Sólo se ve en el agua una parte del carguero, mientras cientos de contenedores ruedan por la cubierta. Las fuertes tormentas y las enormes olas de hasta siete metros partieron hoy definitivamente en dos el contenedor “Rena”, tres meses después de accidentarse ante las costas de Nueva Zelanda, amenazando con una nueva marea negra, según informó la autoridad de navegación nacional.
Y es que pese a que los expertos ya bombearon parte del contenido de los depósitos de combustible después de que el barco quedara varado en un acantilado en octubre, todo apunta a que sigue habiendo crudo dentro del barco. Desde el accidente se había estado temiendo que el carguero pudiera romperse y las fuerzas de rescate ahora temen que se hunda la popa.
El accidente ya es la catástrofe medioambiental más grave en Nueva Zelanda. El “Rena” chocó el 5 de octubre contra un acantilado a unos 20 kilómetros de la ciudad portuaria de Tauranga, vertiendo al mar hasta ahora unas 360 de las 1.700 toneladas de crudo que transportaba el barco y contaminando 30 kilómetros de playa, en los que quedaron atrapadas más de 2.000 aves. Los cooperantes pudieron liberar a 400 pingüinos.
“Aunque las informaciones hasta ahora mostraron que aún no se vertieron mayores cantidades de crudo, la frágil situación del ”Rena“ hace temer nuevas filtraciones”, señaló el director de la operación de rescate, Alex van Wijngaarden.
Un equipo ya se prepara para afrontar la presencia de crudo en el agua y la contaminación de más animales. La primera ola de petróleo podría llegar ya en la noche del domingo a las playas al sureste de Mount Maunganui, un popular lugar de vacaciones en la isla Norte de Nueva Zelanda.
Según la autoridad de navegación naval, se perdieron hasta 300 de los 800 contenedores que quedaban a bordo del barco. Unos 60 son arrastrados por las aguas, mientras e cree que el resto se hundió. “No hay duda de que el barco está gravemente dañado. Los movimientos fuertes rompen muchas cubiertas haciendo que los contenedores salgan de sus compartimentos”, explicó el director de la operación David Billington.
Y no se espera que la situación mejore. La tormenta durará días y es muy probable que la popa se hunda en el mar, afirma Jon Walker, del equipo de rescate. De ese modo, podría dificultar la recuperación del contenedor.
El fuselaje está rodeado de aguas turbias y de toneladas de leche en polvo que se salieron de un contenedor, explicó la autoridad naval al diario “New Zealand Herald”. El carguero transportaba, entre otras cosas, madera, carne, productos lácteos y pieles de animales y parte de ese cargamento ya fue arrastrado a las playas.
Las autoridades advirtieron a otros barcos de la zona de que la tormenta impedía rescatar los contenedores y los restos del barco en Tauranga, uno de los puertos más importantes del país.
El capitán filipino y el oficial de navegación del barco que navegaba con bandera liberiana deben responder en un proceso por el accidente. De momento, fueron puestos en libertad bajo fianza en territorio neozelandés.