo 02 de Noviembre de 2014

Cuando tuvo la primera oportunidad de demostrar lo que sabía, y sentía, Carlos Daniel Pallarols estaba preparado. Y quizá en ese trabajo previo, constante y minucioso se sostiene su éxito. “Nunca me disfracé de artista, no creo en las poses. Para mí la bohemia pasa por otro lado. Sin dudas me motivan la pasión y el entusiasmo por lo que hago, pero antes que eso están el laburo y la disciplina”, asegura.

Tenía apenas once años cuando cinceló las punteras de una cruz que aún se exhibe en la Catedral metropolitana. El destino de aquella obra fundacional en su historia como orfebre fue algo que descubrió mucho tiempo después, de casualidad: “Las reconocí porque esas punteras estaban desgastadas y noté que eran las mías porque eran de cobre; trabajar en plata fue un premio que vino después”.

A los 18 era el capataz del taller de orfebrería familiar y a los 25 abrió su propio espacio de trabajo, un lugar que describe como “prolijo, ordenado, armonioso” porque, en todo caso, el caos que le permite crear “está en la vida misma”.

Carlos Daniel Pallarols, que será uno de los expositores y disertantes del Primer Salón de Joyas que se realizará esta semana en el Museo Estévez de Rosario, pertenece a la sexta generación de una familia dedicada a la orfebrería. Esas marcas, inevitables, no fueron sin embargo las que lo llevaron a convertirse en un fabricante de objetos entre otras artes que despliega: “Yo elegí”, dice, sin vueltas.

Se nota, porque no para de describir con detalle y entusiasmo cuánto le gusta lo que hace, porque en ese relato queda en evidencia su necesidad de explorar y seguir haciéndolo, búsqueda constante que le permite cada vez que quiere “romper el molde de todo lo que aprendí para ir por más”.

Así, en la biografía profesional de Pallarols se inscriben hitos como el bastón “de la democracia” del que participó en su realización y que él mismo, siendo un adolescente, entregó en mano a Raúl Alfonsín; el altar mayor y púlpito de la Catedral de Buenos Aires inaugurado por el cardenal Jorge Bergoglio en el jubileo del año 2000; un cáliz que creó especialmente para Benedicto XVI y también los regalos que se llevaron de nuestro país la cantante Shakira, el príncipe Carlos de Inglaterra, el premio homenaje que se le dio a Lionel Messi en la cancha de River, el mural del nuevo edificio de Sancor Seguros, un sinnúmero de joyas (desde las más tradicionales a las más vanguardistas), objetos del mundo del vino (un rubro que le encanta), mates, cuchillos, portarretratos, lapiceras. “Trato de no perder jamás lo lúdico. Trabajo con metales preciosos, piedras preciosas, pero si se me antoja crear con algo a partir de una gota de bebida que se me cayó en un servilleta también lo hago”.

Sin prejuicios. Así dice Pallarols que anda por la vida. “En mis creaciones intento imprimir un poco de esa libertad de hacer lo que nos hace bien, y es lo que me gustaría transmitirles a los rosarinos que vayan a la charla”.

Se sabe privilegiado pero eso no lo convierte en una persona cómoda, más bien lo contrario. “Nací en un taller, de pibe tuve la suerte de crecer en ese ambiente que no sólo me permitió aprender orfebrería, sino también rodearme de un montón de artistas que me enseñaron mucho. Tengo un poco de escultor, otro poco de pintor, de hecho ahora estoy pintando todo lo que puedo; tengo la fortuna de tener una amiga que me inspira y contagia entusiasmo como Josefina Robirosa (pintora, muralista, dibujante) pero mi principal herramienta es que soy metódico, obsesivo con la técnica, yo puedo ponerle mucha pasión pero ante todo pongo conocimiento y técnica. Soy un convencido, como dicen, de que esto es 5% inspiración y 95% transpiración”.

“Me nutro de todo, todo el tiempo, y me divierto, que me parece algo central. Y me movilizan los desafíos. Como me encantan el teatro y el cine (especialmente el de ciencia ficción y el de terror); ahora tuve la posibilidad de hacer varias piezas que los actores exhiben en películas argentinas como por ejemplo, el bastón de Federico Luppi en «Inevitable» o los colgantes que usan algunos personajes en «Jauja», una peli que se hizo acá, con Viggo Mortensen”.

Belleza, magia, esplendor y perfección rodean la vida de Pallarols , un artista que sin embargo reniega de las pretensiones, que cree que la única ambición desmedida debe ser la de encontrar y defender lo que te gusta.

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