La destrucción sufrida por Bahía Blanca fue causada en principio por la violenta irrupción de la tormenta, pero no se descarta del todo que haya ocurrido un un tornado. Es que Argentina, en la región comprendida desde el Río Colorado hacia el norte, es la segunda del planeta con más registros de tornados, explica el SMN en una nota sobre el tema. Y la temporada de tornados está entrando en su ápice.
Aunque parezcan más propios de películas de Hollywood, los tornados son un fenómeno meteorológico frecuente en muchas provincias argentinas. Si bien “El callejón de los tornados” en Estados Unidos es el lugar que más casos sufre, en Argentina la región comprendida desde el Río Colorado (el límite de Río Negro y La Pampa) hacia el norte, en especial la Pampa y la Mesopotamia, es la segunda del planeta con más tornados. Con más precisión: en Estados Unidos ingresan masas de aire cálido desde el Golfo de México y chocan con aire polar que baja desde el Norte desde Canadá y Alaska. El corredor de los tornados de Argentina se ubica en la Pampa Húmeda (la que incluye la provincia de Buenos Aires, este de la Pampa, este de Córdoba y Santa Fe; además se suman la Mesopotamia, Chaco y Formosa).
Un tornado es un violento remolino de aire que se genera en la base de una nube de tormenta, pudiendo o no tocar la superficie terrestre o el agua. Si llega a la superficie, puede causar daños de magnitud.
Un tornado supercelular tiene rotación tanto en la columna como en la nube y es el más destructivo de todos Un tornado supercelular tiene rotación tanto en la columna como en la nube y es el más destructivo de todos
¿Qué hace falta para formar un tornado? La respuesta es casi un resumen de las condiciones que provocaron la tormenta de la madrugada del sábado. Es indispensable la formación de una nube de tormenta. Para eso se necesita que aire cálido y húmedo sea forzado a elevarse por un mecanismo de ascenso, como por ejemplo, la presencia de un frente frío. Otros factores a tener en cuenta son la gran inestabilidad del aire y una fuerte cortante vertical del viento (es decir, cómo aumenta y/o gira el viento a medida que subimos en las capas de la atmósfera; en otras palabras, cambios bruscos de dirección del viento a medida que cambia la altura). Esta variable también estuvo presente en la tormenta trágica del sábado.
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La potencia de la tormenta quedó bien graficada con este enorme árbol abatido en un parque de la ciudad de Buenos Aires.
Pero aunque estos ingredientes parezcan demasiados, no bastan para la formación de un tornado. La diferencia está en que no sólo se necesita una cortante vertical que esté presente en los primeros seis a ocho kilómetros de altura, sino también que esté acentuada en los niveles bajos de la atmósfera, específicamente en el primer kilómetro de altura. Cuando eso sucede, entonces están las condiciones necesarias para generar un tornado.
Los tornados se forman en grandes nubes convectivas, los cumulonimbus y pueden provenir de dos orígenes: de las nubes de tormentas “supercelulares” o “no supercelulares”. Los tornados supercelulares, son los que se forman en tormentas con rotación. Son los más violentos y destructivos aunque son los menos frecuentes. Se identifican de forma fácil porque la base de la nube desde la cual desciende el tornado rota junto a él.
En cambio, los tornados “no supercelulares” son generados por tormentas que no rotan. Son de vida corta y en la mayoría de los casos son de débil intensidad aunque en ocasiones pueden causar daños de consideración.
¿Y la velocidad, cómo se mide?
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Un clásico tornado estadounidense, uno de los muchos cientos que se forman cada año en el país del Norte.
Ahora, ¿cómo determinar la velocidad de un tornado? Muchas veces los tornados no pasan por una estación meteorológica y si lo hacen pueden destruirla. En estos casos no es posible registrar la velocidad del viento de forma directa. La escala que se utiliza actualmente para clasificar la severidad de un tornado es la “Escala Fujita mejorada”, que está basada en estudios de ingeniería sobre los daños. Comienza con la clasificación de “tornado muy débil” (F0) si los vientos varían entre 105-137 Km/h y termina con un “tornado increíble” (F5) que deja vientos superiores a 322 km/h y es capaz de levantar los cimientos de una construcción.
Cuando una tormenta deja daños materiales, casi nunca se trata de tornados. La huella que deja el paso de un tornado es normalmente detectable. En muchas ocasiones, cuando una tormenta pasa por una localidad y genera destrucción (como voladuras de techos y caída de árboles), la población suele atribuirlo al paso de un tornado. Pero la realidad es que muchas veces se trata de una “tormenta severa” con vientos lo suficientemente fuertes como para provocar destrucción a su paso, pero no se trata de una nube embudo giratoria, o sea, un tornado. La evidencia de un tornado está cuando hay destrucción en una manzana, y en las de al lado no. Los daños materiales del paso de un tornado son muy puntuales, las de una tormenta severa son mucho más generalizados.
Ahora, ¿aumentó la frecuencia de tornados en Argentina? Quizás existe la impresión de que en los últimos años el número de tornados es mucho mayor a la del pasado, pero esto aún no se ha comprobado científicamente. Lo cierto es que con el avance tecnológico en las últimas décadas es mucho más fácil documentar un tornado. Otro factor a tener en cuenta, es que generalmente los tornados pasan por zonas rurales y muchas veces se dan por la noche y no son perceptibles por la población.
En Argentina las alertas por tornados se incluyen en las de tormentas severas. Cuando el SMN emite una alerta por tormentas fuertes/severas, esto siempre incluye, por definición, que pueden generarse tornados en el área de cobertura del alerta.
Antecedente trágico
El sitio especializado Meteored recordó un antecedente cercano de un tornado con efectos letales. Fue el 15 de abril de 2016, cuando un tornado de categoría mayor azotó la ciudad uruguaya de Dolores. La ciudad fue arrasada en cuestión de minutos por un tornado de categoría EF3, con vientos comprendidos entre los 219km/h y 266km/h. Incluso quedaron sospechas de que pudo haber intensidades superiores. Causó 5 muertes, 200 heridos, más de 9000 damnificados y 25 millones de dólares en pérdidas materiales.