Escenario

El inolvidable fulgor de los primeros años

Era a principios de los años 80. Una tarde en familia estábamos mirando "Sábados de la bondad".

Domingo 22 de Abril de 2018

Era a principios de los años 80. Una tarde en familia estábamos mirando "Sábados de la bondad", uno esos "programas ómnibus" insoportables de los fines de semana, y ahí vi por primera vez a un chico rubio de flequillo que cantaba y hacía gritar a las chicas. Años después descubrí el rock y descarté por completo a los amores platónicos infantiles, pero nunca pude olvidar el impacto que me causó ver y escuchar por primera vez a Luis Miguel. "Micky", como le decían entonces, era un pibito angelado, en estado de gracia. No era solamente el don de su voz, ni su cara de rasgos dulces y perfectos, era su forma de interpretar. Luis Miguel jamás compuso una línea de nada, pero como todos los grandes intérpretes te hace creer que la canción es suya. La canta como si alguna vez hubiese escrito y sentido cada palabra. Y la canción puede ser mediocre, y tal vez ni te des cuenta, porque parece que él la elevara a otro estado.

   Con las chicas de la primaria comprábamos las revistas Antena y TV Guía para saber sobre la vida de Luismi, pero los datos oscuros, obviamente, nunca aparecían. Sí se sabía algo sobre las conexiones de Luis Rey (el padre de LM) con el PRI, el partido que gobernó México durante 70 años. De hecho Luis Miguel hizo su gran debut cantando en el casamiento de la hija del presidente José López Portillo, en 1981, y a partir de ahí consiguió su contrato discográfico con EMI. Estas circunstancias dispararon que muchos afirmaran que Luis Miguel era un invento, que estaba acomodado, o que en México o en cualquier país había miles de chicos con su voz y su carisma. El tiempo se encargó de demostrar que esto no era cierto. Pasaron décadas y decenas de realities de música tratando de encontrar al "nuevo gran intérprete" y jamás pudieron generar ni de cerca un "nuevo Luis Miguel". Incluso pronosticaban que cuando el pibe mutara su voz por los cambios hormonales de la adolescencia su éxito se vendría en picada. Y en realidad fue todo lo contrario. A los 20 años el mexicano se reinventó cantando boleros y en los 90 incluso superó el éxito que había tenido en la década anterior. Ahora Luis Miguel se parece mucho más al Elvis Presley decadente y transpirado que actuaba en Las Vegas que al chico dorado que deslumbró en los 80. Pero él sabe bien que, aún hundido en su zona de confort y en sus vicios, le basta con brillar una sola noche y con una sola canción para marcar la diferencia.


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