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Mafalda, la “heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es”, vuelve a Rosario

Y con ella vuelven Felipe, Manolito, Susana y el resto de los personajes de la gran historieta de Quino, que será publicada a partir de mañana, en entregas diarias, por La Capital.

Domingo 30 de Junio de 2013

Mafalda, la “heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es”, como la definiera Umberto Eco, está de regreso en Rosario. Y con ella vuelven Felipe, Manolito, Susana y el resto de los personajes de la gran historieta de Quino, que será publicada a partir de mañana, en entregas diarias, por La Capital.

La historieta, creada a partir de una campaña publicitaria para un producto que no llegó a lanzarse al mercado, se publicó originalmente en el semanario Primera Plana, el diario El Mundo y la revista Siete Días. Quino (Joaquín Lavado, Mendoza, 1932) tomó el nombre de un personaje de la novela “Dar la cara”, de David Viñas.

En principio los protagonistas fueron Mafalda y sus padres, una pareja de clase media a la que su hija mantiene en vilo con preguntas desconcertantes. Después se incorporaron Felipe, un chico tierno y temeroso cuyos rasgos (dientes prominentes) están basados en los del periodista Jorge Timossi; Manolito, el hijo del almacenero, cuyo materialismo contrasta directamente con las reflexiones de Mafalda; Susana, una especie de vocero del sentido común; Miguelito, un nene un poco despistado al que a veces carcomen las dudas; Guille, el hermano de la protagonista, y Libertad, una nena bajita y de perfil contestatario.

“Mafalda nace como adorable excreción de la conciencia de un cierto señor llamado Quino, que es, a su turno, lúcida excreción de una cierta angustia generacional”, anotó el escritor colombiano Daniel Samper Pizano en el prólogo a una de las recopilaciones. Los problemas del mundo y de la sociedad argentina atraviesan la tira, pero también temas intemporales como la igualdad, la realidad, el envejecimiento, la felicidad, la democracia y las diferencias entre el hombre y la mujer, entre otras cuestiones, porque “en el mundo de Quino, a diferencia del mundo real, lo urgente sí deja a veces tiempo para lo importante”.

El humor está asociado a las preguntas y a la reflexión. Los padres de Mafalda lo saben mejor que nadie. ¿Para qué estamos en este mundo?, ¿Qué ocurriría si no existiera la distancia? ¿En este mundo somos todos iguales?, son algunos de los interrogantes que plantea la nena que se hizo famosa por su aversión a la sopa y los cuidados que le prodiga al globo terráqueo que tiene en su casa. Una nena para nada inocente, que también acude con frecuencia a la ironía: “Tu papá tiene razón, Mafalda: nuestros papás también dicen que cada país tiene derecho a gobernarse como mejor le parezca. Así que… ¡es verdad!”, dicen a coro Miguelito, Felipe, Manolito y Susana. “¡Miren cómo venimos a descubrir que las agencias noticiosas se manejan con los libretos de un sádico embustero!”, responde Mafalda. “La eficacia no está dada solo en las palabras sino en la sacudida que éstas provocan en quien las lee. Si los lectores de escuela primaria encuentran en Mafalda y sus amigos cierta cómplice identificación y hasta una reivindicación –como chicos y como hijos- para los adultos lo que queda es una incómoda sensación flotando en el aire”, dicen al respecto Judith Gociol y Diego Rosemberg en el libro “La historieta argentina”.

La historieta definió sus características y sus temas en función de las publicaciones en que apareció. Cuando salía en Primera Plana, un semanario de actualidad, Quino abordó las inquietudes de la época e hizo que, por ejemplo, los problemas de política internacional y cuestiones sociales como la liberación femenina ingresaran a la tira. En El Mundo, la historieta se publicó en forma diaria e incorporó alusiones políticas y domésticas y referencias a polémicas de entonces, como la influencia de la televisión en los niños. Y en Siete Días el seguimiento de la actualidad se hizo más flexible, ya que Quino debía entregar el material quince días antes.

Si bien Quino dejó de dibujar las tiras de Mafalda en 1973, la historieta siguió publicándose en diarios, revistas y libros de diversos países del mundo. Traducida a doce idiomas, con más de doce millones de ejemplares vendidos, la tira se proyectó además al cine, al merchandising y a numerosas campañas de bien público nacionales e internacionales, como la de Unicef por la Declaración de los Derechos del Niño.

La repercusión y la vigencia de Mafalda constituyen un caso singular en la historieta nacional. Con rasgos nítidamente argentinos en la caracterización de los problemas y los temas que son objeto de humor, resulta a la vez universal, como lo prueban sus ediciones en países tan distantes como España y China, entre otros. Y al mismo tiempo, aunque en principio contiene referencias a episodios y personajes de la década en que fue producida, la historieta puede seguir siendo leído, cuando aquellos episodios y personajes han desaparecido o han experimentado cambios.

Un clásico, según el escritor italiano Italo Calvino, es aquella obra que no se agota en el tiempo, que se renueva por el contacto con los lectores y sigue produciendo significados. Una definición que se ajusta de modo ejemplar a Mafalda.

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