En cartas de lectores del 6/11/2008, página 15 de La Capital, una carta titulada "Vecinos molestos por bar de la zona" contiene un tema constante y afligente: una señora se queja de los ruidos molestos provenientes de un inocente bar de día y boliche insufrible los viernes y sábados a la noche, ubicado en San Lorenzo al 1500. Comprendo el malestar y la irritación de esos ciudadanos, yo he pasado por eso. Como encontré la vía para solicitar a la autoridad municipal una inspección para la constatación y supresión de esos abusos, y conseguí lo que pretendía, quise llamarla para ayudarla. No estaba al pie de la carta sino el DNI de la autora. También he solicitado solución en veredas intransitables, pero siempre describiendo el lugar con precisión y presentándome. Lo importante es ubicar a el o los funcionarios en el muy complejo organigrama administrativo, no hay que cansarse, discar teléfono tras teléfono, y una voz amable nos dirigirá al número correspondiente. Una vez ubicado el funcionario responsable, no tardan en hacer el arreglo o la inspección que se solicitan, a veces de inmediato. Yo he llamado luego agradeciendo el servicio. Rosario es caótica, se incumplen todas las normas, todo se complica, los problemas superan muchas veces a la posibilidad de corregirlos. Lo usual es escuchar en todo lugar quejas sombrías sobre la ineptitud municipal, y cosas peores, pero no se colabora con quien puede aliviar nuestros diarios fastidios. La señora de la carta se queja con razón, dice su problema, pero no pasa de allí, no se identifica, lo que hace inútil su queja. Pongamos la cara, ayudemos, o guardemos silencio y aguantemos. Terminemos con "¡Y...qué se le va a hacer...!" y "El no te metás", "Y esto cada vez es peor". Debemos ser más comedidos y menos temerosos, nadie nos arregla nada si no participamos adecuadamente. Es demasiado fácil quejarse sin arriesgarse, y así los peligros perduran y aumentan.
































