Me adhiero a la carta destacada de la señora Susana Rabinobich, titulada “Una mala elección”, publicada en esta sección de La Capital del día 31/07/2013. En virtud de quien suscribe, haber pasado por las mismas calamidades de ciertos malos médicos, a pesar de los juramentos y rejuramentos realizados en su graduación. El Código de Etica Médica, entre otras cosas, dice: “En toda actuación el médico cuidará a sus enfermos ateniéndose a su condición humana. El médico prestará sus servicios ateniéndose más a las dificultades de la enfermedad que al rango social o recursos pecuniarios de su paciente”. Como también el juramento hipocrático… “he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia... Después tenemos el juramento hipocrático de la Convención de Ginebra: “En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad…”. Y así siguen los juramentos, como el anglosajón de 1964, redactado por el doctor Louis Lasagna de la Facultad de la Universidad de Tufts, una de las principales de los Estados Unidos. A mi entender, esto parece una modalidad en el semillero de actuales geriátricos rosarinos, donde la mayoría que se dicen enfermeras, no poseen títulos habilitantes y realizan tareas de cocineras, limpieza, entre otras, tareas que tendrían que ser debidamente controladas por los respectivos departamentos de Salud Pública.




























