Opinión

Floyd y la reelección de Trump

Las protestas por el alevoso asesinato policial de George Floyd continúan, pero inevitablemente comienzan a amainar.

Jueves 04 de Junio de 2020

Las protestas por el alevoso asesinato policial de George Floyd continúan, pero inevitablemente comienzan a amainar. Es inevitable, casi fisiológico. A la vez, el impacto visual e informativo de los saqueos y la violencia nocturna y su predominio sobre las protestas diurnas pacíficas es obvio y comprensible.

El filósofo político Michael Walzer, un referente del progresismo estadounidense, resumió muy bien la situación desde su perspectiva. Conste que Walzer no es el típico profesor de campus aislado en su torre de marfil, también es editor de dos revistas muy reconocidas, Dissent y The New Republican y vive en contacto con el mundo político demócrata. En una entrevista esta semana alertó que "el asesinato de Floyd puede significar la reelección de Trump". "Es deprimente ver cuán desorganizado es el movimiento, sin líderes ni disciplina", lamentó, recordando las marchas por los derechos civiles de los años 60. "Estas protestas expresan una rabia legítima, pero cada saqueo empuja al país hacia la derecha", diagnosticó Walzer. Imposible sintetizar mejor la situación. Walzer vivió aquel movimiento histórico como un joven profesor, y resalta que ahora "no hay un Martin Luther King", ni nadie remotamente similar. Y a propósito del acto teatral de Trump de fotografiarse delante de una iglesia quemada con una Biblia, comentó: "No la debe haber leído. Pero los líderes religiosos callan y le dejan el espacio a él. En los 60, los líderes catolicos, protestantes y judíos estaban con el movimiento de derechos civiles, hoy callan". El ensayista recordó que aquel histórico movimiento "logró crear a la clase media negra" pero que igualmente los negros en la ciudades continúan viviendo en peligro. El racismo de la policía estadounidense es indiscutible y no tiende a bajar con el paso de los años. Seguramente se ha mejorado respecto de los años 60, pero los casos de abusos y homicidios de jóvenes negros inermes son una constante. No solo con Trump, también bajo los presidentes anteriores, incluidos los 8 años de Barack Obama.

De todo el episodio quedan dos o tres certezas. Una, que esta, como otras erupciones de movilización a partir del crimen de un joven negro por la policía, pasará. Aún cuando el asesino sus cómplices esta vez no sean exculpados por un tribunal y reciban duras sentencias. Otra certeza es que las imágenes de saqueos serán parte importante de la campaña presidencial de Trump. El hombre sabe muy bien jugar este juego. Está en su salsa. Lo suyo es la lucha en el barro, el póker con trampas, y el uso de las redes sociales. Y del otro lado hay un candidato flojo, muy convencional, limitado en sus recursos dialécticos, un exponente del establishment político de Washington contra el que ganó Trump en 2016: Joe Biden. No parece contrincante para Trump. Su única chance es que esta vez negros y jóvenes vayan a votar en masa. Para eso, habrá que mantener viva la rabia de estos días y organizarla, darle forma política. La inscripción para un voto que es voluntario siempre ha sido un filtro eficaz en Estados Unidos. Si bien el voto voluntario es claramente una muestra de civilización política (el voto obligatorio no existe en ninguna democracia avanzada), la exigencia de inscribirse, tanto para las primarias como para las generales, parece un filtro pensado para dejar afuera a ciudadanos con poca motivación. Ahora el desafío es superar ese obstáculo y anotarse. Los militantes del Partido Demócrata tienen ahí una tarea a cumplir, y ciertamente un desafío.

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