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Científicos resolvieron el asesinato de un hombre cometido hace unos 5.000 años

Un estudio realizado por investigadores españoles logró determinar qué tipo de objeto produjo la lesión craneal.

Jueves 10 de Diciembre de 2020

Un grupo de investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de la Universidad Rovira i Virgili (URV) y de la Universidad de Barcelona (UB) resolvió el asesinato de un hombre cometido hace aproximadamente cinco mil años.

Fue en 1999 cuando un grupo de arqueólogos encontró un cráneo de un hombre de unos 50 años en el interior de la Cova Foradada, en la localidad de Calafell, en Tarragona. El mismo presentaba una notable fractura. Según indicó el diario ABC, los restos formaban parte de un enterramiento colectivo del Neolítico Final-Calcolítico, de entre 5.060 y 4.400 años.

Según explicaron los investigadores, los traumatismos observables en el esqueleto humano constituyen la evidencia más clara de la cantidad y nivel de los episodios de violencia interpersonal. Los mismos son documentados con frecuencia desde el período Paleolítico, aunque es desde el Neolítico cuando este comportamiento se incrementó exponencialmente.

Si bien es difícil determinar qué tipo de objetos se utilizaban, los golpes con objetos contundentes, impactos de proyectiles o marcas de corte son algunos ejemplos de las lesiones vinculadas a esos violentos encontronazos.

El autor principal del artículo publicado en el "International Journal of Paleopathology", Miguel Ángel Moreno-Ibáñez, explicó que la clave se encontraba en el patrón de la fractura. Analizada tanto con lupa binocular como con una microtomografía computarizada (micro-CT), se encuentra en el parietal derecho y no muestra ninguna evidencia de curación.

"Las fisuras en disposición radial, algunas de ellas con una considerable apertura, la descamación interna y los ángulos de fractura agudos nos informan de que se trata de un traumatismo perimortem, es decir, en torno al momento de la muerte del individuo", destacó Moreno-Ibáñez.

Crani de fa uns 5.000 trobat a la Cova Foradada

Además, los investigadores descubrieron que el hombre registraba dos lesiones antemortem, una en el occipital y la restante en el temporal derecho, completamente curadas, y una fractura postmortem en la zona inferior del occipital. Por lo tanto, en este mismo cráneo es posible observar la diferencia entre traumatismos antemortem, perimortem y postmortem.

El investigador aseveró que los traumatismos craneales son de un interés particular de estudio, ya que "la cabeza constituye el objetivo principal cuando la intención es matar al individuo, por lo que frecuentemente este tipo de lesiones están asociadas a la causa de muerte".

Un objeto contundente y letal

"El patrón de fractura resultante -abundó el científico- indica que se usó un objeto contundente con un filo recto y apuntado, como las hachas y azuelas de piedra pulimentada".

El haber podido identificar el punto de impacto en la fractura craneal permitió inferir que el hombre había sido asesinado con un martillo escoba de capintero.

Moreno-Ibáñez incluso afirmó que, conociendo el lugar y el grado de destrucción del cráneo, se pudo determinar que el golpe letal fue provocado desde la espalda del individuo, probablemente por un agresor que era diestro, y resaltó que "una porción de hueso quedó ligeramente hundida hacia dentro en respuesta a la presión externa", por lo que se debió realiza un movimiento de palanca para extraer la azuela.

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