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"El fallo que redujo la condena a un violador es un extremo de discriminación"

La jurista Claudia Levin dialogó con La Capital y se refirió al polémico fallo de la Cámara de Casación bonaerense que rebajó la pena a un violador de un niño de seis años.

Domingo 31 de Mayo de 2015

"Cuando me enteré, pensé que no podía ser cierto, hasta que leí el fallo" (de los jueces Horacio Piombo y Benjamín Sal Llargués), opinó en diálogo con La Capital la santafesina Claudia Levin, secretaria académica de la escuela de formación de magistrados del Poder Judicial de la Nación y experta en cuestiones jurídicas vinculadas a la discriminación.

La jurista, destacada por su labor profesional y académica a nivel nacional e internacional y distinguida junto al Fiscal General Julio De Olazábal como graduada destacada por la Universidad Nacional del Litoral, se refirió al polémico fallo de la Cámara de Casación bonaerense que rebajó la pena a un violador de un niño de seis años, con el argumento que el chiquito tenía "una orientación sexual homosexual y estaba habituado" a los abusos y "ya tiene su sexualidad definida", por lo que se consideró que el delito "no fue tan ultrajante".

"Es realmente un caso extremo y sorprendente", sentencia Levin con vasta experiencia en la problemática de violencia de género y discriminación. Y aclara también que en este complejo universo "la capacitación no es un lugar al que se llega, sino un trayecto que no hay que dejar de recorrer".

—¿Cuál fue su primera reacción cuando se enteró del fallo de la Cámara de Casación bonaerense?

—Se trata de un caso extremo y sorprendente. Cuando leí la noticia, honestamente pensé que no era cierto, ...hasta que leí el fallo. Me parecía increíble que un juez haya podido pensar, escribir y firmar semejante sentencia.

—¿Que sucede en estos casos?

—La vía jurídica es la acusación a estos jueces, frente al Consejo de la Magistratura , en este caso de la provincia de Buenos Aires (por tratarse de jueces provinciales, no federales o nacionales) y la destitución. Es un caso claro (diría extremo) de causal de destitución de magistrados por mal desempeño.

—¿Pero más allá de las sanciones, cómo debe encararse puertas adentro del Poder Judicial esta problemática para prevenir estos casos?

—Creo que en las conductas discriminatorias, en este supuesto dentro del Poder Judicial, se puede hacer una distinción que por tener características distintas también requieren de diferente respuesta jurídica. Por un lado tenemos conductas expresamente discriminatorias, que son decididas como tales, en este caso por los jueces. Por otro lado tenemos también actos discriminatorios, no tan notorios y que son realizados sin siquiera advertir que estamos frente a una discriminación. El primer caso se basa en una decisión, en el segundo en falta de visibilidad. Son casos diferentes que deben ser abordados de diferente manera. En el primero, como este ejemplo extremo del fallo de los jueces Piombo y Sal Llargués, la vía jurídica es la destitución. En el segundo caso, se trata de pequeños actos, gestos y hasta lenguaje discriminatorios, pero que son cometidos sin advertir que su impacto es la discriminación, creo que el camino es la visibilidad de la problemática y su abordaje desde la capacitación. Lo que no obsta que si corresponde también puede ser causal de sanciones disciplinarias o remoción.

—¿También debe analizarse la cuestión desde su raíz ideológica para evitar esa naturalización que usted remarca?

—Muchas veces lo que sucede cuando los talleres y ámbitos de reflexión son optativos es que terminan asistiendo los que están más sensibilizados, entonces hay que ver cómo llegar a un espectro más amplio que no está ideológicamente convencido de la discriminación, pero no visibiliza actos que lo constituyen. Yo diría que es la menor proporción aquellos que tienen incorporadas y decididas conductas discriminatorias y para ello hay un remedio que es la remoción.

—Otro tema muy preocupante es la violencia de género que ha generado campañas como Ni una menos y sin embargo los crímenes y ataques a mujeres no parecen disminuir.

—"Estas campañas aportan la toma de conciencia de la existencia de este flagelo, la necesidad de una legislación adecuada y de políticas de estado sostenidas en el tiempo. Se debe comprender que estos casos también se nutren o comienzan con pequeños actos como el lenguaje, los gestos, que se van aceptando, naturalizando y pueden llegar a la muerte. Una vez más, no se debe aceptar el mas mínimo acto de violencia o discriminación y adecuar la legislación y las estructuras del Estado para prevenir y en su caso reaccionar a tiempo.

—¿Los actos discriminatorios son difíciles de percibir sin una toma previa de conciencia?

—"Es así. Las grandes catástrofes de la historia en términos de discriminación no sucedieron de pronto. Estas calamidades empezaron con pequeños actos que se fueron naturalizando y tolerando por la sociedad que los fue aceptando e incorporando hasta llegar a lugares que vistos en perspectiva parecen increíbles. Por eso en la problemática de la discriminación hay que estar alertas, no se puede consentir el más mínimo acto de discriminación. De hecho la Alemania nazi no empezó con lo que conocemos como holocausto, sino que empezó con conductas que la sociedad fue tolerando, como cerrar negocios, prohibir la asistencia a determinados lugares o usar distintivos, y así fueron avanzando hasta llegar al horror. Por eso, debemos estar siempre alerta, nos tenemos que preparar para resistir el mas mínimo acto de discriminación y para eso nos tenemos que formar. La capacitación no es un lugar al que se llega, sino un trayecto que no hay que dejar de recorrer.

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