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Son del Politécnico y se destacaron en un certamen iberoamericano de informática

Matías Raimundez (medalla de plata), Ariel Fideleff (mención de honor) y Agustín Fernández Berge hablan de lo que más disfrutan de este tipo de competiciones.

Sábado 05 de Junio de 2021

Para ellos la ciencia y los números no son un cuco, sino que encuentran allí un disfrute. Hay un interés personal, pero también un proyecto institucional que acompaña a chicos y chicas en esta pasión. Otra vez el Instituto Politécnico es noticia por alumnos y egresados premiados en una competencia internacional. En este caso, se trata de tres adolescentes que acaban de tener una destacada actuación en el Iberoamericano de Informática y Computación. Matías, Ariel y Agustín cuentan su historia a La Capital y revelan qué es lo que más los atrae de esta disciplina. Juan Farina, el director del Poli, destaca el trabajo de docentes y tutores para impulsar estas instancias desde una pedagogía de la afectividad.

La noticia llegó a fines de mayo. Matías Raimundez, egresado del Poli, había obtenido la medalla de plata en la Competencia Iberoamericana de Informática y Computación (CIIC 2021). De la misma escuela, Ariel Fideleff obtuvo mención de honor y Agustín Fernández Berge tuvo una destacada actuación en el certamen, que tuvo a Bolivia como país anfitrión y del que participaron 141 estudiantes seleccionados de catorce países, quince de ellos de la Argentina, que en total ganó una medalla de oro, cuatro de plata, cuatro de bronce y una mención de honor. En sus redes sociales, la escuela felicitó a los tres adolescentes, al Departamento de Informática y a los docentes “por trabajar y enseñar desde la posibilidad, de participar y experimentar una nueva forma de aprender”.

El certamen se realizó el sábado 22 de mayo durante la mañana. Cinco horas para resolver cuatro ejercicios. Cada uno de los competidores resolvió los problemas desde sus casas. La CIIC siempre se hizo a distancia, al punto que antes sus siglas hacían referencia a la Competencia Iberoamericana de Informática por Correspondencia.

“Un problema algorítmico —dice Matías— por ejemplo es este: tenés gente que quiere subir por un ascensor con una determinada capacidad. Pero como cada persona tiene cierto peso, tenés que calcular la mínima cantidad de veces que debe subir el ascensor para llevar a todos a destino. Para eso nosotros mandamos códigos en un lenguaje de programación”.

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Desde chiquito

Matías Raimundez terminó el año pasado en el Poli, pero participa “desde chiquito” en olimpíadas matemáticas. Arrancó con las Ñandú, para alumnos y alumnas de escuelas primarias. Entonces tenía diez años y no paró más. “Desde siempre me gusta la matemática y lo que está bueno es el desafío de participar de las olimpíadas”, dice. Hace dos años, en una nota para La Capital, Matías contó que las olimpíadas lo motivaban a seguir aprendiendo. “Yo lo que siento es que la mayoría de los temas que damos en la escuela ya los aprendimos antes con la olimpíada, entonces nos resulta muy fácil”, decía en aquella oportunidad. Además de su afinidad con los números y los problemas, en las competencias se topó con una motivación extra: la de encontrarse en esos viajes con chicas y chicos de distintas provincias y países que compartían con él el disfrute por la matemática.

Matías

La experiencia de Matías estuvo vinculada durante estos años a competiciones de esta disciplina. Un breve repaso por su trayectoria dice que ya tiene la espalda curtida en participar de estos eventos. Fue campeón en la competición nacional de matemática y también obtuvo medallas en la Rioplatense y las del Cono Sur en Brasil. En 2019 se quedó con la medalla de bronce en las Olimpíada Internacional de Matemática en Bath (Inglaterra), en un equipo que también integró Julián Cabrera, otro destacado olímpico del Poli. El año pasado se colgó la presea de bronce en la 61º Olimpíada Internacional de Matemática que organizó Rusia; y la de plata en la Iberoamericana de Matemática de Perú.

>> Leer más: Alumnos del Politécnico ganaron medallas de oro y plata en la Olimpíada Iberoamericana de Matemática

Pero en los últimos meses comenzó a incursionar en certámenes vinculados a la informática, un ámbito que —dice— hoy concita más su interés. El año pasado se anotó por primera vez en las olimpíadas de informática y tuvo una buena actuación en la nacional que se hizo en diciembre. A fines de abril pasado clasificó para integrar el equipo argentino que participará de la olimpíada internacional, que será del 22 al 25 junio.

Creatividad

Ariel Fideleff tiene 17 años, cursa quinto año de informática en el Poli y obtuvo una mención de honor en la CIIC de este año. “Si bien el temario es restringido de los temas que entran, fueron problemas muy diversos y creativos. Cada país puede aportar distintos enfoques y se eligen los mejores, por eso también está bueno para aprender”, cuenta el estudiante.

Ariel

Comenzó a participar de las olimpíadas de informática en 2019, cuando estaba en tercer año y participó de la instancia nacional. Fue la única vez que pudo competir de forma presencial, en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). “Ahí pasé al selectivo que tuve que rendir el año pasado, en pandemia, y quedé cuarto, justo para pasar a la internacional de Singapur”, recuerda. Antes de ese certamen, que compartió equipo con Sebastián Mestre y Luis Aseguinolaza (egresados de la escuela), habló en una nota con este diario sobre las horas de entrenamiento que destinó para llegar hasta la prueba: “Tuve que ponerme un poco más las pilas y en vacaciones de verano practiqué bastante con la ayuda del profe”. El año pasado en la instancia nacional obtuvo una medalla de plata.

“Es entretenido”, es la rápida respuesta de Ariel cuando se le pregunta sobre qué le atrae de participar de estas competiciones. Le quedaba un poco de tiempo libre de las actividades de la escuela y quería ocuparlo con algo más, algo que lo apasione. Estaba en tercer año y su profesor de informática era Alejandro Schujman, quien además es el coordinador jurisdiccional de la Olimpíada Informática Argentina (OIA). Le preguntó al docente y éste le dio las coordenadas de día y horario. Dice que en estos espacios lo desafiante es esa invitación a pensar distintas ideas para resolver los problemas. “Hay una serie de técnicas para resolverlos, pero también está lo creativo que uno tiene que ser para aplicarlas”, agrega.

Agustín Fernández Berge tiene 18 años, cursa el último año en el Poli y también integró este año el equipo argentino en el iberoamericano de informática. Su participación en estos espacios arrancó hace un par de años en la TecnoMate, una competencia de programación para secundarios y universitarios que se realiza en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de la ciudad de Santa Fe.

Agustín

“Desde chico me gusta bastante la matemática y la informática, y siempre estudié mucho programación”, dice Agustín. Entre risas cuenta cómo en matemática sacaba buenas notas, mientras que otras materias le costaba un poco más. Si bien aún no tiene definido qué carrera va a seguir a partir del año que viene, dice que seguro estará vinculada a alguna de estas disciplinas.

Entre el afecto y el disfrute

¿Cuál es el secreto —si es que lo hay— que explica la destacada participación de alumnos y alumnas del Poli en este tipo de competiciones? Para Juan Farina, docente y director de la institución, “no hay un secreto, sino mostrar un camino, ofrecerle a los chicas y las chicas una actividad que se hace fuera del aula común, en un espacio de cierta libertad y con una evaluación que no apunta a lo punitivo, sino para ver qué les pasa, ir chequeándolos y avanzar, para hacer un juego divertido del equivoco”.

Farina destaca además que este tipo de actividades se estuvieron sosteniendo desde el año pasado a pesar de la pandemia. Desde la virtualidad, docentes y tutores siguieron con esa tarea. “Todo que lo que se hace —dice Farina— es poner un clima de afectividad con los chicos en ese acompañamiento. Por eso ese apoyo, a pesar de todo, se mantiene intacto”.

Física, informática, matemática, biología, química y astronomía son algunas de las olimpíadas en las que participan alumnas y alumnos del Poli. También en la Argentina de Ciencias Junior. Algunas desde hace décadas, otras desde tiempos más recientes. “Como docente y director —dice Farina— siento un enorme placer cuando los chicos participan de esas actividades, porque no están forzados sino invitados a hacerlo. Así como hay quienes se juntan fuera del horario de clases a jugar un partido de fútbol hay otros que se encuentran para resolver problemas”.

Para el director de la institución, cada vez que recibe la noticia de que sus estudiantes tuvieron una destacada actuación en estas instancias siente una satisfacción enorme. Y aclara que incluso muchas veces participan chicos que tienen dificultades en algunas de esas materias en las que luego participan en olimpiadas: “No es que hay que ser brillante para participar, sino que esos chicos a veces encuentran en este ámbito diferente una manera de sentir placer por aprender. Los pibes van para adelante y si vos les mostrás cosas para hacer se enganchan”.

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Juan Farina, director del Politécnico.

Juan Farina, director del Politécnico.

Alejandro Schujman es docente de informática en el Poli y desde hace diez años es coordinador en Santa Fe de la Olimpíada Informática Argentina (OIA) y destaca tres patas que permiten sostener este tipo de experiencias: “Hay un proyecto institucional de participar en olimpíadas en todas las disciplinas, más los certámenes que se van ofreciendo de distintas entidades, desde universidades hasta asociaciones. También hay un compromiso de los departamentos en participar en este tipo de competencias, con recursos asignados y docentes que se dedican a entrenar a los chicos y a hacer todo lo que haga falta para que puedan participar. Y una cuestión que creo que tiene que ver con el Poli en si, que es lo que llamo el compromiso familiar detrás de la educación de esos chicos, que además encuentran en estos lugares un montón de amigos con quienes compartir sus intereses. Eso es fundamental, porque también es una cuestión de relaciones humanas”.

En ese camino también se inscribe el hecho de que algunos de los que participaron en olimpíadas durante su secundaria, al egresar sigan en contacto como tutores y entrenadores de los alumnos. Volcando su experiencia para acompañar a los chicos. Como es el caso de Brian Morris, quien junto a Sebastián Mestre, es entrenador de los chicos que compiten en informática, De adolescentes, ambos fueron destacados estudiantes que ganaron medallas olímpicas.

Como cualquier deportista, que se entrena antes de una competencia para reforzar sus habilidades, nosotros miramos problemas viejos y pensamos cómo resolverlos, les enseñamos estrategias y conceptos teóricos que les puedan ayudar a resolver algún problema nuevo”, cuenta Morris, que tiene 23 años y cursa la carrera ingeniería electrónica en la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

De esta etapa como entrenador dice que le atrae la posibilidad de seguir conectado y, en cierta forma, poder devolver a la escuela algo de lo mucho que recibió en su momento. “Cuando participaba como competidor —dice Brian— fue una experiencia re linda. Formar un nuevo grupo de amigos, viajar y compartir con otros me gustó mucho. Por eso cuando egresé quise mantenerme conectado con ese mundo de las olimpíadas”.

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