El corto perteneciente a la serie "Yo amo Rosario" estrenado a principio de semana, ha recibido amplia difusión en los medios locales. La atenta observación del spot permite advertir la existencia de un gran ausente: la identidad de Rosario y la de su gente. Sitios característicos e incluso la escultura del Negro Olmedo sirven de circunstanciales escenarios al despliegue de costumbres, usos y tradiciones que caracterizan a otras identidades. Los rosarinos no soñamos con toros corriendo azorados por los túneles de la ciudad, no con delantales transformados en improvisados instrumentos de lidia por un nostálgico aprendiz de torero. La identidad es una construcción colectiva, conformada por un grupo heterogéneo de personas, que interactúan en un espacio y tiempo que los atraviesa y constituye. Códigos, lenguas, pasado, presente, futuro y lazos peculiares estructuran una amalgama que se condensa, se expande y se modifica, dando lugar a configuraciones diversas ligadas a una raíz original que es móvil, inasible, sólo observable a través de sus manifestaciones emergentes, pero siempre presente. La identidad no es negociable porque es el espejo que nos permite reconocernos como integrantes de un grupo humano con una idiosincrasia común. Los actores de la historia pueden ser importantes, reconocidos, valiosos e incluso representativos, pero son siempre lectores parciales del discurso integrador y global de la identidad social. Messi es una figura justamente reconocida y valorada a nivel mundial. Barcelona es una ciudad hermosa, pero para los próximos: "Yo amo Rosario" sería deseable que rescatara la identidad de éste humilde rincón del mundo donde muchos estamos haciendo "camino al andar".





























