Con el apoyo de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), de América Latina y el Caribe , Partnership for Action on Green Economy (PAGE) y en trabajo conjunto desde FNGA (Fundación Nueva Generación Argentina) y el Sindicato de Luz y Fuerza Rosario, se realizaron una serie de capacitaciones de "Gestoras energéticas", con el objetivo de brindar nuevas herramientas a las mujeres para achicar la brecha de género en el rubro de la energía.
En dicha oportunidad se convocaron a mujeres del sector industrial, del sector empresarial y del residencial para poder primeramente trabajar de una manera introductoria los conceptos de eficiencia energética y gestión de la energía; pero a su vez, brindarles herramientas para la detección de oportunidades de mejora y puntos de ahorro de energía en los principales procesos y equipos de la industria y otorgarles las herramientas necesarias para la aplicación de energías renovables.
La elección de trabajar en la capacitación de mujeres, se debe a que históricamente han estado subrepresentadas en el sector energético. La formación de Gestoras Energéticas ha buscado entonces equipar a las mujeres con las herramientas necesarias para desempeñarse de manera efectiva en roles relacionados con la eficiencia energética y las energías renovables. Ello es sumamente relevante porque según el último informe de International Renewable Energy Agency (IRENA) sobre género y energía, en renovables hay un 32% de participación de mujeres, muy superior al sector de hidrocarburos con un 22%. En particular en solar fotovoltaica, hay una participación del 40%. Se podría decir entonces, que la energía renovable, como sector más joven y dinámico, representa una oportunidad de cambio que Argentina no debería desaprovechar.
Cabe destacar también que, de acuerdo a un reciente informe del BID “Género y Energía en Argentina: La participación de las mujeres en el sector de generación eléctrica”, una de las principales barreras para introducir a las mujeres en el mundo de la energía es la falta de capacitación, por falta de incentivos y modelos a seguir. Como resultado de estos estereotipos las potenciales empresas empleadoras pueden considerar que las mujeres no tienen las habilidades necesarias.
Para que las mujeres puedan acceder a la fuerza laboral la primera condición es que tengan la preferencia de hacerlo, sin embargo, tener la disposición y las aspiraciones no es suficiente, ya que existen otros factores que impactan en su participación (OIT, 2017). Entre las principales barreras que enfrentan las mujeres para acceder a la fuerza laboral se encuentran las normas sociales, la adecuación a los roles de género y su contribución desproporcionada en cuanto a responsabilidades de cuidado no remunerado y tareas del hogar (OIT, 2017). Las normas sociales y los estereotipos de género afectan a las niñas desde temprana edad al limitar sus opciones y moldear sus preferencias en cuanto a áreas de estudio y actividades bajo la premisa de que algunas áreas o actividades son más adecuadas para mujeres y otras para varones. Falta de modelos para seguir. Esto, unido a las expectativas de personas adultas de referencia (padres, profesores, mentores, entre otros).
A su vez, es fundamental destacar que la energía es un factor clave para el desarrollo sostenible. La transición hacia un modelo energético más sostenible y limpio es crucial para abordar la crisis climática y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Para lograr estos objetivos, es necesario promover la eficiencia energética y fomentar el uso de energías renovables.
Es cierto que para llevar adelante una transición energética no puede dejarse de lado las complicaciones laborales que acarrearía la misma, vale decir, según el reciente informe “El empleo en un futuro de cero emisiones netas en América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo y Organización Internacional del Trabajo”, en la transición hacia una economía de cero emisiones netas se destruirán 7,5 millones de empleos en la electricidad a partir de combustibles fósiles, la extracción de combustibles fósiles y la producción de alimentos de origen animal para 2030. Sin embargo, nuevas oportunidades de empleo compensarán con creces dicha pérdida, mediante la creación de 22,5 millones de puestos de trabajo en los sectores de la agricultura, la producción de alimentos de origen vegetal, las energías renovables, la silvicultura, la construcción y la manufactura.
Dicha cuestión se encuentra relacionada directamente con el Uso Racional y Eficiente de la Energía, la cual abarca todas las acciones que se realicen en las diversas etapas del quehacer energético para optimizar su uso, partiendo de los recursos, pasando por los servicios, hasta llegar al nivel de los consumidores. En otras palabras, es el manejo planificado, desde el punto de vista técnico-económico, de la energía requerida para la producción o la prestación de un servicio y que concede especial atención a la protección del medio ambiente.
En palabras del docente de las capacitaciones, Martín Dapelo, “para lograr la eficiencia energética se requiere la incorporación de nuevas tecnologías que permitan hacer más con menos energía, y a su vez existe hoy en día una necesidad de un cambio en los hábitos, tomar conciencia de que pequeños actos pueden tener un gran impacto”.
Es cierto que el mundo está repensando su modo de producir, distribuir y consumir energía con el objetivo de alcanzar la sostenibilidad. Los países que planifiquen su transición de manera integral y en coherencia a sus objetivos locales, podrán tomar provecho del cambio generando sinergias positivas e impulsando el desarrollo socioambiental de sus comunidades. En este marco surge la necesidad de una transición energética, fundada en la amenaza del calentamiento global y el cambio climático.
En Argentina particularmente se presenta un caso de barreras tecnológicas y de capacidades el problema se relaciona con la capacidad interna de evaluación de opciones y alternativas de acciones de eficiencia energética, así como la evaluación de las posibilidades de financiamiento (en un cruce que junta las barreras de conocimiento y las de financiamiento). En el caso de las barreras de financiamiento, se observa la mención directa al problema del
acceso al financiamiento.
Es fundamental tener presente que la transición energética no se limita a descarbonizar las fuentes –cerrando centrales de carbón y desarrollando energías renovables y bajas en emisiones–, sino que implica un cambio de paradigma de todo el sistema energético en conjunto.