En cambio, otros cánceres que afectan a las mujeres cisgénero, varones trans o personas no binaries, como el cáncer de mama, sólo puede ser objeto de prevención secundaria porque "lo podés detectar precozmente pero no evitar que aparezca", afirmó la jefa del departamento de Oncología del Instituto Raffo, Valeria Cáceres, en declaraciones a Télam.
Según el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos, "hasta el 93 % de los cánceres de cuello uterino se podrían prevenir con las pruebas de detección y la vacuna contra el VPH" por lo cual "ninguna mujer debería morir a causa de esta enfermedad".
"El cáncer del cuello de útero sería el primer cáncer erradicado, dadas estas características, y, para ello, será necesario hacer un esfuerzo básicamente en el ámbito de la salud", agregó Tatti, quien además es profesor titular de la primera catedra de Ginecología del Hospital de Clínicas.
A su turno, el coordinador del área psicosocial de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), Carlos Silva, aseguró que, "en el caso de las lesiones precancerosas, la curación es del 100%" siguiendo el tratamiento indicado" y señaló que incluso "el carcinoma in situ, es decir, el que no da metástasis, es curable con cirugía".
La buena noticia -indicó- es que "tiene una frecuencia cuatro veces mayor que el cáncer invasor", más agresivo.
La posibilidad de erradicar el cáncer de cuello de útero se debe al hecho de que en el 97% es consecuencia del VPH, un virus de transmisión sexual con el que el 80% de hombres y mujeres van a haber tenido contacto dos años después de haber iniciado las relaciones sexuales, pero "en la mayoría de los casos, el sistema inmune lo resuelve y el virus desaparece como apareció" sin producir un tumor, explicó Silva
"Menos del 3% de los casos de cáncer de útero se deben a otras causas que no sean la infección con el virus del papiloma humano, y, en los casos en que están ligados al VPH, este virus puede estar latente muchos años y en un momento en que la inmunidad disminuye, generar lesiones que, no diagnosticadas y tratadas a tiempo, derivan en cáncer de útero", apuntó Cáceres.
"Pero desde una lesión inicial, a veces pueden transcurrir hasta 10 años para que se desarrolle un carcinoma porque, primero, las células se inflaman, empiezan a crecer y generar lesiones que podés ver perfectamente a través de un PAP e identificar antes que se transformen en un tumor", agregó.
Los tres especialistas, por otro lado, aseguraron que ya está totalmente saldado el debate sobre la seguridad y eficacia de la vacuna en favor de ésta.
"La toxicidad que pueden tener es muy baja y cuando medís costo/beneficio, no cabe duda que los efectos adversos son poco frecuentes frente a la frecuencia de enfermedades letales que consigue evitar", dijo Silva.
Cómo es la estrategia de vacunación en Argentina
En la Argentina, la estrategia de vacunación consiste en una primera dosis para chicos y chicas de 11 años y una segunda dosis con un intervalo mínimo de seis meses, y su aplicación "es independiente de haber iniciado o no las relaciones sexuales" aunque "el momento óptimo de aplicación es antes del primer contacto sexual, por la respuesta inmunitaria y la falta de contacto con el VPH", explicaron.
De los más de 150 variantes del VPH, estas vacunas previenen la infección con las cepas 16 y 18 que son responsables del 70% de los casos de cuello de útero.
"Argentina no fija un límite de edad para la aplicación de la vacuna, pero si la persona dejó pasar la edad indicada la puede recibir igual de manera gratuita. Pero, por encima de los 15 años, tiene que recibir tres dosis: 0, 60 y 180 días", explicó Tatti.
Debido a que hay un 30% de los cánceres de útero que son producidos por cepas que la vacuna no cubre y que un 3% de los casos la enfermedad se produce por causas diferentes al VPH, los tres especialistas fueron muy enfáticos en señalar que la vacunación no exime a las mujeres, varones trans o personas no binaries de realizarse los controles ginecológicos anuales.
Cuando el VPH no es responsable de la enfermedad, Tatti explicó que las causas "pueden ser mutaciones genéticas, y también algo que está en estudio, las disbiosis vaginales, que son la modificación anormal del flujo genital que causa inflamación permanente y alteración de la respuesta inmune, por intervención de un germen que es la gardenella vaginalis y algunos lactobacilos".
Silva explicó que "antes de que existiera el control periódico" –que incluye papanicolau, colposcopía y, en algunos casos, test de VPH- "las lesiones tempranas eran difíciles de encontrar", pero que una vez que se diagnostican a través de estos métodos, tienen altas probabilidades de curación y sobrevida.
De hecho, en Estados Unidos las muertes se redujeron drásticamente entre 1975 y 2018 (de 5 a 1,8 cada 100 mil mujeres) y más del 50 % de todos los nuevos casos de cáncer de cuello uterino se dan en aquellas personas que nunca se han hecho las pruebas de detección o que no se las hicieron durante los 5 años anteriores.
Más novedosos son los test de VPH que, para Tatti, "la tendencia es que en el tiempo reemplacen al PAP".
Mientras que el papanicolau consiste en el raspado de las células del cuello del útero para detectar anormalidades, "el test te dice quiénes son positivos para VPH" y el tipo de cepa, "y la colposcopía permite visualizar el cuello del útero para detectar en qué parte del tracto genital inferior puede haber una lesión precancerosa".
"Si el test dice que sos portador (de las cepas que pueden producir cáncer) eso no quiere decir que vas a desarrollar cáncer sino que hay que hacer controles anuales y, en cambio, si no sos portador, podés hacer PAP cada tres años", dijo Cáceres.
Tatti explicó que estos test ya se utilizan en los hospitales públicos de 8 provincias y 8 municipios del AMBA, "como forma rutinaria a través de la distribución que efectúa el Ministerio de salud y el Instituto Nacional del Cáncer", ya que no forman parte del PMO.