Educación

Para plantar la semilla del compromiso con el ambiente

Profesoras del Poli crearon una huerta orgánica para promover el desarrollo sustentable y la educación ambiental.

Sábado 24 de Noviembre de 2018

En medio de la escuela, en el edificio gris y monumental que ocupa toda la manzana, asoma una huerta. Un breve paisaje bucólico que, aunque pequeño, irrumpe con todas sus fuerzas en esa mole de cemento. Una terraza verde, un jardín vertical y una huerta crecen en el segundo piso del Instituto Politécnico Superior General San Martín y forman parte de los contenidos educativos y ecológicos que se desarrollan en 2º año en el Taller de Problemática Ambiental. La iniciativa, que llevan adelante profesoras de geografía y biología del departamento de Ciencias Humanas y Naturales, surge de la necesidad de crear ciudadanía ambiental, de reconectar a las y los estudiantes con la tierra y de abordar en el colegio temas como la seguridad y la soberanía alimentaria. "No pensar en el ambiente es como no pensar en el futuro. Lo que hacemos es crear ciudadanía y respeto por el ambiente, que es donde vivimos todos, dice Nélida Skindzier, coordinadora del área de geografía del departamento de Ciencias Humanas y Naturales y mentora del proyecto.

La experiencia piloto de cultivar por primera vez alimentos en el Poli comenzó a principio de año y sumó las voluntades de las chicas y los chicos de 5º que armaron las huerteras con pallets de madera reciclados, y los de 2º que aportaron la tierra y fueron los encargados de hacer las plantaciones. Lechuga, cebolla de verdeo, perejil, acelga, puerro y remolacha fueron algunas de las verduras sembradas y cosechadas durante el ciclo lectivo. "Cuando ven que lo que plantaron crece, se impactan", dice la profesora de biología Analía Rodríguez y agrega: "En el taller hablamos de cómo la intervención humana alteró nuestro ecosistema y cuando vamos a la terraza y hacemos cosas en la huerta, lo que pasa es que nos convertimos en parte de la solución y saber eso, a los chicos los apasiona. Cada uno puede llegar a replicarlo en su casa y eso ya es parte de crear una cultura".

Trabajo manual

Para las docentes que coordinan el Taller de Problemática Ambiental, del que participaron este año un centenar de jóvenes, la esencia del proyecto está puesta en el trabajo manual y en el poder ver con sus propios ojos los procesos de la naturaleza que se enseñan en el salón. "A veces explicás la fotosíntesis o hablás de los polinizadores, de la importancia de no matar a las abejas, pero cuando lo ven in situ, es otra cosa. Es toda una emoción, quieren participar, relacionan, preguntan, es el poder hacer. Cuando ellos hacen es como que les cierra la idea", dice Analía.

Las profesoras de geografía Erica Lugo y Andrea López —que completan el equipo junto a la docente de biología María Fernanda García— destacan la manera en que las y los jóvenes reconectan con la tierra al momento de ir a la huerta. Tocar la textura de la tierra, manipularla, ensuciarse las manos al impermeabilizar los canteros con aceite reciclado, genera un clima apacible en la terraza verde. "Este tipo de actividades los trae de vuelta a la tierra. Uno nota que hay otro espíritu. Interactúan pero en calma, bajan. La reacción que tienen los chicos es hermosa. Les encanta. Nunca pude tener un curso tan ordenado como el día en que fueron a la huerta y esperaban en hilerita su turno para plantar. Fue impresionante, hay algo que funciona distinto y para mí tiene que ver con que el alumno está a gusto", dice Andrea. A partir de ahí, se genera un espacio cooperativo, se pone en valor el trabajo en grupo y cada uno aporta lo que mejor le sale.

Desde el taller defienden el trabajo interdisciplinario y consideran que la educación ambiental más que una materia, es un espacio curricular donde diferentes disciplinas se juntan para crear algo nuevo. Desde lo pedagógico además confían en el desafío de que las y los estudiantes aprendan haciendo y puedan integrar en esa práctica los contenidos científicos. "El Politécnico se caracteriza por tener clases muy expositivas, que está bien que sea así porque las materias lo ameritan y la atención del alumno es constante en términos generales, pero evidentemente también necesitan de un espacio en donde poder hacer de otra manera y eso quedó demostrado con la experiencia de la huerta", opina Andrea como docente y ex alumna del Poli.

Entre risas y humoradas, las profesoras recuerdan cómo fueron esos días de la primera cosecha en la terraza. Habían sacado cebollas de verdeo y las y los chicos de 2º decidieron repartirlas entre los directivos del colegio. Entonces atravesaron los pasillos, fueron a varias oficinas y en el camino iban dejando tras de sí el aroma a cebolla por toda la escuela. El colegio entero se hizo eco del proyecto de la huerta, bromean las docentes cuando rememoran el hecho.

Como este año se trató de una experiencia piloto, las verduras recolectadas tuvieron como destino el consumo personal, pero la idea a futuro es ampliar la superficie cultivada, colocar más huerteras y abastecer al bar de la escuela, con el objetivo de promover ahí la elaboración de comida saludable para los alumnos.

Un proyecto para la vida

La propuesta inicial, que este año dio vida a la huerta, se puso en marcha en 2014 con una terraza verde. Esa fue la primera intervención ambiental que se llevó adelante en la escuela y tuvo lugar después de que el grupo de profesoras presentara la iniciativa que resultó ganadora en la convocatoria Proyectos de Desarrollo Tecnológico con Inclusión Social que impulsaba el Programa País Ciencia organizado por Conicet - Medife. A partir de ahí las docentes no pararon de generar propuestas para unir a ese espacio los contenidos curriculares. Desde entonces, la terraza verde funciona como un laboratorio a cielo abierto ya que, en ese espacio de 40 metros cuadrados que está ubicado frente a la huerta, experimentan con las especies autóctonas. "Las plantas fueron creciendo de manera natural en el paño y eso nos permitió trabajar con los chicos de 3º año en la elaboración de un herbario", cuenta Erica sobre esa actividad que les permitió a las chicas y a los chicos conocer cuáles son las plantas que crecen en la ciudad, sin intervención humana.

También el reciclado

A ese proyecto, se sumó luego el reciclado de pallets, que desarrollaron estudiantes de los cursos más avanzados en el área de carpintería y construcciones y de ahí salieron los jardines verticales y las huerteras en la terraza. "Hoy por hoy prevalece la idea de que lo que se aprende en la escuela no tiene nada que ver con la realidad y eso es terrible porque la escuela es una institución que tiene como finalidad formar para que los chicos puedan hacerle frente a una realidad", dice Erica y demuestra cómo estos proyectos escolares están en sintonía con el futuro y con la vida, con poner en valor prácticas sustentables y cuidar el medioambiente. A su lado Nélida, a la que todas reconocen como la cabeza del proyecto, dice con voz suave pero firme: "Los estamos preparando para que incorporen la parte ambiental más allá de la profesión que elijan en el futuro. Les estamos dando herramientas para que puedan comprender cómo tienen que actuar para vivir en un mundo mejor. Me parece que es encaminarlos hacia un escenario posible y vivible".

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