Es tan espléndido el rincón del parque Urquiza que da a Pellegrini con los palos borrachos, eucaliptos, ceibos, cotorras, chicharras y el Planetario como inseguro. No se les ocurra bajar por las escaleras adornadas con esas dos hermosas farolas añejas, pues los van a estar esperando esos "chicos solos y desahuciados", abandonados por sus afectos y la sociedad para saquearles algo de valor. Ya los vecinos tenemos los horarios estipulados para ver el sol, caminar con nuestros aliados fundamentales (perros y gatos), sacar la basura o ser arrebatados como presas primitivas de nuestras ausencias sociales y políticas. Hay una especie de dualidad con estos "arrebatadores" por llamarlos de alguna manera. Sabemos que son carentes de "herramientas" para estar integrados a esta cotidianidad nauseabunda, pero a la vez uno detesta la violencia y el apriete. Así las cosas, pronto hay elecciones que debieran ser el puente hacia soluciones básicas de nuestras problemáticas diarias. No creo posible una sugerencia saludable entre tanta mediocridad circundante.



























