Cuenta con apenas un puñado de objetos originales, fotos, documentos, videos de sus películas y sus viajes y los 835 temas grabados por el Zorzal Criollo que se pueden escuchar con el sonido original. Todo en un ambiente minimalista que no llega a los 200 metros cuadrados. Sin embargo, el Museo Casa Carlos Gardel, de Jean Jaures 735, en el corazón del Abasto de Buenos Aires, convoca multitudes. Emociona y deja latiendo el corazón de argentinos y extranjeros que se toman el trabajo de recorrer y escuchar la historia fascinante del artista popular más importante de la historia nacional.
Gardel nació en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890; sin padre a la vista, llegó a Buenos Aires en 1893 con su madre Berta Gardes, de oficio planchadora, para hacer una vida humilde en conventillos y en las rústicas calles de Buenos Aires del 1900. Se hizo de abajo, antes que a cantar, y a tocar la guitarra aprendió el oficio de la supervivencia entre borrachines, pendencieros y prostitutas. El Abasto _donde funcionó por décadas el histórico centro de aprovisionamiento de productos alimenticios frescos, hoy reciclado al formato shopping_ fue su centro de gravedad vital. Y fue el barrio donde compró su primera y única casa, Jean Jaures 735, que funcionaba previamente como prostíbulo y que Gardel mandó a restaurar. Se mudó en 1927, ya cuando su fama se hacía imparable en el mundo entero.
Sin esposa y sin hijos, y de acuerdo a las costumbres de la época, Gardel compró la casa para su madre, con quien la compartió hasta el momento de su muerte. Con todo, su presencia efectiva en el barrio del Abasto fue menguada por largas interrupciones a medida que sus giras internacionales fueron in crescendo. Largos viajes en barco, Estados Unidos, Europa: un año fuera del país fue parte de una rutina inevitable.
Antes de la fama mundial, Gardel se escolarizó hasta tercer grado y luego, la calle, rebusques y, sobre todo, rondar en los oficios técnicos vinculados al mundo del espectáculo.
El ahora museo, en los años 80 fue una tanguería, La Casa de Gardel, con gran suceso de público: allí debutó el Sexteto Mayor y tocó Aníbal Troilo, Pichuco. Luego cerró, cuando el tango declinó el negocio comercial. Y quedó en estado de abandono hasta 1999, cuando el empresario Roberto Eurnekian a instancias a Aníbal Ibarra, entonces jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la compró por 500 mil pesos - dólares, la reformó y luego la donó a la ciudad.
En 2003 se abrió el Museo Casa Gardel, el primero en la Argentina bajo el mantenimiento y cuidado estatal.
Los objetos de Gardel, tras su muerte, no fueron resguardados y se dispersaron por el mundo para quedar en manos de coleccionistas privados. O abandonados y en el olvido. Recién en el siglo actual, con la apertura del museo de la calle Jean Jaures 735, empieza un lento y dificultoso rescate de las huellas del Morocho del Abasto, la mayoría de ellas en manos de particulares, dispersos por el mundo. Ni la mítica guitarra ni el piano de cola que habitó la casa de Jean Jaures están en la Argentina.
El tango y Gardel, en las primeras décadas del siglo pasado, contaban historias de los márgenes de la sociedad, el mundo prostibulario, muy resistido por la Iglesia y las clases cultas del centro de Buenos Aires.
Mucho se especula sobre la vida amorosa del mítico artista argentino. Dejó pocos rastros y demasiado hermetismo. Está acreditado que tuvo una novia eterna, Isabel Martínez del Valle, 17 años menor, que conoció cuando la adolescente tenía 13 años. Pero ese amor fue siempre inconcluso, un amor fallido que sin embargo lo acompañó hasta su muerte.
Gardel murió en el punto más alto de su fama, a los 45 años. Le había exigido —y lo consiguió— a la primera compañía cinematográfica mundial de entonces, la Paramount, el 25 por ciento de las regalías por las películas donde participó.
A esa altura ya era amigo de Charles Chaplin, que incluyó cortos de sus actuaciones en los intermedios de sus películas.
La muerte lo encontró en el aeropuerto de Medellín, el 24 de junio de 1935. Una muerte incompresible, que no puede calificarse como accidente. Su avión —pequeño, de sólo 15 metros de largo, sin presurización en la cabina— carreteando por pista impactó con otro avión de similares características (aunque de otra compañía aérea, alemana, competidora de la colombiana) que también pretendía iniciar despegue. El avión de Gardel tuvo una falla, no alcanzó a despegar e impactó contra el avión alemán. Murieron Carlos Gardel y Alfredo Lepera, y una decena más de personas de ambos aviones.
Gardel fue inicialmente velado y enterrado en Medellín. Luego, a pedido de su madre, doña Berta —que sobrevivió a su hijo hasta 1943—, exhumado y trasladado a lomo de mula hasta el puerto de Buena Aventura, en el Pacífico. En un recorrido épico, lleno de vicisitudes, atravesando pueblo por pueblo, y aclamado por el pueblo. Luego trasladado por el istmo de Panamá, hasta Nueva York, y velado durante ocho días en la principal sala mortuoria de la ciudad, sobre la Avenida de los Inmigrantes.
Desde Estados Unidos, el féretro de Gardel viajó en barco hacia el sur y se detuvo en Río de Janeiro. Allí se organizó un nuevo velorio, sin bajarlo del barco, que se extendió por doce días. El pueblo carioca amaba a Gardel, tal vez porque Alfredo Lepera, letrista y compositor inseparable de Gardel, era nacido en San Pablo, Brasil.
El velorio itinerante continuó y encontró una nueva parada en el puerto de Montevideo. Allí continúa el ritual de despedida bajo un tinglado un puerto uruguayo. Finalmente, el 5 de febrero de 1936, ocho meses después de la tragedia aérea, Gardel llegó a Buenos Aires.
El traslado de Gardel desde el Luna Park —donde fue velado— hasta el cementerio de la Chacarita, unos 8 kilómetros a través de toda la extensión de la avenida Corrientes, fue uno de los tres hechos de masas más conmocionantes y significativo de la historia nacional: solo equiparado con las muertes de Eva y Juan Perón, en 1951 y 1974, respectivamente.
La historia cuenta que la llegada de Gardel, tan postergada, fue producto de una maniobra distractiva del gobierno de Agustín Pedro Justo para encubrir un hecho político dramático, ocurrido en julio de 1935: el asesinato en el Senado de la Nación de Enzo Bordabehere, secretario del senador Lisandro de la Torre, el destinatario de los tres disparos de bala que terminaron con la vida de su colaborador.
El Museo Casa Carlos Gardel abre todos los días con excepción de los martes; se recomienda visitarlo desde las 13 para disfrutar de la guía que ofrece un relato con inagotables detalles de la vida entera del Morocho del Abasto.