Actualmente, en palabras del Ministro de Servicios Públicos de Córdoba, el parque automotor del país, emite aproximadamente en unas 36,66 mil millones de toneladas de CO2 equivalentes. Hay quienes sostienen que la solución es pasar a vehículos eléctricos. No obstante, transformarlo en una matriz eléctrica requeriría el 56% de las energías renovables producidas del país y la mitad de la potencia instalada, con una inversión inconmensurable para la situación de nuestro país.
Por lo tanto, en el corto y mediano plazo, es imposible cambiar el parque automotor a explosión por eléctrico. No obstante, para poder impulsar la transición energética y al mismo tiempo beneficiar a la producción y economía de nuestro país, contamos con recursos disponibles para producir biocombustibles. Con este fin, urge aumentar el corte obligatorio. Sin embargo, estamos tomando el camino contrario: según Surtidores, el portal de las estaciones de servicio, "la Secretaría de Energía elevó el porcentaje de mezcla en el gasoil al 7,5 por ciento. A pesar de ello, muchas petroleras no acatan la medida". Y este año, en el período enero-junio, el corte promedio de gasoil con biodiesel solo ronda en un 5%.
A esta incongruencia por parte del estado, también se le suma la falta de visión de poder proyectar en el mercado de aviación la inclusión de los biocombustibles producidos en nuestro país, y específicamente en nuestro territorio provincial. En el caso automotor está clara la imposibilidad de la transición hacia la matriz eléctrica, pero en el caso de la aviación, hoy también es imposible aplicarla debido al peso y tamaño de las baterías que requerirían para poder impulsarlos.
El combustible sostenible de aviación obtenido a partir de biomasa o residuos, también conocido como biojet o Sustainable Aviation Fuel (SAF) es la opción más eficiente para que los vuelos reduzcan su huella de carbono. Es importante tener en cuenta que a nivel internacional ya hay avances en esta temática: según el medio español El Mundo, “la industria de la aviación se ha marcado como objetivo, en su iniciativa Destination 2050, conseguir que todos los vuelos interiores y con salida de la Unión Europea, el Reino Unido y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) tengan cero emisiones netas de CO2 en 2050, en línea con el Pacto Verde Europeo y el Acuerdo de París”.
En este contexto, los biocombustibles, en general, son una de las grandes oportunidades que nuestro país no debe dejar pasar. En 2023, según la Secretaría de Energía de la Nación, se han producido para el mercado interno, más de 389 toneladas de biodiésel, de los cuales un 60% provino de Santa Fe.
Debemos tomar en serio la transición energética, no sólo desde la óptica ambiental, sino también como una oportunidad comercial. Los productores de biocombustibles se encuentran entre el poderoso lobby petrolero y un andamiaje estatal que no promueve nuevas inversiones y empleos verdes. Es por eso que necesitamos que el futuro gobierno genere planes estratégicos que impulsen al sector, que garantice que los biocombustibles no provienen de zonas deforestadas y que además estimule la producción de Bio de avanzada que no compita contra la seguridad alimentaria. En definitiva, que se creen las condiciones que permitan inversiones y el desarrollo de la industria a mediano y largo plazo a nivel nacional y provincial.