Como el doctor Jekill y mister Hyde. El peluquero rosarino Gastón Luque, de 35 años y 13 viviendo en Funes, trabaja de día en su coqueto local de Gustavo Cochet al 1900, en el barrio Industrial del jardín de la provincia, y por la noche o los fines de semana da paso a Lucy Pop, el personaje en el que se transforma como drag queen durante la actuación, un hobby profesional que desarrolla desde los 17 años, casi en paralelo con su oficio de peluquero.
Cabello corto, bigotes, ojos claros, traje verdecito, polera y zapatos negros, cadena de plata, un aro expansor en la oreja izquierda acompañado por otros de plata hasta en la nariz y un anillo de plata y ónix negro. Gastón sorprende por sus generosos tatuajes, entre los que se destaca uno de su musa inspiradora, la cantante estadounidense Lana del Rey, que la tatuadora funense Gisel Ippoliti grabó en su espalda.
-¿Cómo empezaste tu carrera como peluquero?
-Empecé a los 17 años, un día que mi viejo me levantó de la cama y me anotó en un curso de peluquería. A los 18 entré a trabajar en lo de Germán Chiarotti, donde estuve tres años en los que aprendí mucho, mientras también trabajaba como colorista en Loreal París y hacía trabajos a domicilio.
-¿Cómo y cuándo empezó a gustarte la actuación?
-A los 17 años arrancó todo. Primero con las pelucas y después con alguna que otra actuación en shows privados. Empecé a trabajar con Gabriela Victoria, una peluquera de Liniers y Marcos Paz, en Rosario. Me gusta mucho hacer una recreación de un artista. Empecé con los dibujitos, sobre todo me gusta hacerlo en la música.
-¿Cuál es tu cantante favorita?
-Hoy es Lana del Rey, de California, una hija de estadounidenses que desarrolla la cultura latina.
-¿Cómo empezaste en la actuación?
-A los 17 años estaba en pareja con Cristian Rocca, que era 18 años mayor, quien creó mi personaje: Lucy Pop.
-¿Por qué Lucy Pop?
-Porque en esa época estaba de moda Luciana Salazar, que hacía un personaje llamado Luly Love, fue una recreación de ese personaje. Ahí empecé a trabajar los domingos en (el exbar) Rojo, donde me llevó mi expareja. En Rojo trabajé la primera vez con Carla Valeria, la primera maestra de matemática trans, quien decía que era su pupila: “Vos, pupila, vas a aprender comigo”. Ahí hacíamos “Grandiosas del humor”, un music hall con bailarinas, cantantes y humoristas. Ahí quise hacer Lucy Pop y entré como vedette, en la obra más importante de 2019 con Maru Barbieri, la prima de Carmen Barbieri.
-¿Trabajaste en La Rosa, el bar con shows del Indio Blanco en Pichincha?
-Sí, pero no en la prostitución. La Rosa tenía una estética increíble, había un ataúd doble en la entrada donde se podía tener sexo, con mesas que eran lápidas. A los 18 años conocí al Indio Blanco en La Rosa, donde yo trabajaba como coordinador de 17 chicas hasta el día que un supermercado inauguró una sucursal y cayó el gerente de Buenos Aires con dos o tres tipos. El tipo estaba muy alegre y como vimos que tenía mucho dinero lo invité a tomar una copa con una chica, pero les dijo a los otros que se fueran al hotel y lo dejaran y que no quería a ninguna chica sino a mí. Yo estaba en pareja y no quise saber nada, pero apareció la rubia que era pareja del Indio, quien me quiso obligar a salir con el tipo, cosa que no acepté, discutimos y me fui.
-¿Sos un obsesivo por la estética tanto en tu oficio como en tu hobby?
-Sí. Me gusta mucho lo vintage, soy apasionado por los dorados -me gusta el oro-, el color negro en invierno, las pelucas.
-¿Cómo definirías lo vintage?
-Es algo antiguo que trascendió a la época y es a la vez estético.
-¿Cómo aplicás lo vintage en tus actuaciones?
-Mis performances son todas muy antiguas: Liza Minelli y Marilyn Monroe son las primeras. Y después también hago a Edit Piaf, a Sher y a Tita Merello.
-¿Qué te cautivó de Tita Merello?
-Primero leí una biografía y después me encantó cómo hablaba, su vida en la que se sacrificó un montón. Me gustó la última entrevista que le hicieron en Crónica, cuando tenía 90 y pico, una semana antes de morir.
-¿Qué tienen en común la peluquería y la actuación?
-Las pelucas. Tengo un alter ego desde que creé a Lucy, que me cambió la vida y me ayudó. La peluquería es mi cable a tierra y en la actuación muchas veces fui un conejito de Indias. Ambas se unen por el pelo. No puedo salir sin peluca. Me encanta, me cambia mucho.
-Fontanarrosa decía que el gran problema que no pudo resolver la humanidad es la calvicie.
-Pero existen las pelucas.
-¿Por qué viniste a trabajar a Funes?
-En 2011 trabajaba con Chiarotti en Rosario, pero mi idea era abrir un local. Vine a un casamiento a hacer un show y conocí a Graciela, la mamá del novio, quien administraba el Paseo Alberdi, donde había quedado un local vacío. Yo tenía 21 años, vine a verlo, era superchiquito. Me acuerdo que me costaba 1.300 pesos el alquiler, venía en el colectivo Las Rosas y tenía miedo porque no conocía a nadie, pero de a poco conocí a gente relinda en la galería como Fernanda Di Rito, que tenía un local de ropa deportiva, y Gonzalo, el de las pastas, con los que nos hicimos amigos y volvíamos juntos en el colectivo. Trabajábamos con Erna, una chica de Roldán, y con Celes, mi hermana, hasta que la galería me quedó chica. Ahí estuvimos tres años y acá hace 10. Me encanta Funes, no me voy más.
-¿Quiénes son tus clientas?
-Mi público es muy amplio: desde chicas adolescentes de la secundaria hasta mujeres de más de 80, porque en Funes la mujer es longeva. Por lo menos acá, en el barrio Industrial, donde viven los italianos y sus descendientes. La peluquería es mi vida. Mis clientas son mis psicólogas. Tocar el pelo me relaja.
-¿Gisel Ippoliti te hizo el tatuaje de Lana Del Rey en la espalda?
-Sí, Gise me hizo el 80% de los tatuajes. Es una genia. Me encanta porque escucha rock pesado, pero la ves y es un unicornio. Pegué muy buena onda, no nos vemos muy seguido pero somos muy amigos. Con Gise experimento mucho en los colores porque viene y me dice: “Haceme lo que quieras”.
-¿Este berretín por la estética se refleja en tu oficio?
-Sí, me gusta innovar con el corte y también con los colores, siempre dentro de la personalidad de la clienta.
-¿Qué es más dificil: cortar el pelo o actuar?
-Que te saquen fotos.