Santa Fe.— Juan Carlos Correa llegó el martes a la tarde a realizar su
apuesta diaria en la agencia de quiniela Nº 16.001/19 en Aguado 2547, corazón de Santa Rosa de
Lima. Miró una de las paredes del negocio y vio la imagen de Jesucristo. "No lo podía creer, lo
comenté con unos vecinos y juntos dijimos que era cierto". La necesidad de milagros suele ser tan
fuente que al momento, esa imagen se convirtió en un santuario.
Lo más curioso es que cuando Correa empezó a averiguar de qué se trataba y le
preguntó a Mónica Luna —la dueña del negocio— descubrió que se trataba del orín de un
perro callejero. "Cuando llegué a trabajar lo vi y dije «después lo lavo» y al final con tanto
trabajo lo dejé así", dijo la comerciante. Y Juan Carlos agregó: "Creí que se borraría, pero
pasaron los días y nunca se secó del todo. La imagen está ahí para que todos la apreciemos, es una
bendición para los vecinos de la zona".
La puerta del comercio está repleta de gente todo el día, ahora todos se apuran
a jugar el 33, la edad de cristo al morir. "Sí, lo quiero jugar porque para mí esto es una señal",
dijo una vecina. "Aproveché y le prendí unas velas", agregó otra. "Se ve clarito", explicó un
parroquiano. "Es un milagro", gritaban todos.
"Perros callejeros hay muchos por acá, realmente no sabemos cuál habrá sido",
decían los vecinos de Santa Rosa, que fue castigada por la inundación de abril de 2003 y del 2007 y
aún conserva huellas de ese desastre.
"Siempre hay humedad en las paredes y la verdad es que no me había dado cuenta
de lo que se trataba. Después el rumor se esparció por todo el barrio y la gente se acercó a rezar.
Me parece que es una señal de Dios por todo lo que sufrimos", dijo Mónica Luna.
La comerciante afirmó que el milagro económico también golpeó sus puertas porque
su recaudación creció desde que la imagen apareció en la pared. "La verdad es que fue una gran
ayuda", dijo.
Fue un día diferente, porque ninguno dejó de perderse la oportunidad de
acercarse a observar el retrato milagroso y hasta sacarle fotos.
Los más chicos corrían por el lugar, las madres y abuelas encendían velas como
señal de fe, los hombres se acercaban para comprobar el misterio. De a poco y con la repercusión
que tuvo en los medios, el lugar se fue convirtiendo en un pequeño santuario.
La necesidad de creer es tan grande que en ese momento todos se preguntaban si
un milagro había llegado a Santa Rosa de Lima o sólo se trató de una curiosa coincidencia.
Informe: Diario UNO Santa Fe.