Resulta difícil saber quiénes son los que arteramente atacan símbolos que evocan el pensamiento crítico o bien acontecimientos luctuosos que tuvieron como víctimas a luchadores sociales, hijos del pueblo. El reciente ataque al busto que recuerda al ensayista Arturo Jauretche, emplazado hace pocos días en el Parque Urquiza es un hito más del vandalismo político que al destruir símbolos cree poder borrar de la memoria colectivas acciones e ideas. Nuestra perspectiva es más cercana a las posiciones de Ezequiel Martínez Estrada que a las de Jauretche, pero consideramos que este ataque se suma a los que desde hace años se perpetraron contra otros recordatorios, como por ejemplo la placa que en calle Salta recordaba el lugar de vivienda del obrero anarquista catalán Joaquín Penina fusilado por la dictadura de Uriburu en 1930. También la placa que recordaba el asesinato de este militante obrero en el Parque Sur, a orillas del arroyo Saladillo. Además, fue dañada hace años, en plena década infame del menemato la placa emplazada en calle Santa Fe entre Dorrego y Moreno colocada por los Familiares de Detenidos y Desaparecidos por la última dictadura militar. Nada de esto es casual, sino causal. Destrozaron también el recordatorio a las víctimas del diciembre trágico de 2001, ubicado en la plaza frente al Concejo Municipal. Durante la dictadura secuestraban personas y quemaban libros, también a sus portadores; en esa época destruyeron lo que pudieron de la Biblioteca Constancio C. Vigil, secuestraron material documental y libros de la Biblioteca Alberto Ghiraldo de Unión Socialista Libertaria y vaya paradoja quitaron el busto de Mahatma Gandhi emplazado en el Parque Urquiza, toda una señal. Marcar estos acontecimientos nos parece necesario porque muestran la persistencia y presencia de acciones inspiradas en ideologías fascistoides en nuestra sociedad.






























