Información General

Laura, la mujer que huyó de Rojas por la violencia de su ex marido y de la Justicia

De apellido Matheu y 45 años, le cuenta a La Capital la violencia de género que sufrió hace ocho años en la ciudad bonaerense donde mataron a Úrsula Bahillo.

Jueves 11 de Febrero de 2021

Cualquiera podría suponer que una mujer que fue golpeada, insultada, amenazada, ninguneada y debió huir una madrugada con sus dos hijas para ponerse a salvo, comenzará por ahí el relato sobre esa violencia extrema que vivió por cinco años. Pero no. Laura Matheu, de 45 años, nacida y criada en Rojas, odontóloga recibida en La Universidad Nacional de Rosario (UNR), no comienza la charla con La Capital hablando de ella, sino de Úrsula Bahillo. Lamenta el crimen de la joven y dice: "Lo peor de vivir en un lugar como Rojas es la violencia institucional". Y se explayará sobre el tema la mujer que aún vive con botón de pánico, con miedo y asegura que no volvió a ser la Laura que era.

Delgada, de pelo tirante y recogido, y pestañas arqueadas, habla claro y tranquilo. Bella. Esta mujer, que pedirá dialogar sin fotos de por medio, se remontará a ocho años atrás. Cuenta que denunció 50 veces al padre de su hija menor, pero que otras tantas no le tomaron las denuncias en la comisaría argumentando, por ejemplo, que era "fin de semana" o que, siendo la madrugada, tenía que ir acompañada con su abogado.

Luego se comprobó que nada menos que el juez de Paz de ese momento, Omar Fernández, quien se jubiló en 2016, había ordenado no tomarle las acusaciones. "Está con el padre", le dijo una vez a Laura ese hombre intentando desestimar sus reclamos, incluso cuando las pericias psicológicas sobre el violento eran desfavorables y la hijita, con sólo 4 años, y sin cámara Gesell mediante, había manifestado en el tribunal que no quería ver a su papá.

"Te ponés en perra", le dijo en otra ocasión una mujer policía cuando fue a denunciar que su agresor no había regresado a su hija como habían pautado.

Laura relata que una vez la nena enfermó de neumonía y volaba de fiebre. Para corroborar que eso era así y por lo tanto no visitaría a su papá, una ayudante de la fiscalía de Junín, que aún está en funciones, y cuatro policías, allanaron su casa. Pero además ingresó el agresor pese a tener una orden de restricción. Dice que eso "fue el límite".

"Eso es violencia institucional; yo sufrí mucho, mi ex marido me llegó a fisurar dos costillas, perdí el pelo, adelgacé, me temblaba la cara, dejé la profesión, no dormía y aún no volví a ser la Laura que era, pero tenía 33 años, dos hijas...Úrsula era una nena", dice y llora.

Luego agrega: "No soy de las que dicen que los lugares de la Justicia o la policía tienen que estar ocupados por mujeres: mujeres o varones, pero con perspectiva de género si no esto no cambiará".

Habla de Rojas y la recuerda como la ciudad difícil para encontrar testigos.

"Una vez un chico vio una escena de violencia, le pedí que declare y me dejó una notita en la ventana pidiéndome que lo disculpe, pero que 'no podía'. Eso pasa en ciudades conservadoras y machistas como Rojas. Muchos son los que comparten una mirada de destrato hacia la mujer. La mirada de la gente de allí te quema y más a una mujer, con dos hijas de dos padres diferentes. Creo que nunca, ni el padre de mi hija menor, ni el juez, ni la policía creyeron que podía tomar la decisión de irme, pero ni la impunidad de ellos me detuvo", se explaya Laura al evocar a la ciudad de tierras fértiles y explotación agropecuaria, ubicada a 134 kilómetros de Rosario y con unos 20 mil habitantes.

image (69).jpg
Una de las tantas frases en las paredes de Rosario durante las marchas contra la violencia de género y los femicidios.

Una de las tantas frases en las paredes de Rosario durante las marchas contra la violencia de género y los femicidios.

Tras "la fuga", el refugio

La propia Laura habla de "fuga" cuando se refiere a ese 17 de mayo lluvioso de hace ocho años, a las 6, cuando agarró a sus "nenas", unos pocos bolsos y su auto y manejó con la mirada fija en la autopista con destino a Rosario.

Pensó que se liberaba, que comenzaría una nueva vida para ella y sus hijas. Se equivocó.

Porque si bien atrás dejaba una casa, un consultorio, a su padre y un hermano, amigas, el gusto por cantar como soprano en el coro y la costumbre de salir a correr, no cesaron los tormentos de su ex marido. Acosos de un hombre oriundo de Usuahia, residente en Rojas, muy bien relacionado con el poder y el dinero del lugar y que hoy cuelga en Facebook fotos en favor de las dos vidas.

"En Rosario me contuvo inmediatamente una red de profesionales del municipio, una concejala y luego ex compañeros de la facultad: alquilé una casa, inscribí a mis hijas en una escuela pero a los dos días de tramitar en Tribunales mi estadía me informaron que el juez de Rojas le había pedido telefónicamente al ex juez de familia de acá (Manuel Rosas) que me devuelvan. De locos y tuve que irme a un refugio", cuenta.

Luego pide que se nombre a quienes la ayudaron aún a riesgo de olvidarse de muchos: el psiquiatra feminista Enrique Stola (quien intervino en defensa de las víctimas del sacerdote Julio Grassi y la actriz actriz Thelma Fardín), las abogada con perspectiva de género Mercedes Pagnutti y Natalia Suárez, la edila Norma López y los odontólogos Darío Masia y Claudia Lescano .

El juez de Rosario no se hizo eco del pedido de su colega en Rojas, pero la cosa no era tan simple. Laura no sólo se enteró que sus hijas perdían el "centro de vida", su residencia habitual, sino que la causa debía cambiar de juez. Algo que se logró. Como también logró con el tiempo y no sin angustias, ganar el juicio iniciado en Junín por amenazas y lesiones a su ex marido.

Pero el hombre, que nunca hasta allí ni hasta el presente le pasó alimentos a su hija, ubicó a Laura en Rosario, la hizo seguir y se mostró en el colegio como un padre ejemplar, abandonado por su mujer y le inició una causa penal por secuestro.

En primera instancia un juez falló a favor de Laura, pero el ex marido, asesorado por una abogada del Opus Dei, apeló y el caso fue a juicio oral.

"Los tres jueces, una mujer y dos varones sencillamente leyeron la causa. Toda. Todo lo que viví desde que me separé, todo lo actuado en Junín, lo que había padecido en Rojas. Recuerdo que un juez le preguntó: '¿Usted pasa alimentos a su hija?' y cuando obtuvo un "no" como respuesta puso cara de no poder creer lo que oía, tras una causa de tanto tiempo, idas y vueltas", contó Laura, quien fue absuelta en ese juicio.

El agresor fue condenado a cuatro años de prisión con una suspensión de juicio a prueba (cuando la acción penal se extingue a condición que el acusado no cometa un nuevo delito).

Laura cuenta mucho más sobre su vida. Asegura que sus dos hijas, una jovencita de 22 años y una adolescente de 14, hoy están bien. Confiesa que su marido le debe "diez años" y analiza que ella querría "abrazar a todos" quienes la ayudaron. Aunque también reconoce que corrió con la suerte de ser una mujer de clase media profesional. "Sé que una mujer pobre la pasa aún peor que yo en mi misma situación", afirma.

Y vuelve al caso de Úrsula Bahillo para hablar de lo que "pudo ser evitable".

Sostiene que es "necesario" remover a las ayudantes del fiscal, Nora Fridblat y Elizabeth Berbeni, "las mismas de siempre" y critica al juez que reemplazó a Fernández, Luciano Calligari, porque no trabaja con perspectiva de género.

El hecho no es solo inadmisible cuando ya existe la Ley Micaela -la obligatoriedad de capacitación para todos los agentes del Estado-, sino además lo es en un país donde entre el 1º y el 31 de enero se produjeron 44 femicidios, uno cada 27 horas (según la organización Mumalá-Mujeres de la Matria Latinoamericana).

"Escuché un audio de Úrsula en el que decía: 'Me quiero ir de acá'. Es lo mismo que sentí yo, qué pena inmensa", dice Laura y vuelve a llorar esta rojense que supo volver alguna vez de donde huyó, pero a escondidas.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario