Soy un inmigrante italiano orgulloso de vivir en este país, pero mi historia es una de tantos italianos de edad avanzada, cuyo único ingreso es la jubilación mínima y que para poder vivir nos obliga acudir a la solidaridad para paliar nuestras necesidades. Gracias a Italia, que se acuerda de sus hijos que tuvieron que emigrar, he recibido una ayuda en medicamentos, sin cargo, a través del Comitato di Assistenza agli Italiani (CAI), entidad formada por gente voluntariosa que dedica parte importante de su tiempo a ayudar a italianos de bajos o casi carentes recursos. Ahora bien, hace un par de años, la medicación que retirábamos mensualmente del CAI ha sido reducida a un solo medicamento. Se nos dijo oportunamente que el dinero que se recibe de Italia no alcanza para cubrir todas las necesidades de los afiliados inscriptos. En el mes de agosto nos informan a todos los ancianos que tendremos este beneficio hasta el mes de septiembre del corriente año, dado que el dinero que habitualmente Italia enviaba para este fin ha sido reducido en un 70 por ciento; por consiguiente, imposible cubrir las entregas los meses venideros. La actitud del gobierno italiano nos resulta incomprensible. ¿Qué hacen nuestros representantes ante el gobierno italiano? ¿Informan de nuestras necesidades? ¿O sólo se acuerdan cuando necesitan nuestros votos? Me siento avergonzado, desprotegido de esta decisión, pues un beneficio que para Italia es una migaja, para nosotros significa seguir protegiendo nuestras vidas. Sabemos que Italia se encuentra en una mala situación económica, pero rogamos desesperadamente que con esta determinación no se busque la solución a los problemas de ahorro que aquejan a nuestra madre patria.




























