Policiales

Una pelea absurda, detonante del crimen por el que un taekwondista fue condenado a 18 años de prisión

Flavio José Conde recibió esa pena por matar de dos disparos al taxista Matías Rafaelle en un after de Balcarce y Brown

Martes 27 de Octubre de 2020

Los cinco testigos estaban dentro del bar. Todos contaron que el taekwondista Flavio José Conde mató de dos balazos al taxista Matías Rafaelle en un after de Pichincha en marzo de 2019. Lo dijeron en el juicio oral por el crimen del joven de 25 años que ayer terminó con una condena a 18 años de cárcel para el experto en artes marciales de 54, que nunca reconoció haber cometido el hecho. Fue condenado como autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego y la portación de un arma de uso civil.

Los jueces Hebe Marcogliese, Patricia Bilotta y Gustavo Pérez de Urrechu condenaron ayer a Conde a 18 años de prisión por el crimen ocurrido en un minibar de Balcarce y Brown que funcionaba como after. El fiscal Luis Schiappa Pietra había requerido 26 años de prisión para el acusado por el episodio, de una violencia desmedida ante la absurda situación que aquella mañana provocó una pelea en el local de Balcarce 7 bis adonde el taxista pretendía terminar la jornada tomando algo con amigos.

El fiscal Schiappa Pietra se mostró conforme con el resultado del juicio. En sus alegatos había requerido una condena alta ante “el enorme daño que provocó una persona que, por su edad y su formación, tenía herramientas para reaccionar de otra manera”. El fiscal consideró que finalmente se obtuvo “una pena importante” para un imputado sin antecedentes” y remarcó que “siempre estuvieron muy claras su responsabilidad y la autoría en el crimen de un chico laburante, ligado al arte y a la música, al que le gustaba viajar y no tenía problemas con nadie”.

Según expuso en el juicio, la madrugada del domingo 17 de marzo de 2019 el instructor de artes marciales había estado varias horas molestando, haciendo alarde de su condición de deportista y buscando problemas entre los asistentes al bar y after Oktubre, de Balcarce 7 bis. En un momento el encargado le dijo a Conde que se retirara porque estaba alcoholizado y causando problemas. Pero al rato, cerca de las 8, volvió. Pateó la puerta y pidió que lo dejaran ingresar a buscar unas pertenencias. Entonces volvió a cruzarse con los clientes. Entre ellos Matías, quien le recriminó que por su condición de instructor de artes marciales _tratándose de una práctica defensiva_ no podía estar buscando pelea.

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“Tanto que sos quinto dan y estás haciendo eso”, contaron que le dijo el taxista, quien tenía conocimientos de artes marciales y le planteó que esa no era la conducta apropiada de un profesor. Así se inició una pelea que pasó de las palabras a los puños. Fue entonces que en medio del forcejeo el profesor de taekwondo, de manera inesperada, sacó un revólver del bolsillo del pantalón y efectuó al menos seis disparos. Rafaelle fue alcanzado por dos balas en el abdomen y murió a las 18 de ese día en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Otros parroquianos lograron desarmar al agresor y retenerlo hasta que llegaron policías de la Brigada Motorizada. En el revuelo, el arma desapareció.

Al día siguiente el bar fue clausurado por la Municipalidad. Si bien el espacio estaba habilitado para funcionar como bar americano las 24 horas, los vecinos lo apuntaron como un lugar problemático. Hubo movilizaciones y reclamos por el caso, que tuvo a Conde en prisión preventiva hasta el inicio del juicio oral la semana pasada.

"En realidad es todo muy confuso lo que pasó, no fue así. Pero no lo tengo bien en claro. Lo que sí se es que no hice esta aberración. Nunca tuve un arma ni nada por el estilo. No entiendo cómo se me acusa de esto. Sinceramente no tengo claro como se dieron las cosas”, dijo en la primera audiencia imputativa el taekwondista, quien según se planteó entonces tenía un problema de adicción a la cocaína.

El acusado indicó que era la tercera vez que concurría al local y admitió haberse ofuscado porque los parroquianos usaban su guitarra: “Se la pasaban entre uno y otro. La agarraba gente que no sabía tocar. Entonces dije «basta» y la guardé en la funda. Cuando alguien agarra la guitarra hace cualquier cosa, no hace un acorde. Yo la rasco, pero le tengo respeto. Algunos hacían acordes, otros no", explicó, pero dijo no haber escuchado los disparos.

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Al declarar en el debate oral, el acusado mantuvo la misma tesitura que había planteado desde el inicio: negó haber cometido el crimen y dijo no entender de qué se lo acusaba. Exaltado y en tono agresivo, dijo que volvió al bar para recuperar su guitarra e incluso recreó algunas situaciones de esa mañana, pero “nunca brindó una hipótesis alternativa de lo que ocurrió”, dijo el fiscal.

El arma no fue hallada pero en la requisa del after se secuestró una guitarra negra tipo criolla que pertenecía al acusado. En un bolsillo de la funda del instrumento se halló el resorte de un cargador y un recipiente de plástico negro con seis cartuchos intactos calibre 22. La acusación además presentó en el juicio a cinco testigos del crimen que relataron los incidentes previos. De ellos, dos presenciaron el momento en el que Conde sacó el arma y disparó.

El juicio tuvo momentos de intensidad emotiva, como cuando declararon los amigos de Matías _jóvenes ligados al rock y a una murga_ y el padre del muchacho, quien le señaló al acusado que la víctima podría haber sido su hijo. En el debate se expuso además el drama familiar que ocasionó la pérdida del muchacho, cuyas abuelas fallecieron en medio del duelo en el año posterior al crimen.

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