Si hay algo de lo que los santafesinos podemos sentirnos orgullosos a nivel institucional, es de haber sido pioneros en la implementación de la boleta única cómo sistema de votación en todo nuestro territorio. Más aún, es el sistema de boleta única más exigente a la hora de votar, ya que no se constituye una boleta afiche con todas las candidaturas (como sucede por ejemplo en Córdoba) y que todavía permitiría el efecto de arrastre al contar con casillero para votar a todos los candidatos de un partido o alianza. Sin embargo, este instrumento del que tanto nos ufanamos, nos genera una sensación de falsa seguridad que es preciso señalar. Por un lado, desde su implementación, ha surgido la falsa idea de que a partir de la implementación de este sistema no es necesario contar con fiscales en el proceso electoral para controlar todas las mesas. Es decir, ha surgido el mito de que el sistema se controla solo. Ello no es cierto. La boleta todavía cuenta con grietas por las cuales el fraude puede colarse y queremos señalarlas. Una de esas grietas es la posibilidad de convertir un voto válido en voto nulo. El sistema prevé que una boleta única que ha marcado a más de un candidato es un voto nulo. Por lo tanto, si nos encontráramos en el supuesto de un presidente de mesa que no tiene fiscales controlando y posee intereses partidarios, o que actúe en connivencia con un fiscal, puede tranquilamente con una simple birome transformar un voto válidamente emitido en un voto nulo agregándole una marca en otro casillero. Asimismo, todos aquellos que hemos participado alguna vez en un recuento de voto con boletas únicas, hemos visto casos en que las marcas no son claramente hechas en el casillero impreso a tal fin, utilizando para señalar el candidato votado, por ejemplo, hacer un círculo alrededor de la foto. Sin fiscales de distintos partidos, la autoridad de mesa puede llegar a señalar dicho voto como voto nulo o en blanco si no hay nadie allí que defienda el voto emitido donde claramente se lee la intención del votante. Finalmente, nos encontramos con la última reforma que se le ha introducido al sistema días atrás en la Legislatura provincial: la eliminación del casillero de voto en blanco. Desde nuestro punto de vista esta modificación debilita, en materia de transparencia y eficacia, a la boleta única. A partir de este momento, todo votante que quiera votar en blanco deberá dejar todos los casilleros vacíos de la boleta y ello indicará que no quiere elegir a ninguno de los candidatos. Aquí nuevamente nos encontramos con un claro caso en donde se puede cometer fraude. Sin fiscales, o con fiscales en connivencia con presidentes de mesa infieles, el voto en blanco puede ahora fácilmente transformarse con un simple bolígrafo, en un voto válido para un candidato. El voto en blanco que antes estaba protegido a través de una clara marca en un casillero para dicho fin, ahora se convierte en una clara invitación a la tergiversación de la intención del votante. A partir de esta reforma el voto en blanco es un voto sin protección. Por todo lo expuesto anteriormente, y más aún con la última reforma a la boleta única es que sostenemos desde este espacio la imperiosa necesidad de fiscalización de las elecciones a nivel local, aún cuando contemos con un excelente sistema de votación. La democracia no es solamente votar, sino que necesita imperiosamente del compromiso ciudadano en su construcción. La fiscalización es uno de los caminos que debemos recorrer para seguir construyendo democracia.
































