La policía de Río de Janeiro, en Brasil, mató a dos presuntos traficantes de drogas y arrestó a otros cuatro en una redada a una favela ayer a la mañana, un día después de que las disputas entre bandas de traficantes y la policía dejaran un total de 12 muertos.
Los disturbios, en los cuales dos funcionarios de la policía murieron cuando el helicóptero en el que viajaban fue abatido anteayer, dejaron partes de la ciudad brasileña con la apariencia de una zona de guerra, un golpe a su imagen a dos semanas de ser elegida para organizar los Juegos Olímpicos 2016.
Una portavoz de la policía militar confirmó que esa fuerza mató a los dos supuestos traficantes y que arrestó a otros cuatro en una operación al interior de la favela Jacarezinho, una de las áreas donde estalló la violencia el sábado.
Funcionarios de seguridad cancelaron todos los permisos a los policías y desplegaron a 3.500 miembros de fuerzas de seguridad adicionales para contener la violencia, que empezó en la mañana del sábado, cuando la fuerza policial intervino en un enfrentamiento entre dos bandas de traficantes rivales en la favela Morro dos Macacos, en la zona norte de Río.
El piloto del helicóptero policial tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en una cancha de fútbol tras recibir un balazo en una pierna, pero el aparato estalló en llamas, provocando la muerte de dos policías y dejando heridos a los otros cuatro miembros de la tripulación.
“Uno de los funcionarios está grave, con quemaduras en todo el cuerpo”, informó la policía.
Diez supuestos traficantes murieron el sábado a manos de la policía y en la balacera entre los grupos rivales, informó la policía.
Una de las bandas es sospechosa además de incendiar ocho ómnibus el sábado para distraer la atención de la policía, provocando volutas de grueso humo sobre Río, conocida por su belleza pero también por su violencia.
La ciudad, al lado del mar y en donde habitan seis millones de personas, es una de las más violentas del mundo, con enfrentamientos casi todos los días entre la policía y bandas fuertemente armadas, que controlan muchas de las casi 1.000 favelas que rodean Río.
Funcionarios les restaron importancia a los problemas de seguridad de la ciudad durante su exitosa apuesta para los Juegos Olímpicos del 2016.
“Este es un problema de una región en una zona específica de la ciudad. Eso no es en Río de Janeiro”, dijo el secretario de seguridad del estado de Río de Janeiro, Jose Beltrame.
La policía de Río a menudo responde con brutalidad a las bandas de narcotraficantes, hiriendo y matando a residentes inocentes como resultado de tácticas que han sido condenadas sistemáticamente por agrupaciones de derechos humanos.
El año pasado la policía mató a más de 1.100 sospechosos bajo cargos de “resistir al arresto”. Los sospechosos muertos son rutinariamente descritos como presuntos criminales, sin investigaciones para respaldar los cargos.
Las pandillas de traficantes de cocaína de la ciudad han ido armándose consistentemente durante los últimos años, con poderosos rifles de asalto y granadas entre sus arsenales. El incidente del sábado marca la primera vez que un helicóptero policial es derribado y destruido en Río. (Reuters)
































