Washington. — Hillary Clinton pondrá hoy fin oficialmente a su campaña por
la presidencia de Estados Unidos en un esperado acto en Washington en el que manifestará su apoyo a
Barack Obama como el candidato del Partido Demócrata. Será el punto final a una carrera histórica
en la que abundaron acusaciones de racismo y sexismo. Durante casi 16 meses de campaña, los cinco
últimos con 54 primarias y "caucus" peleados cara a cara, Clinton y Obama protagonizaron la lucha
política más excitante en décadas en el país norteamericano. Al final el triunfo fue para Obama,
que será el primer candidato presidencial negro en la historia. Pero Clinton también marcó hitos,
porque nunca antes una mujer había llegado tan lejos en una carrera presidencial, luchando casi
hasta el final por ser la candidata de uno de los dos grandes partidos estadounidenses.
El fondo de su discurso hoy es conocido, después de ser
difundido por su equipo de campaña: Clinton declarará su total apoyo para que Obama sea el próximo
inquilino de la Casa Blanca, y se pondrá a su disposición para ayudarlo en lo que haga falta. Una
de sus misiones principales será aplacar los ánimos de sus seguidores e incorporarlos al campo de
Obama, especialmente entre los sectores que le dieron abiertamente la espalda al candidato negro,
como el de las mujeres blancas mayores, la clase obrera y los hispanos.
Los analistas estarán sin embargo muy pendientes de las
formas y de cada palabra que pronuncie la senadora por Nueva York para resolver la incógnita que
flota en el aire: ¿Quiere Clinton acompañar a Obama en las elecciones de noviembre como su
vicepresidenta? Su campaña ya precisó el jueves que no buscará "activamente" el segundo lugar. Sin
embargo, tanto sus palabras como las de sus asesores y amigos dejan la puerta abierta a esa
posibilidad.
Hermetismo. Es probable que tanto Clinton como Obama ya sepan cuál es la
respuesta, después de que ambos se reunieron la noche del jueves durante una hora en la casa de
Washington de la senadora por California Dianne Feinstein. Pero por el momento el secreto está bien
guardado, porque ambos se reunieron a solas, sin presencia de ningún miembro de sus campañas.
Charles Schumer, senador por Nueva York y uno de los máximos apoyos de Clinton, explicó cuál es la
postura de la ex primera dama respecto al puesto de "número dos": no lo buscará, pero tampoco lo
rechazará. "Ella dijo que si el senador Obama quiere que sea vicepresidenta y cree que sería lo
mejor para las elecciones, accederá, lo aceptará. Pero si por otro lado él elige a otra persona,
ella trabajará igual de duro por el partido en noviembre", afirmó Schumer. Obama, mientras tanto,
se muestra cauto. En una entrevista, reiteró que Clinton está entre sus principales candidatos a
vice, pero anunció que se tomará un tiempo para decidir quién será finalmente su elección. Por lo
pronto, Obama entendió que el fin de semana pertenece a Clinton, y se marchará a Chicago, donde no
tiene previsto ningún acto público.
El centro de la atención estará en Washington. Allí se espera un emocional
acto en el que las lágrimas no son descartables. Son ya varios los seguidores de Clinton, entre
ellos incluso congresistas, que confesaron que lloraron una vez que el martes se certificó la
derrota de su candidata cuando Obama obtuvo los delegados necesarios para asegurarse la nominación.
No será el momento para analizar el pasado, para intentar explicar por qué Clinton perdió una
carrera que comenzó como la gran favorita, con más de 20 puntos de ventaja sobre cualquier otro
candidato en las encuestas. Será el momento simplemente del adiós a un sueño.