Escenario

Un documental para recordar las raíces de la música del Río de la Plata

En el filme "Charco" participan más de 70 artistas de Uruguay y Argentina. El trabajo indaga en géneros como el rock, el tango y la cumbia, entre otros.

Lunes 06 de Abril de 2020

Si bien hay géneros más típicos en uno y otro lado del Río de la Plata, por ejemplo la murga y el candombe en Uruguay y el tango y la cumbia en Argentina, el documental "Charco. Canciones del Río de la Plata" sostiene que hay una unidad, una identidad compartida y enriquecida en las diferencias, y en donde los estilos son sólo herramientas, excusas, para lo que realmente importa: la canción. La película se estrenó en 2018, pero ahora su productor, Andrés Mayo, decidió hacerla accesible de manera gratuita a través del link https://vimeo.com/281490180, donde estará disponible hasta el domingo 12 de abril, fecha en que finalizará la cuarentena nacional impuesta en Argentina para contener el avance del coronavirus.

A lo largo de casi 80 minutos aparecen los testimonios de Gustavo Santaolalla, Jorge Drexler, Fito Páez, Pedro Aznar, Hugo Fattoruso, Pablo Lescano, Onda Vaga, Daniel Melingo, Sofía Viola, Palo Pandolfo y Vera Spinetta, entre un total de 70 artistas de Argentina y Uruguay. El filme, que ganó el Premio Gardel 2018 a mejor álbum banda de sonido de cine y televisión y el premio a la Creatividad Cultural del Círculo de Creativos Argentinos, está protagonizado por el músico Pablo Dacal, que cursó su carrera en Buenos Aires y en la Escuela de Música de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, ciudad en la que vivió entre 1998 y 2000 y donde formó parte de la banda The Killer Burritos entre 1998 y 2001 con la que grabó "Un millón de dólares".

"Charco" parte de la premisa de que en el Río de la Plata confluye la música del mundo. Es la región en la que géneros completamente diferentes como el tango, el rock, el candombe, la murga, la cumbia y la milonga se encuentran y dan nacimiento a la identidad musical de la región. La propuesta se caracteriza porque, además de músicos consagrados como Fito Páez y Gustavo Santaolalla, entre otros, también hay lugar para figuras menos conocidas como Mandrake Wolf o para músicos jóvenes que tienen la mayor parte de su carrera por delante, como los integrantes de Onda Vaga o Sofía Viola.

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El equipo tardó más de cinco años en hacer la película por problemas presupuestarios, que no se evidencian en ningún detalle del resultado final; cada aspecto, tanto el guión, el sonido o la edición, acompañan la sensibilidad de los artistas y de la música que interpretan y demuestran el compromiso de los autores con el trabajo y con el tema que abordaron.

El Incaa hizo un aporte de 350 mil pesos que sirvió para la primera parte del rodaje, pero después se financió con dinero de Mayo, quien afirmó: "Pienso que está buenísimo producir arte. En América latina es difícil y hay gente que se la juega hipotecando la casa. Yo a eso no quería llegar, me parece que es una locura, pero se hizo todo dentro de lo posible". Además de Mayo -que fue quien reunió al equipo de trabajo por una necesidad que tenía de mostrar la música con la que trabaja desde hace más de 25 años- el director de "Charco" es Julián Chalde, el productor periodístico Martín Graziano y los editores Alejandro y Santiago Parysow.

Con Dacal como protagonista y narrador, el documental es un viaje hacia las fuentes de la música popular del Río de la Plata. Desde la canción del siglo XXI hasta la música anónima del payador, pasando por cada uno de sus afluentes: el rock y la psicodelia, la cumbia, el candombe y la murga, el tango y el folclore, con un principio y un final en en los que aparecen fragmentos de "La pura verdad", de Atahualpa Yupanqui y una de las escenas fundacionales de la música rioplatense: un duelo de improvisación musical cargado de ironía entre Dacal y Martín Buscaglia, dos habitantes de las distintas orillas del río.

Según Mayo, hay muchas más coincidencias que disidencias entre la música uruguaya y la argentina. "Creo que está bastante reflejado en la película. Hay personajes que podrían haber estado de un lado o del otro y es indistinto. Pero igualmente hay géneros más típicos de acá y de allá que hacen que sea más rico también, que hace que no sea todo lo mismo y que la suma de los dos sea más que el candombe y el tango por separado, por poner un ejemplo. A mí entender lo que se forma con el género canción del Río de la Plata es mucho más que la suma de los géneros más típicos. Hay un montón de cosas, el rock es muy fuerte. El rock argentino a mí me gusta mucho, me parece que es lo que le da identidad en muchos sentidos. Mucha gente dice el tango, y es verdad también, pero el rock es fuertísimo y el folclore también. Y del otro lado tenés mucho más candombe y mucha más murga y el complemento de todo eso más la cumbia, más otras cosas que no están nombradas acá pero que también tienen su influencia, con todo eso armás este género".

Sobre el proceso de selección de los músicos, explicó: "Es un poco el conocimiento de toda esta gente. Tanto Martín Graziano, Pablo Dacal, Julián Chalde y yo hace muchos años que estamos metidos en esto. Entonces estos personajes los conocíamos, no son gente conocida en muchos casos de manera que resulte como en el camino más obvio. Pero queríamos ir a los que nos den algo que no fuera tan obvio o tan esperable. Y también me parece que está bien que estén Santaolalla y Fito, que le dan otro marco. Pero que esté Mandrake, que esté Sofía Viola o que esté el Bocha o que esté Rubens «Donvi» vitale son gente que no la escuchás demasiado hablar. Son momento únicos. Una vez Gabo Ferro me dijo que esto más que un documental es un documento y yo creo que con el paso del tiempo cada vez es más así, porque hay gente que ya no está. Donvi es un ejemplo, Santiago Fernández es el que toca el cuatro en «La Quimera del Tango» y falleció hace poco. La escena de Vera cantando la canción de Luis (Spinetta) a 20 días de que se haya muerto, es un momento irrepetible. Y la ronda con los músicos tocando, es una escena también irrepetible, no los podés volver a juntar".

Las canciones incluidas en el filme fueron propuestas que se hicieron para cada caso, según el artista entrevistado. "Santaolalla le dijo a Dacal «hagamos una canción tuya» y salió eso. Pero fue en el momento, incluso no sabíamos si iba a quedar o no. Se dan las situaciones y se aprovechan lo más que se pueda. En el caso de Melingo nos quedamos sin luz en el Tigre, se dio esa situación y quedó todo grabado en penumbras y para mí quedó bárbaro. Lo que le da onda es la intimidad y el hecho de que lo escuchás a él hasta respirando. Eso me parece que es rico".

El guión, contó Mayo, fue construido a cuatro manos. "Los cuatro trabajamos muchísimo en el guión, hubo épocas donde lo agarró más Martín Graziano junto con Julián Chalde. Hubo épocas donde se metió más Dacal. En el final me metí más yo junto a toda la posproducción porque Julián se fue a vivir a Ushuaia. Entonces era muy difícil coordinar la dirección con el editor. Ninguno de los cuatro podría no haber estado. Y el editor fue fundamental. Alejandro Parysow hizo un trabajo bestial. Había 30 horas grabadas y había que mirarlo todo y seleccionarlo".

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