En uno de esos encuentros de los últimos días en los que simula participar de un diálogo con empresarios y sindicalistas, Cristina Kirchner anunció con bombos y platillos que se aumentaría el mínimo no imponible en el impuesto a las Ganancias, de forma tal que no pagarán el tributo los trabajadores que ganen menos de 15.000 pesos por mes. Esta medida confirma la vigencia del “modelo”. Como sabemos, por tal, no se entiende un conjunto sistemático y coherente de políticas públicas, sino el más puro personalismo, que lleva a adoptar decisiones sin otro fundamento que el capricho del mandamás. Se trata de una demorada e insuficiente actualización que compensa parcialmente los efectos de la inflación de los últimos años. Al mantenerse congelado el valor del mínimo no imponible y subir anualmente los salarios debido al incremento de los precios, nuevas franjas de trabajadores fueron alcanzadas por el impuesto, a tal punto que llegó a ser una preocupación para los dirigentes sindicales, que antes no se habían interesado en ese asunto. Ellos y otros que se opusieron a esa situación acuñaron la frase “El salario no es ganancia”. En verdad, el tema no radica en que se graven salarios, sino en que el impuesto sólo debería aplicarse sobre los ingresos altos, ya sea que provengan de trabajadores en relación de dependencia o de otras fuentes de ingresos. El gobierno nacional dispuso que en los recibos de sueldos figure una leyenda que indique que el “beneficio” es otorgado por el Poder Ejecutivo. Sólo con esto basta para entender el carácter electoralista de la medida. No hay, además, ningún beneficio, y menos como una concesión graciosa de su majestad. Lo que hubo por mucho tiempo fue un indebido perjuicio que afectaba a trabajadores y jubilados. La actualización del mínimo no imponible no debería ser interpretada como una dádiva presidencial. En la propia ley del impuesto a las Ganancias debería preverse su actualización automática en función de algún índice confiable de aumento salarial promedio. Por lo demás, la suba del mínimo no imponible tendrá un efecto transitorio, porque en un lapso breve volverá a ser devorada por la inflación y, muchas personas que ahora quedaron exentas pagarán nuevamente el tributo con los próximos ajustes salariales fruto de las paritarias últimas, incluso con alícuotas más elevadas, habida cuenta que tampoco se ajustaron las escalas del impuesto, las que hace años se encuentra congeladas. Para financiar esta pérdida de recursos fiscales se prevé un nuevo tributo que recaerá sobre las ya castigadas empresas, el cual tampoco llega a compensar lo que se dejará de recaudar. De bajar el gasto, ni hablar. Tampoco de tomar deuda, dados los conflictos de nuestro país en este terreno. Sólo queda, entonces, la salida más fácil y la más regresiva para los trabajadores: impulsar con renovado fervor la actividad de la “maquinita”; es decir, emitir más dinero sin respaldo, lo cual en un ambiente de creciente desconfianza y de huida del peso alimentará una mayor inflación. Todo puede hacerse en la economía de un país, menos escapar de las consecuencias.


































