El chavismo ganó con comodidad las elecciones parlamentarias, pese a que el ausentismo superó el 70%, según admitió el oficialismo, y hasta el 85% según la oposición. Las denuncias de fraude y falta de supervisión ensombrecieron el resultado. El régimen de Nicolás Maduro ahora dominará el único poder político del Estado que estaba en manos opositoras, pero pagará un precio muy alto de imagen y en el nivel de aislamiento de la comunidad democrática internacional. Solo le quedan sus aliados Rusia, Cuba, Turquía y China, ninguna de ellas una democracia plena. Ni Naciones Unidas ni la OEA ni la UE avalaron el proceso eleccionario, que al contrario fue repudiado por el bloque de las naciones europeas y 15 países latinoamericanos más Canadá y Estados Unidos. En total, unas 50 democracias rechazaron las elecciones del domingo y reclamaron unas nuevas y verdaderamente limpias.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció que los candidatos de Maduro obtuvieron el 67,6% de los votos emitidos, apenas 3.558.320 sobre un padrón superior a los 20 millones. La abstención, clave para evaluar la legitimidad de la elección, fue del 70%, según este organismo dominado por el régimen. “Hemos tenido una tremenda victoria electoral”, dijo el presidente. Pero fue prácticamente la única figura gubernamental en celebrar, todo un índice de la conciencia que había en el poder sobre la pésima faena electoral del domingo.
El resultado asegura a la coalición oficialista aproximadamente 240 de los 277 escaños totales. Muy atrás, con 18%, quedaron los partidos opositores que tienen vínculos con el chavismo: Acción Democrática, Cambiemos, Avanzada Progresista y El Cambio. Ninguna de estas formaciones se considera representativa de la real oposición, y varias de esas siglas, como Acción Democrática, les fueron arrebatadas a sus legítimos dueños para serles entregadas a dirigentes afines al chavismo.
Las elecciones fueron boicoteadas por las organizaciones opositoras más grandes, lideradas por Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por unos 60 países, entre ellos Estados Unidos, Francia, España, Brasil y Chile,así como Japón y Corea del Sur, entre muchos otros. Esas fuerzas opositoras denunciaron la ausencia de garantías y transparencia. Y gran parte de la comunidad internacional consideró los comicios fraudulentos. Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Gran Bretaña, Colombia y Brasil, entre otros, emitieron declaraciones que niegan la legitimidad de los resultados.
Desmovilización sin precedentes
La desmovilización y la ausencia de personas en los centros de votación durante el domingo fueron tan evidentes que ocasionaron nerviosismo en el chavismo. Cerca del cierre de la jornada, informes privados y cálculos de periodistas con cifras filtradas del ente electoral atestiguaban una abstención que oscilaba entre el 80% y el 85%, superior a la que revelaban las cifras oficiales. Sobre la tarde circularon audios de Whats App, que terminaron siendo virales, en los cuales gobernadores, dirigentes comunales y coordinadores políticos del chavismo reprochaban a los activistas por no haber movilizado más votantes. Entrada la noche del domingo, cuando los centros electorales estaban vacíos, el gobierno retrasó la hora de cierre para dar tiempo al desplazamiento de gente desde las zonas dominadas por las organizaciones de base del chavismo, como la denominada Misión Vivienda, urbanizaciones construidas en estos años.
Pese a todos esos elementos, Maduro se ha felicitado por el resultado. “¡Felices madrugadas de victoria!”, ha escrito el dirigente en su cuenta de Twitter este lunes. “Tenemos una nueva Asamblea Nacional, hemos tenido una tremenda y gigantesca victoria”. La mayoría de los dirigentes oficialistas, sin embargo, han sido renuentes a comentar los resultados. Mientras que el líder opositor Juan Guaidó, no tuvo piedad: “La dictadura se evidencia. Luego del chantaje, el secuestro de partidos, censura, fabricar resultados, infundir terror; anuncian lo dicho: un fraude con 30%. No le son suficientes ni para mostrarse en público”.
Si algo deja claro la jornada del domingo es que la crisis política y económica de Venezuela seguirá siendo tan grave como hasta ahora.