Educación

La educación terciaria como factor de inclusión

Desde el profesorado de enseñanza inicial y primaria del Normal 3 destacan la importancia de acompañar y contener a los ingresantes.

Sábado 20 de Abril de 2019

Cuando el sol de la tarde se esconde en el oeste y el cielo comienza a oscurecer, el hall del Normal 3º se puebla de estudiantes. En los pasillos, chicas que el año pasado terminaron la escuela secundaria se mezclan con algunos varones y con mujeres más grandes que retoman sus estudios. Este año 250 ingresantes se anotaron en la Escuela Normal Superior Nº 36 "Mariano Moreno" para cursar el profesorado de nivel inicial o de primaria. Hay jóvenes que son de Rosario y también están los que vienen desde más lejos, desde algún pueblo de Santa Fe o inclusive de otras provincias argentinas.

Las autoridades de la institución saben que hay tantas expectativas y realidades como cantidad de alumnas y alumnos. Por eso, desde hace años, tienen una política clara desde el inicio del ciclo lectivo: contener y acompañar. Ese parece ser el lema para garantizar las trayectorias educativas y asegurar la permanencia de los estudiantes, en un contexto de crisis económica creciente.

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Trabajo artesanal

La rectora del Normal 3, Silvia Barbieri explica que la heterogeneidad de la población ingresante es la principal característica del profesorado que funciona en Entre Ríos al 2300. "Es diverso, muy variado en cuanto a las edades y procedencias. Tenés jóvenes que son de familias de maestros, personas que son las primeras en su familia que acceden a una educación superior. Tenés mamás que postergaron sus estudios, jóvenes varones muy comprometidos con su paternidad. Personas que vienen buscando una salida laboral, gente que tiene una militancia en organizaciones sociales y que encuentra en la docencia también la posibilidad para hacer", dice y asegura que esa circunstancia implica una dinámica distinta. "Hay que atender a la diversidad y eso le da una riqueza mayor al trabajo con nuestros estudiantes. Hay un vínculo que se establece y que es más humano".

Así lo sintió Constanza Pereyra cuando llegó por primera vez a la institución para anotarse a la carrera de maestra primaria. "Yo vine a Rosario a estudiar psicología, esa fue mi primera idea. El tema es que hace un par de años empecé a trabajar para mantenerme, porque mis papás no viven acá y bueno, ahí se complicó todo", cuenta la estudiante de 24 años, oriunda de San Pedro (provincia de Buenos Aires), que compara su paso por la facultad y se queda con el terciario. "No es que no te apoyen o no te acompañen pero vos sos un número ahí. Acá es otro ambiente, como dicen las profesoras, no tenemos que tener vergüenza de decir que venimos a una escuela y vamos a hacer un terciario. Me sentí mucho más como en casa, me resultó más familiar", cuenta Constanza.

Nadia Caballero, de 21 años, opina parecido. "Desde el primer día que vine a anotarme sentí mucha buena onda, no quiero dar nombres pero en otros lugares por un papel me hicieron dar muchas vueltas y en cambio vine acá y me recibieron súper bien", asegura.

A su lado, Yanina Espinoza, de 19 años, dice que se anotó en este profesorado porque se lo recomendaron sus maestros de la primaria. Al igual que sus compañeras, cree que "en algunos establecimientos te dicen que tenés que hacer mil cosas pero no te dan información de cómo tenés que hacerlas y en esta escuela no me pasó eso". Ella iba a empezar a cursar el año pasado pero no lo hizo porque se sentía insegura y no estaba convencida de poder lograrlo. "Ahora me decidí. Pienso que puedo, en que voy a llegar y por eso me anoté", dice expectante.

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Encontrar respuestas sobre la documentación requerida, que alguien te explique detenidamente cómo funciona una correlatividad, son detalles pequeños y sutiles que pueden hacer la diferencia entre sentirse incluido o excluido de una institución educativa. "Yo insisto mucho en eso porque tiene que ver con las distintas expectativas con las que llegan. A veces es un sueño postergado, o vienen de un fracaso en la universidad y hay que recibirlas de la mejor manera posible porque eso es parte de asegurar las trayectorias escolares", dice Barbieri y recuerda las veces en que ella misma les enseñó a sus alumnas a abrirse una cuenta de correo electrónico para poder acceder a la plataforma virtual del profesorado. O los sábados por la noche, que recibía las consultas online de una estudiante que trabajaba todo el día en un shopping y que sólo disponía de los fines de semana para poder avanzar en la carrera. "Hoy es una docente excelente", dice la rectora que define la tarea en el profesorado como un trabajo artesanal. "Eso habilita. Habilita a esto de sentirse bien tratados, de sentir que pueden, que a lo mejor los tiempos no van a ser los mismos, que no va a ser un tiempo parejo pero que cada uno, a su tiempo, puede llegar. Y eso también habilita a que ellos sepan esperar los tiempos de sus alumnos a futuro. Hace que empiecen a comprender que no van a trabajar siempre con una población homogénea y cuando vos aprendes eso y lo vivís, entonces, ese futuro maestro algo de eso se va a llevar también al aula el día de mañana cuando esté trabajando", reflexiona.

"Entre los ingresantes hay mamás que postergaron sus estudios y jóvenes varones muy comprometidos con su paternidad"

Salida laboral

Constanza cuenta que cuando cambió la carrera de psicología por el profesorado de educación primaria pensó sobretodo en la inmediata salida laboral que ofrece el terciario.

"Quiero salir del rubro de la gastronomía en el que estoy hace tres años, de noche y con condiciones laborales por las que siempre hay que reclamar". Constanza sabe que, por unos años, su rutina diaria será cursar las materias y luego ir a trabajar. Vive con unas amigas y alquila. Dejar de ser moza no es por ahora una posibilidad. "Entre el trabajo y el estudio sé que se va a complicar pero le voy a poner todo para personalmente poder decir que puedo más que ser moza, que es un oficio que a mí me está ayudando un montón, pero me gustaría hacer otra cosa".

Mientras lo cuenta Nadia sonríe. Es que conoce de lo que habla su compañera. Ella vive con su novio desde hace tres años y hasta unas semanas antes de empezar a cursar, era moza pero el local cerró y ahora depende de las cervecerías que la llamen para el turno nocturno.

"Trabajar a la noche te cambia todo el metabolismo. Te levantas tarde y a veces no rendís en nada. No desayunas, comés cualquier cosa, cuando te acordás te tenés que ir a trabajar de nuevo, la verdad que sí, es cansador", dice, sobretodo cuando se combina con las exigencias de la cursada. Para ella la salida laboral también es importante. "Cuando de chiquita me preguntaban ‘¿qué querés ser cuando seas grande?', yo siempre decía que maestra jardinera, pero ya de grande escuché que no había tanta salida laboral y que es difícil conseguir trabajo de eso, entonces cambié y elegí nivel primaria".

Por su parte, Yanina cuenta que su realidad es distinta. Ella vive con su familia en la zona sudoeste de la ciudad y cuenta con la colaboración de su mamá y su pareja, que es como su propio padre, dice. "Ellos me apoyan y me dijeron que me van a ayudar en todo lo que puedan a pesar de lo que está pasando hoy en día con la plata".

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Según la rectora del Normal 3, la crisis no impactó en la matrícula de ingresantes aunque sí reconoce que la cuestión económica se nota a la hora de tener que comprar fotocopias, en el acceso a los libros y en el costo del boleto del colectivo, que a veces afecta la posibilidad de que los estudiantes lleguen a clases, sobretodo para aquellos que viven más lejos y no cuenten con otro medio de movilidad para ir a la escuela.

A pesar de todos esos contratiempos, para Barbieri se sigue apostando al estudio y a los profesorados que para ella son sobretodo un factor de inclusión social. "Cuando veo a los ingresantes no pienso en que se van a recibir, es decir, apuesto a que eso suceda, pero a mí me parece que para todas esas personas, sobretodo para aquellas que vienen de una experiencia que tal vez no sea muy grata porque se han postergado o porque se han sentido menos y no se han animado, cada tiempo que pasen acá, es un tiempo valioso. A lo mejor con el tiempo se dan cuenta de que la docencia no es lo de ellos pero a lo mejor eso habilita otras cosas. La formación que tienen, la bibliografía a la que acceden, cómo son tratados, el encuentro con otros, seguro les va a dejar cosas importantes para su propia vida".


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