
Ilustración: Chachi Verona
El límite entre la selva y el bosque se había vuelto difuso. En Selbos convivían animales de ambos espacios sin mayores problemas, más que los de la caza entre unos y otros para subsistir.
El león era el rey de ambos y gobernaba como podía, muchas veces no llegaba a dar soluciones a los conflictos, trataba de ser justo pero su trabajo se había vuelto muy difícil y muchos no hacían caso a su autoridad.
Había llegado la pandemia del coronavirus a Selbos y causó gran revuelo. La había traído una gaviota viajera que venía de Oriente. Sin saberlo había contagiado a unos patos y castores en la laguna.
Ante el inminente contagio, el león decidió cerrar las fronteras de la selva y el bosque y mando a vigilar el espacio aéreo a águilas y halcones. Habló con los tigres y panteras para que cuiden y hagan cumplir la cuarentena. El conejo tambor leyó las instrucciones y órdenes del león y pegó carteles en los árboles para que todos vieran. Todos en sus casas y refugios, nada de abrazarse ni tocarse, distanciamiento y ante cualquier síntoma de fiebre hablar con el Doctor Elefante para que envíe a las enfermeras bambis que pronto irán a asistirlos.
Al principio todos tomaron la cuestión muy en serio, pero algunos comenzaron a distorsionar y cambiar la información, a dar noticias falsas. El primero fue el sapo bocón, seguido por la víbora. Querían confundir a los animales y desprestigiar al rey león.
El chancho Donald no quiso cerrar sus empresas y negocios y obligó a los monos y conejos a seguir trabajando sin ninguna protección. Algunos se enfermaron rápidamente y contagiaron a otros. Mandó a las hienas y jabalíes a cobrar las deudas de los animales enfermos y a los que estaban en cuarentena a pesar que estos no podían pagarlas.
El león pidió consejo a las tortugas y actuó rápidamente. Los tigres le cerraron los negocios al chancho por aprovecharse de la desgracia de los otros animales. Ahora había que seguir abasteciendo con alimentos a los animales que estaban encerrados en sus casas cumpliendo la cuarentena. Las ardillas ofrecieron gratuitamente repartir las nueces acumuladas en su cooperativa para el invierno. El sapo huevero, ofreció huevos delivery a la mitad del precio. Se confiscaron los alimentos guardados del chancho y los monos crearon una cooperativa para seguir trabajando y entregaron las bananas, manzanas, cocos y demás frutas y hortalizas a los ciervos que organizaron una mutual desde donde repartían los alimentos a los animales. El león controlaba los precios para que todos pudieran tener su alimento y si algún animal no podía comprar se los entregaba igual a cambio de su ayuda y colaboración.
Se cuidó fundamentalmente a los animales mas viejitos y enfermos. Los más jóvenes colaboraban haciendo barbijos y alcohol en gel para repartir y que a nadie le falte.
Un grupo de elefantes médicos con hipopótamos bioquímicos se pusieron a trabajar para conseguir una vacuna contra el malvado virus.
Al cabo de un tiempo se frenaron los contagios y enfermos. Los elefantes e hipopótamos fabricaron la vacuna y los conejos se ofrecieron como voluntarios para probarlas ¡Y fue un éxito! El león ordenó vacunar a todos. Primero a los mas viejitos y luego al resto de los animales, y cuando la pandemia del coronavirus fue vencida organizó una gran fiesta.
La sabia tortuga propuso al león que el lugar donde vivían ahora se pase a llamar Solidaridad en vez de selbos.
El chancho Donald pidió perdón por su accionar mezquino y pidió trabajar en la cooperativa con los monos, conejos y ardillas. El sapo bocón y la víbora nunca más mintieron con las noticias.
Ahora en el reino Solidaridad, todos los animales de la selva y el bosque viven sanos y felices.
Por Mariano D'Arrigo
Por Florencia O’Keeffe
