educación

"Escuelas y centros de salud tienen la responsabilidad de garantizar derechos"

Dora Niedzwiecki y Camila Ríos Fernández destacan en un libro el rol del asesor en salud dentro de las secundarias.

Sábado 17 de Julio de 2021

Los contenidos de la ESI en acción (Lugar Editorial) es el nombre del libro de Camila Ríos Fernández y Dora Niedzwiecki, un trabajo que recoge la experiencia desarrollada en talleres de formación en distintas provincias sobre el rol del asesor en salud dentro de las escuelas secundarias. Una figura inscripta en el plan de reducción del embarazo no intencional en la adolescencia (Plan Enia).

Dora Niedzwiecki es coordinadora del proyecto Vida Cotidiana y Escuela de Flacso Argentina. Camila Ríos Fernández es docente de la diplomatura internacional de educación sexual integral de Flacso. Pero más allá de su formación, las autoras se definen en el libro como talleristas. Es que fue en esos espacios que detectaron “la necesidad urgente de actualización conceptual y mejora en la coordinación de acciones entre ambos sectores —salud y educación— para que las niñeces y adolescencias obtengan un acceso concreto y real a sus derechos de la mejor manera posible”.

De esa experiencia —dicen las autoras en el libro— emergieron algunas certezas, como el desconocimiento existente acerca de normativas vigentes fundamentales y resistencias “nacidas de prejuicios, temores y representaciones cristalizadas”. El libro lleva el prólogo de Fernando Zingman (especialista en salud de Unicef Argentina) y dibujos de Josefina Ponce.

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Cuidar y acompañar

En octubre se cumplen 15 años de la sanción de la ley de educación sexual integral (ESI), aunque su aplicación es dispar en las escuelas. Frente a este escenario, las especialistas afirman a La Capital que si bien el país cuenta con un marco legal que protege infancias y adolescencias, aún hace falta una transformación “en los modos de pensar de muchas personas para que esto se vea impactado en el territorio”. También reflexionan sobre el espacio y voz del colectivo adolescente en relación a la ESI y del impacto de la pandemia en ellos, ya que “visibilizó desigualdades materiales y simbólicas” que deben ser atendidas con urgencia.

La asesoría integral en salud —explican las autoras— es un espacio articulador entre las escuelas y los servicios de salud, considerado como un ámbito de fortalecimiento institucional y de acceso directo para adolescentes dentro de cada escuela, a fin de materializar políticas de cuidado en los establecimientos educativos. Según destaca Zingman en el prólogo, estas asesorías “constituyen una respuesta concreta a cómo se cuida y acompaña a las adolescencias e implican una articulación entre dos instituciones sociales ineludibles de los ámbitos de la salud y la educación”.

—¿Cómo entienden el vínculo entre docentes y trabajadores de salud en el tema de las asesorías que plantea el libro haciendo foco en ESI?

Dora— Esta es una idea que comenzó a tomar cuerpo en la práctica cotidiana, en talleres en diversas provincias del país, cuando se decidió generar instancias de formación para un nuevo rol que se venía configurando: el de asesores y asesoras en salud dentro de la escuela secundaria. La propuesta fue instalar las cuestiones relativas al acceso a derechos de infancias y adolescencias, al mismo tiempo que contribuir a la coordinación de acciones entre los sectores de salud y educación para que la corresponsabilidad entre sectores suceda. Se trata de un rol que actualmente se inscribe en una política pública federal: el Plan Enia, que es el plan de reducción de embarazo no intencional. Desde este propósito, en ambos sectores, cada profesional asume desde su área de responsabilidad la misión de aportar con su hacer al desarrollo de la población adolescente.

—A 15 años de la sanción de la ley ¿Cuáles son las trabas más comunes en la aplicación de la ESI?

Dora— Permitime aquí hacer algo de historia para recordar algunas cuestiones muy necesarias que van a colaborar en comprender el marco en que surge la ESI, el contexto general. En la Argentina existe un marco normativo que protege infancias y adolescencias. Este marco es el resultado de un proceso que se inicia en 1989 cuando la Asamblea de Naciones Unidas aprueba la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CIDN). Es un hecho que marca el inicio de un fuerte cambio en el mundo y que se ve reflejado en la Argentina cuando esta convención es ratificada un año después, en 1990. Un poco más adelante, en 1994, esta convención se incorpora a la Constitución Nacional. ¿Qué significa esto? Que nuestro país asume el compromiso y la responsabilidad de garantizar el respeto y cumplimiento de los derechos de cada vida infantil y adolescente. A partir de entonces, y partiendo de la sanción de la ley de Protección Integral de los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (ley 26.061), nacen también un conjunto de leyes dentro de las cuales la ESI, la ley de igualdad de género y la ley de educación nacional entre otras son parte. Con este brevísimo relato lo que nos interesa visibilizar es que leyes como la ESI son una respuesta normativa importantísima y que dan cuenta de un cambio cultural, de un cambio de paradigma. Pero si bien estas leyes son necesarias no resultan suficientes para cambiar de modo automático y rápidamente el funcionamiento de las instituciones, en este caso familias y escuelas, construidas por más de un siglo bajo una matriz que invisibilizaba y marchaba a contrapelo de estas cuestiones. Entonces, a 15 años de sancionada esta ley, contamos con un respaldo legal fundamental que requiere de muchos cambios aún en los modos de pensar de muchas personas para que esto se vea impactado en territorio.

—Además de negar un derecho, ¿qué cosas puede invisibilizar la no inclusión de la ESI en las aulas?

Camila— Considerando la contextualización que realizamos más arriba, hay cuestiones muy importantes a dar a conocer e instalar en las instituciones. Por ejemplo, el paradigma de protección de derechos, modelo que se separa de actuar “sobre las personas” y se acerca a facilitar y promover un desarrollo autónomo y progresivo sobre el ejercicio de los derechos de las personas. Y esto vale para profesionales de la salud, de la educación, del ámbito de la justicia o desarrollo social tanto como para cualquier adulta o adulto responsable. Por ejemplo, y como señalamos en nuestro libro, ante el caso de cualquier niña, niño y adolescente que acude por su propia iniciativa a un centro de salud para solicitar una práctica o prestación, siempre será atendido. ¿Por qué?, porque con este acto demuestra contar con la madurez suficiente como para reconocer que tiene una situación de salud y sus actos dan cuenta de haber elegido la alternativa de acción adecuada (ir a una institución y hacerse atender por profesionales de la salud). Es en este sentido que podemos afirmar que esta persona presenta las competencias necesarias para ejercer su derecho a la salud de manera autónoma. Es importante tener esto presente debido a que no es raro aún hoy encontrar profesionales de la salud que exigen venir en compañía de adultos para ser atendidos. Y cuando hablamos de tener clara por ejemplo esta cuestión nos referimos tanto a quienes trabajan en escuelas como en instituciones de salud. De allí la importancia de las asesorías en salud en las escuelas secundarias.

—¿Hay alguna experiencia concreta que les llamó la atención para destacar?

Dora— Las asesorías en salud dentro de las escuelas secundarias constituyen una respuesta concreta a cómo se cuida y acompaña a las adolescencias. Están concebidas como instancias de acceso a derechos y a recursos disponibles respetando los ritmos progresivos y singulares de conquista de autonomía. En varias provincias de nuestro país hay experiencias muy interesantes donde esta línea política se instala con fuerza como por ejemplo la provincia de Chaco, que con apoyo político, asignación de recursos y asistencia de variados ámbitos viene instalando de modo sostenido las asesorías y en donde las y los adolescentes tiene un rol protagónico.

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—Adolescentes y jóvenes marcan agenda y participan en centros de estudiantes. ¿Es escuchada su voz respecto a la ESI?

Camila— Es importante destacar que el colectivo de las adolescencias viene ocupando, de modo creciente, un espacio en la mirada y ocupación del mundo adulto, que se pregunta cómo se cuida y acompaña. La agenda urgente, en lo que refiere a políticas de cuidado entre las cuales ESI tiene un lugar relevante, se relaciona con generar condiciones que visibilicen a cada niña, niño y adolescente por fuera de estigmas o clichés. Por ejemplo, mediante la adopción de la perspectiva de género y el debate respecto al uso del lenguaje inclusivo en el trabajo con estos grupos.

—¿Cuál es su mirada sobre la frase “con mis hijos no te metas”?

Camila— Bueno, no nos enojamos con esos posicionamientos porque entendemos que no todas las familias cuentan con la información suficiente para comprender que el Estado, en este caso la escuela o las instituciones de salud o las defensorías, espacios por los que circulan chicas y chicos, tienen que poder contar con adultos garantes de sus derechos. En este caso “meternos” con las y los chicos es hacer lugar al marco de derechos. Impedir que se obture el acceso a derechos de cada vida. Además, tengamos presente que la reformulación del Código Civil ha realizado un cambio sustantivo. Reemplaza la figura de patria potestad por la de responsabilidad parental, con lo cual las familias tienen la responsabilidad de garantizar derechos como así también las escuelas y los centros de salud.

—¿Cómo impactó la pandemia en relación al cuidado y acompañamiento desde esta perspectiva que plantean?

Dora— La pandemia ha puesto bajo la lupa, visibilizado y aumentado terriblemente las desigualdades preexistentes. La falta de acceso a derechos, como por ejemplo la posibilidad de contar con una computadora en el marco de la continuidad pedagógica y el acceso a datos móviles, ha distanciado aún más las posibilidades de acceso. En este contexto, en que el aislamiento se relacionó directamente con la supervivencia, estar imposibilitadxs de comunicarse entre pares, por ejemplo acrecentando sentimientos de soledad y alimentando angustias, forma parte de las desigualdades materiales y simbólicas que tenemos la responsabilidad de atender. Estas también son cuestiones que nos interpelan en relación al cuidado y acompañamiento responsable de infancias y adolescencias.

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