El pasado 4 de julio la ciudad volvió a amanecer vandalizada. Como consecuencia de los festejos por el triunfo deportivo, decenas de fachadas de casas y negocios aparecieron pintadas de rojo y negro. Sobre calle Pellegrini un refugio de colectivos quedó pulverizado cuando un grupo de hinchas arremetió con palos y piedras. Los estruendos de los rompeportones alteraron a los perros del barrio que enloquecidos daban con sus cuerpos contra las paredes. Esa misma noche, cerca del microcentro, alguien detonó una bomba de estruendo frente a una casa donde una mujer hacía su recuperación poshospitalaria, lo que obligó a que fuera atendida como consecuencia de los sobresaltos. Nadie puede explicar qué fue lo que hizo que una vez más tanta gente confundiera la idea de festejo con la necesidad de destruir el patrimonio que nos pertenece a todos. A la pareja de jubilados a la que le destrozaron la ventana de su casa y que a duras penas llega a fin de mes, ¿quién le pagará los arreglos? ¿Quién se hará cargo de pagar los contenedores de basura que fueron transformados en trincheras y abollados a puñetazos al punto de quedar destruidos? ¿Por qué deberíamos pagar todos lo que un grupo de violentos transforma impunemente en desecho? No hubo clase que no formara parte de la horda. En los festejos de la semana anterior un auto cero kilómetro arremetió contra una pareja que esperaba el colectivo en la esquina de Corrientes y Pellegrini gritándole “aguante la lepra”, los enfocaban con sus reflectores y los escupían. En otra esquina un grupo de adolescentes humildes tiraba piedras contra las luces del semáforo tratando de hacer blanco. Nadie puede explicar qué tiene que ver eso con la alegría. No se trata de convocar a ninguna acción represiva de esas que terminan generando más daño del que pretenden evitar, sino de preguntarnos por la caída más brutal de los valores de ciudadanía y convivencia, esos valores esenciales que forjan la vida en común y que hacen posible vivir lo más pacíficamente posible a todos los que formamos parte de la especie humana.































