El Congreso estadounidense tuvo su primera audiencia sobre inteligencia artificial. El invitado fue Sam Altman, fundador de OpenAI, la creadora de ChatGPT, el bot de uso masivo desde que se lanzó en noviembre pasado y que está causando preocupación entre muchos profesionales por su efecto sobre el empleo. Ante miembros del Comité Judicial, Altman fue categórico: pidió una actuación urgente para “regular la inteligencia artificial, y que esas normas garanticen que el público acceda a los muchos beneficios de esta tecnología”. Y agregó una frase inquietante: "Mi peor miedo es que esta tecnología salga mal. Y si sale mal, puede salir muy mal”. Por este temor pidió un mecanismo para detectar cuándo una IA puede autorreplicarse, algo que supondría un peligro existencial para la humanidad.
Altman, a diferencia de otros empresarios del sector, mostró desde el inicio sus preocupaciones por el potencial peligro que tiene la Inteligencia Artificial. Añadió que comprendía que la “gente esté ansiosa por cómo la IA puede cambiar la forma en que vivimos. Pero creemos que podemos y debemos trabajar juntos para identificar y gestionar las posibles desventajas para que todos podamos disfrutar de las tremendas ventajas” que conlleva.
Entre ellas, citó el modo en que la IA podría “ayudar a lograr nuevos descubrimientos y a abordar algunos de los mayores desafíos de la humanidad, como el cambio climático y la cura del cáncer”. También recordó que OpenAI, que ha registrado un meteórico ascenso empresarial en solo unos meses, es una “entidad sin ánimo de lucro” y que él no cobra “más dinero que el suficiente para cubrir la seguridad social”, ni tiene acciones de la compañía. “Es simplemente porque amo lo que hago”. Esto resulta totalmente creíble observando a Altman. Ayer por primera vez se lo vio de saco y corbata para concurrir a la solemne sesión en el Congreso. Suele andar de remera, jeans y zapatillas. Pero mientras él no tiene ambiciones de dinero, otros sí: Microsoft invirtió 10 mil millones de dólares en OpenAI y está explotando abiertamente las habilidades de ChatGPT para potenciar su buscador Bing. Este es el eterno perdedor frente a Chrome, de Google. A su vez, el gigante de los buscadores se quedó atrás en la carrera de los bots de IA "generativa" o "conversacional", como ChatGPT. Se apuró a sacar a la cancha a su propio chatbot, Bard, pero debió retirarlo apresuradamente luego de que cometiera errores groseros durante su presentación pública.
Altman también discutió sobre los mayores desafíos que su revolucionaria herramienta traerá para el futuro del trabajo, en los modos en los que su uso irresponsable puede afectar en la difusión de desinformación, en los resultados de las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos o en el trabajo de las industrias creativas. Los guionistas de Hollywood, actualmente en huelga, señalan el uso de ChatGPT por parte de los estudios para hacer borradores de guiones, por ejemplo, así como para crear ilustraciones basándonos en el robo de originales que no pagan.
“Esta audiencia está siendo histórica”, dijo tras escuchar las primeras conciliadoras respuestas de Altman el veterano senador Dick Durbin (Illinois), presidente de la comisión. “Perdí la cuenta de la cantidad de personas y entidades del sector privado que se presentaron aquí para tratar de hacernos creer que la economía prosperaría si los legisladores nos quitábamos de en medio”. Altman echó por tierra con ese planteo al pedir él mismo regulaciones severas.
Altman fue un poco más allá: “Estados Unidos debe ser el primer país en hacer algo. Pero creo que, por muy quimérico que suene, también opino que esto debería ser también un esfuerzo de alcance global”. Abogó por crear una organización internacional que establezca estándares para la IA, al estilo de cómo se ha hecho con “las armas nucleares”. Nada menos.
A su lado se sentaron la ejecutiva de IBM, Christina Montgomery, que pidió a los legisladores que fueran específicos en su regulación (”no es lo mismo que la tecnología se emplee en ayudar a elegir este o aquel restaurante o que se haga para tomar decisiones sobre empleo o vivienda”, advirtió), y Gary Marcus, de la Universidad de Nueva York, que aportó los puntos de vista más críticos y describió “una tormenta perfecta de irresponsabilidad corporativa, penetración extraordinaria y falta de regulación y de confianza. La humanidad está yendo por detrás esta vez”, alertó.
Los tres coincidieron con los legisladores en la importancia de no cometer “los mismos errores” que con las redes sociales. “Actuamos muy lentamente. Muchas decisiones desafortunadas tuvieron consecuencias duraderas”, dijo Marcus. “Las decisiones que tomemos ahora tendrán efectos durante décadas, tal vez incluso siglos”. Marcus sugirió crear una agencia federal, del tipo de la FDA (que controla los medicamentos) para establecer un examen previo de las nuevas herramientas de IA y otra que haga un seguimiento posterior una vez estén en el mercado, así como la creación de maneras de financiación para intervenir en la investigación.
La primera propuesta de Altman coincidió en la necesidad de crear una agencia que dé y quite licencias a las empresas de IA, y que garantice “el cumplimiento de las normas”. La segunda sería crear “un conjunto de estándares de seguridad”. La tercera, “crear protocolos para descubrir cuándo un modelo es capaz de replicarse a sí mismo”. Este temor, que parece tomado de la ciencia ficción, es según los expertos uno de los mayores desafíos de la IA para el futuro de la humanidad. Podría ser un Armagedón tecnológico.
Algunos senadores subrayaron el hecho de que Chat GPT haya conseguido 100 millones de usuarios en pocos meses. El demócrata Richard Blumenthal (Connecticut) reprodujo un audio que imitaba su voz, creado por la herramienta tecnológica de moda. Marsha Blackburn (Tennessee) explicó que durante el fin de semana había pedido a la máquina que inventara una canción del artista de country Garth Brooks, mientras que Amy Klobuchar (Minnesota) descubrió con gran “agrado” que a la pregunta de cuáles son los tres mejores músicos de la historia, obtuvo de ChatGPT una respuesta que incluía a dos nacidos en su Estado: Prince y Bob Dylan.