Bogotá. - El máximo comandante de las Farc, Guillermo León Sáenz, alias "Alfonso Cano", fue abatido en un operativo de las fuerzas de seguridad colombianas que fue calificado por el gobierno como el "golpe más contundente" dado a la guerrilla en su historia. Cano, de 63 años, murió el viernes en combates una zona montañosa del departamento del Cauca, suroeste del país, un hecho que aceleraría el desmoronamiento de esa insurgencia acusada de terrorismo, secuestro y narcotráfico. "Cayó el número uno de las Farc, es el golpe más contundente que se le ha dado a esta organización en toda su historia", declaró el presidente Juan Manuel Santos.
Según detalles del operativo militar revelados ayer, tras casi tres años de seguimientos e interceptaciones a las comunicaciones de sus colaboradores más cercanos, Cano cayó muerto la noche del viernes tras recibir tres balazos de fusil, probablemente de un Galil de tropas de asalto del ejército que llevaban varios tipos de arma y munición. Los balazos impactaron en el lado derecho del cuello, en la ingle y en la cadera del insurgente, que se había afeitado tres días antes su característica barba.
La más alta tecnología, trabajo de inteligencia, una milimétrica operación conjunta del ejército y la fuerza aérea y "gente al interior de las Farc" permitieron acabar con su vida. El comienzo del fin de Alfonso Cano, quien usualmente llevaba una espesa barba, anteojos y casi siempre aparecía con una pistola al cinto, comenzó hace tres años, cuando fue designado como jefe máximo de las Farc tras la muerte de Pedro Marín, más conocido como "Manuel Marulanda" o "Tirofijo". Fue entonces cuando la inteligencia del Estado comenzó a diseñar acciones para encontrarlo bajo un denominador común, el ahora presidente Juan Manuel Santos, quien desde diferentes posiciones en el gobierno ha estado al frente de esas estrategias. Ya en agosto de 2008, como ministro de Defensa en el gobierno de Alvaro Uribe (2002-2010), Santos dijo que el ejército "adelantaba acciones concretas" contra Cano y otros integrantes del mando central de las Farc. Así se fue cerrando el círculo en el que se movía Cano -de quien se decía estaba en Venezuela-, con fuertes operativos en los que perdieron la vida numerosos integrantes tanto de las fuerzas militares como de las filas rebeldes.
El punto de quiebre se dio cuando el jefe guerrillero salió del Cañón de las Hermosas, uno de los más agrestes terrenos de los Andes colombianos, en el suroeste, y que comprende territorios de los departamentos del Tolima, Huila y Cauca. Allí, a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar, en medio de la bruma, pequeñas lagunas y temperaturas que descendían por debajo de los cero grados centígrados, Cano se movía sin problemas, pues recibía suministros básicos para él y su más cercano grupo de seguridad, de unos quince hombres. Según fuentes de inteligencia, aunque Cano soportaba el acoso de las tropas, su situación comenzó a empeorar cuando le cortaron los suministros y lo obligaron a moverse de su santuario. En tanto, la inteligencia del Estado sabía que estaba en la zona, pero no disponía de coordenadas que permitieran una operación efectiva. Esta situación cambió radicalmente hace unos tres meses, cuando fuentes de inteligencia, combinadas con elementos tecnológicos, ofrecieron informes certeros: Cano había salido de su madriguera y se movía hacia algún lugar de la cordillera occidental, en el Cauca, con unos quince hombres. Una conversación entre guerrilleros, en la que hablaban de una próxima reunión con Cano en el Cauca, entregó más pistas.
La operación definitiva se perfiló dos semanas después al confirmarse que el líder guerrillero estaba en un pequeño campamento de las Farc. El viernes, con toda la información disponible, se puso en marcha el plan, con la participación de quince aeronaves, incluidos helicópteros "arpía" y un avión de inteligencia, así como otros sistemas de alta tecnología, entre ellos artefactos para el lanzamiento de "bombas inteligentes". En la operación bautizada como Odiseo, en honor al héroe mitológico griego, participaron unos mil hombres.
Tras el bombardeo al campamento, enclavado en lo alto de una montaña, en el Cauca, Cano escapó con vida junto a 14 de sus hombres. En la huida perdió sus lentes, billetera, pistola, un computador y otras pertenencias que permitieron confirmar a los soldados que el guerrillero estaba en el área. En ese momento, las tropas estrecharon el círculo, supieron que Cano huía con poca escolta, simularon llegar a la zona, realizaron una aparente búsqueda rápida y se retiraron. Cano, oculto entre la vegetación, creyó que la tropa se había retirado, como lo había hecho otras veces; pero, los soldados regresaron y se inició un combate. Al caer la tarde, Cano estaba muerto. "Fue una operación muy bien planeada, bien diseñada e impecablemente ejecutada", dijo desde Popayán, capital del Cauca, Santos, al confirmar que "gente dentro de las Farc" ayudó.