El sábado 6 de diciembre fuimos a participar de un acontecimiento y, sin querer, nos vimos involucrados en dos: Universitario de Rosario inauguró su cancha de césped sintético y le robaron la mochila a Luciana Aymar. Desde temprano hubo clima de fiesta porque los de Uni íbamos a ver concretado el esfuerzo y sacrificio de muchos años de lucha y trabajo y, además, venía a jugar la mejor de todos los tiempos. Inadmisible lo del robo y entiendo la bronca de Aymar quien decidió no participar ya que su estado de ánimo no era el mejor. El partido se realizó y el resultado fue anecdótico. Haciendo un balance de la jornada, caben algunas consideraciones: destaco la tarea de todos los que hicieron algo por la cancha y considero lamentable lo que le pasó a Luciana. No comparto su actitud de quedarse en el club hasta el final del tercer tiempo aislada del resto de sus compañeras de Las Leonas y de Universitario, no jugar ni 5 minutos y ni siquiera estar presente en la cancha. Trato de comprender a los chicos y adolescentes que no entienden por qué Lucha fue pero no estuvo y se quedaron con el fibrón en sus manos y sin la firma en sus camisetas. Valoro la actitud de Amalia Cerutti, la jugadora de Jockey, que pasó por la misma situación de Aymar pero nunca dudó en participar y se brindó plenamente para ser parte de la fiesta. Luciana, seguirás siendo la mejor del mundo, destacaremos tus virtudes de jugar con la cabeza, las manos y los pies, continuaremos deslumbrándonos con tu magia aunque 5 minutos tuyos hubieran bastado para hacer más grande tu grandeza. Una lástima.




































