Bienvenidos al "enchastre"
Con 44 años de trayectoria, La Osa Gregoria decidió reconvertirse en cooperativa en 2016, aún cuando la pandemia no estaba en los planes de nadie. La premisa era subsistir y seguir con su misión pedagógica que comenzó en 1982 a acompañar los primeros pasos de niños y niñas desde una mirada integral, con fuerte impronta barrial, para que las infancias puedan disfrutar del juego con tierra, barro, arena y naturaleza.
"Nos reconvertimos en cooperativa para poder subsistir y trabajar en blanco, ya que muchos años no pudimos funcionar porque no se nos permitía. Tampoco queríamos cobrar una cuota muy cara que se transforme inaccesible para el barrio ni queríamos convertirnos en escuela privada, como pasó con muchos jardines", reseñó la cineasta y docente Lucrecia Mastrángelo, una de las fundadoras del jardín de zona norte, en declaraciones a La Capital.
Asegura, además, que esta nueva forma de sobrevivir fue la llave para "no dejar en banda" a las familias, seguir formando docentes y brindar ese tipo de paradigma pedagógico inspirado en las hermanas Cossettini y María Montessori, entre otros.
"Fuimos inspiradas mucho en las hermanas Cossettini, Montessori para proponer un método de exploración en formato de talleres de juegos simultáneos, donde el niño puede elegir como si se tratara en una gran Isla de los Inventos, ya que es ahí donde se produce el aprendizaje y luego no se prolonga en las escuelas. Por eso el único éxito nuestro fue respetar los derechos del niño, la importancia pedagógica de jugar con las manos para promover el «enchastre». Tenemos huerta, espantapájaros, de todo, porque consideramos que se necesita volver a la naturaleza", sostuvo.
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En ese marco, aseguró que tomar otro camino implicaba entregar conquistas pedagógicas y también se transformaría en elitista. "Pese a que cada vez costaba más mantener el espacio, nos seguíamos manteniendo como podíamos. Siempre las dueñas en sala hacíamos todo, nos fuimos agrandando en cantidad de chicos y así lo decidimos porque la cooperativa nos pareció la forma más justa y solidaria para todos", evaluó.
En ese contexto, destacó que no cobran inscripción, sólo una cuota de materiales tres veces al año y resuelven las compras de materiales y alimentos de forma cooperativa como una política general colaborativa.
"El uniforme lo hacemos estampar con algún buzo que traiga la familia con lo que pueda. Tratamos que el docente tenga remuneración acorde porque esto no se hace de taquito. Se trata de resistir siempre de algún modo", resumió.
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El cuerpo institucional se compone de diez docentes, una psicóloga, profesores de educación física, y se dividen tareas en administración y coordinación pedagógica, con jerarquías de antigüedad tal como funciona una cooperativa formal.
"Hacemos cortes de calle para salir a jugar a la vereda y compartir con las familias, ya que muchos padres fueron alumnos de La Osa Gregoria. La pandemia ha significado un cambio en los vínculos y con la irrupción de la tecnología se perdió el juego manual y al aire libre", completó Mastrángelo.
Jardines, la pandemia y después
La pandemia hizo estragos y uno de los espacios castigados por el aislamiento preventivo fueron los jardines de infantes. Así surgieron otros proyectos cooperativos entre maestras jardineras ante cierre inminentes.
Inspirados en el jardín céntrico Pepe Pío, que funciona como cooperativa desde hace muchos años, desde el espacio Capullito, también ubicado en el centro, decidieron, en marzo de 2022, seguir ese camino para sostener los puestos de trabajo y la pasión por las infancias.
"Nos formamos como tal después de pandemia, ante la necesidad de seguir trabajando, ya que nuestra empleadora quiso cerrar el jardín por la imposibilidad de sostener los costos. Buscamos alternativas y surgió a partir del jardín Pepe Pío, que ellos son cooperativa desde hace años", reseñó Ana, docente de Capullito.
Sin saber de qué se trataba la constitución de una cooperativa formal, el cuerpo de seis docentes se asesoró de forma legal y comenzó el proceso para continuar con el espacio, en Entre Ríos al 1400.
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"Más allá de que somos una cooperativa de trabajo, no deja de ser una institución educativa. La pospandemia nos llevó a a tener que buscar de qué manera de seguir para preservar nuestra fuente de trabajo. Es un trabajo muy arduo, de mucho aprendizaje, por eso estamos muy orgullosas del jardín que tenemos y de todo lo que hemos logrado en este tiempo", valoró.
A jugar
En ese marco surgió, para citar por caso, Mundo Infantil, un espacio ubicado en 3 de Febrero al 900. Funcionan en cooperativa desde septiembre del año pasado, cuando las dueñas del jardín anunciaron a las maestras jardineras que ya no podían continuar al frente del espacio por cuestiones económicas.
"Nosotras somos seis docentes con mucha antigüedad. Las dueñas nos comunicaron que podían seguir manteniendo el espacio, que las opciones era cerrar o seguir adelante por nuestra cuenta, por eso decidimos formar una cooperativa para evitar quedarnos sin trabajo", contó Jésica, una de las maestras del lugar.
En tanto, detalló: "Venimos remándola porque tuvimos que ponernos con refacciones ya que al espacio le faltaba mantenimiento. El año pasado hicimos una compra de elementos, este año realizamos otra. Y este año también nos enfocamos en la infraestructura".
En ese marco, destacó que "las familias que decidieron continuar en Mundo Infantil, que fueron la mayoría, están muy agradecidas. Nadie lo tomó a mal, todo lo contrario". Es por eso que las docentes aseguraron no ser partidarias de elevar demasiado la cuota porque "a las familias se les hace difícil" sostenerla.
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El jardín recibe a niños y niñas de entre 45 días y 3 años. Cuenta con 35 chicos, cuatro salitas y turnos mañana y tarde.
"Hacemos todo lo que lo que haga falta y nos distribuimos las tareas. Algunas nos encargamos de lo administrativo y otras se encargan de otras cuestiones, pero todas nos encargamos de los temas pedagógicos y de los chicos, porque cada una tiene su sala y su grupo de niños", comentó Jésica respecto a esta nueva forma de administrarse como propietarias del espacio, que ya tiene un año.
La docente reflexionó que, en ese recorrido, aprendieron muchas cosas en base a errores y aciertos, pero aseguró que a todas las docentes les resulta "una manera muy enriquecedora de trabajar así".