Un hombre que intentó embestir con su auto el ómnibus descubierto en el que viajaban la reina Beatriz de Holanda y su familia en un desfile murió a consecuencia de sus heridas, al igual que un policía y otros cinco espectadores del desfile por el Día de la Reina. Hay otras ocho personas con serias heridas.
El hecho ocurrió anteayer en el centro de Apeldoorn, a unos 90 kilómetros al este de Amsterdam. El motivo del ataque perpetrado por el hombre de 38 años, identificado como Karsten Tates, no está claro, pero él confesó antes de morir que su acción fue deliberada. Según el fiscal, el hombre procedía de Huissen, una pequeña localidad a unos 40 kilómetros al sur de Apeldoorn. Había perdido su trabajo en una empresa de seguridad y se iba a mudar.
Ayer, muchas personas dejaron ofrendas florales al pie del monumento De Naald, contra el que el agresor que quería atacar a la familia real se estampó con su coche.
Apenas se puede encontrar otra cosa que simbolice mejor la tragedia lo ocurrido el jueves, en el Día de la Reina, una de las grandes fiestas nacionales de Holanda, que el obelisco dañado, instalado en 1901 en honor de la reina Guillermina y como símbolo de la alianza entre el pueblo y la dinastía de los Orange.
Pero precisamente eso es al parecer lo que llevó a Karsten Tates, de 38 años y desempleado, a actuar de forma delirante el jueves.
Justo frente al palacio real Het Loo, el orgullo de todo holandés patriota, se pasó en apenas unos segundos del júbilo por la fiesta a "un territorio en guerra, una ciudad como en Cercano Oriente". Entre las víctimas hay niños, mujeres y ancianos.
La policía se vuelve a hacer la pregunta: "¿Y qué hubiese pasado si el agresor hubiera cargado su coche con explosivos?".
La respuesta se la puede imaginar cualquiera. El Suzuki negro se aproximó unos metros sobre las 12 al ómnibus sin techo en el que la reina Beatriz y sus animada prole saludaban al público que acudió a ver el desfile. Más de 200.000 personas saludaban a la monarca y su familia en las calles.
En el ómnibus se encontraban saludando a la plebe la reina Beatriz (de 71 años), así como el heredero, el príncipe Guillermo Alejandro (de 42 años) y su esposa argentina, la princesa Máxima (de 37 años). Además les acompañaban hermanas, hermanos, tíos, sobrinos, casi la familia real al completo.
No hubo explosión, pero queda la estremecedora certeza de que podría haber estallado un devastador coche bomba junto a la familia real. A todas luces, el conductor, que falleció ayer por las heridas, quiso atentar contra la familia real, según él mismo llegó a confesar, aunque no albergaba ninguna motivación terrorista. No obstante, los servicios de seguridad se encuentran en alerta máxima.
Y todos los expertos consideran que este Día de la Reina ha sido la última manifestación de un trato informal y abierto entre la monarquía y el pueblo. Una familia real cercana, el orgullo de los holandeses desde hace casi 200 años, queda de esta forma prácticamente anulada.
Sin embargo, la reina Beatriz quiere que las cosas sigan como hasta ahora. Apenas un día después de la tragedia, la monarca explicó que ella y su familia desean continuar con su tradición de apariciones públicas: será el próximo lunes, Día de la Conmemoración Nacional en Holanda, y el martes, Día de la liberación de la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial.
Eso sí, las precauciones de seguridad para ambos actos serán extremas.
Pero ¿qué es lo que motivó a este hombre? Llevaba una vida muy retirada y era solitario. Lo que sí fue siempre es muy ordenado, apunta su casero Sem Bosman. "Además siempre pagó puntualmente", agregó acallando así los rumores que explicaban este arrebato de locura con que estaba sin dinero y había actuado de forma espontáneo por desesperación. Las preguntas se amontonan. Una comisión especial integrada por 250 policías, especialistas en crímenes, psicólogos y forenses. Todo una nación espera sus conclusiones.l