El Mundo

Primera huelga general en Brasil contra las reformas de Bolsonaro

La paralización fue relativa y se debió en parte al bloqueo del transporte público. Las reformas previsional y laboral, los objetivos

Sábado 15 de Junio de 2019

La movilización nacional contra la reforma de la previsional y los recortes en la educación afectaron parcialmente los transportes en varias ciudades de Brasil, aunque se sintió fuerte en San Pablo, la capital económica del país. Se trató de la primera "huelga general" contra el gobierno de Jair Bolsonaro, que asumió el 1º de enero.

La medida gremial provocó trastornos en la movilidad urbana en al menos 24 estados y en Brasilia, sobre todo en la primera hora del día, según consignó el diario O Globo. En San Pablo, el metro funcionó parcialmente durante la mañana y algunas líneas de autobuses intermunicipales no operaron. Avenidas importantes fueron bloqueadas por manifestantes, que armaron barricadas con neumáticos encendidos, mientras que las escuelas y los bancos permanecieron mayoritariamente cerrados, según los sindicatos de esos sectores. Los autobuses que circulan exclusivamente en la capital paulista y los trenes funcionaron normalmente.

En Rio de Janeiro las protestas bloquearon las calles de la ciudad, pero los autobuses, trenes, metro y barcas operaron normalmente. La ciudad tuvo un nudo en el tránsito entre las 5 y las 9 de la mañana, pero la situación se normalizó a partir de esa hora. Una protesta en la Avenida Brasil fue dispersada por policías militares que usaron bombas de gases lacrimógenos contra los manifestantes.

Los manifestantes mostraron inscripciones contra la reforma del sistema jubilatorio impulsada por el gobierno de Brasil, en la primera huelga general convocada por distintas centrales sindicales contra la administración del presidente Jair Bolsonaro.

La huelga, convocada también para reclamar por el congelamiento de gastos públicos en educación y pedir por la creación de empleos en un país con cerca de 12 millones de personas sin trabajo, no logró sin embargo paralizar completamente el transporte en la mayor ciudad de Brasil, y registraba un acatamiento muy parcial en capitales de al menos 16 estados y el Distrito Federal, donde sindicalistas organizaron piquetes en avenidas y bloqueos a terminales de colectivos.

Reportes indicaban también la paralización de tareas en industrias automotrices y metalúrgicas, y la poderosa Federación nica de Petroleros (FUP) informó que empleados de la estatal Petrobras se plegaron a la huelga en refinerías y terminales en ocho estados brasileños.

La huelga fue convocada por distintas centrales sindicales, algunas vinculadas al Partido de los Trabajadores (PT) y otras que respaldaron la destitución de la presidenta Dilma Rousseff en el 2016 pero que se oponen a las reformas laborales y del sistema de pensiones que impulsa Bolsonaro. Economistas y analistas señalan que estas reformas son inevitables, dado el estancamiento de la economía brasileña desde 2015 y el costo impagable del sistema de jubilaciones y pensiones.

El transporte a través de aplicaciones como Uber y Cabify, que cuentan con más de 600.000 choferes en más de 100 ciudades del país, funcionó a pleno, pero los piquetes y el paro parcial en las líneas de metro afectaron el tránsito en las mayores ciudades brasileñas debido a que muchos empleados prefirieron usar el auto particular para ir al trabajo.

Vagner Freitas, presidente de la central sindical CUT, vinculada al PT, dijo que la huelga tiene el papel de demostrar la insatisfacción de los asalariados con el gobierno. "Es para dejar claro que el trabajador no quiere dejar de tener el derecho de jubilarse y es un mensaje fuerte al gobierno, que tiene que tener una política de crecimiento económico", dijo Freitas.

El Banco Central de Brasil reportó ayer que la economía del país tuvo en abril una contracción de un 0,47 por ciento ante marzo, en la cuarta baja consecutiva del ndice de Actividad Económica (IBC-Br) que publica la autoridad monetaria. La retracción fue de 0,62 por ciento ante abril del 2018.

"Las personas no quieren jubilarse más viejas y con menos dinero, que es lo que quiere el gobierno. Entonces nuestra previsión es parar el día entero", dijo un operario del metro de San Pablo a TV Globo. En Brasil las mujeres pueden jubilarse con apenas 15 años de aportes y la edad de jubilación es de las más bajas del mundo. La falta de aportes y la baja edad jubilatoria han puesto al sistema en la quiebra. Esto se agrava por el régimen de privilegio de los estatales, que ganan jubilaciones hasta ocho veces superiores a las del sector privado.

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