Cuando un director técnico debe decidir cómo parar su equipo para afrontar un partido
importante, tiene la obligación de saber con qué jugadores cuenta para la ocasión. Para eso debe
dejar de lado en primer término a los lesionados, los amonestados y los expulsados que no podrán
participar del juego por obvias razones. Pero también tendrá que olvidarse de aquellos hombres que,
a su buen saber y entender, no están preparados para asumir las funciones que táctica y
estrategicamente el encuentro le plantea. Esta verdad de Perogrullo parece no ser entendida por el
gobierno santafesino de cara al difícil partido que juega por la seguridad. Y así lo demuestran al
menos sus tres últimas acciones en el campo de juego, típicas de un director técnico improvisado.
La primera semana de marzo de 2009, el por entonces ministro de
Seguridad, Daniel Cuenca, anunció con bombos y platillos la creación de la Secretaría de Control de
las Fuerzas de Seguridad de la provincia. Lo hizo en respuesta al duro coletazo que significó la
denuncia presentada por el cuestionado oficial Juan José Raffo sobre la existencia de un mecanismo
de recaudación ilegal dentro de la policía santafesina. Al presentar el nuevo organismo, en una
conferencia de prensa que dio en la sede local de la gobernación, Cuenca manifestó que “ya se
le ha hecho el ofrecimiento al futuro titular del organismo, que aún no contestó pero lo hará en
los próximos días”. La respuesta que el ministro esperaba llegó recién el 24 de junio del año
pasado, cuando el ex fiscal Gonzalo Armas aceptó encabezar la nueva oficina creada casi cuatro
meses antes.
El segundo hecho que demostró la improvisación del director técnico se
produjo durante la primera semana de diciembre de 2009. Entonces, el ministro Daniel Cuenca tuvo
que dar un paso al costado en la gestión por problemas de salud y fue reemplazado por Alvaro
Gaviola, un abogado que hasta aquel día conducía el Registro Civil. En el reacomodamiento de piezas
dentro del Ministerio, fue nombrado como secretario de Seguridad el comisario retirado José Luis
Giacometti, un hombre que durante su paso por la fuerza se convirtió en un referente de la visión
más policíaca de la seguridad y cuyos pensamientos lejos están de la orientación ideológica de la
gestión Binner. El nombre del ex oficial sólo estuvo seis horas en la marquesina. Una auténtica
rebelión de la segunda línea del ministerio (los secretarios de Seguridad Comunitaria, Enrique
Font; de Control de las Fuerzas de Seguridad, Gonzalo Armas; y de Asuntos Penitenciarios, Leandro
Corti), es decir de aquellos que trazan las teorías de la politica de seguridad santafesina,
amenazó con abandonar la cancha si el técnico no reveía esa designación. Así, tras horas de
cavilaciones, el entrenador tuvo que aceptar el error y echar mano a su filial del sur provincial
para que el puesto sea ocupado por quien era secretario de Gobierno de la Municipalidad de Rosario,
Horacio Ghirardi.
Finalmente, los primeros días de 2010, se produjo el último cambio en el
equipo de la seguridad. Gonzalo Armas dejó de controlar a las fuerzas y asumió en su lugar Facundo
Pascheto, un abogado rosarino especialista en derecho penal. Así se llegó hasta estos días de
febrero dónde una decisión política del gobierno descabezó, por su antigüedad y no por sus
capacidades, a gran parte de la cúpula policial de la provincia. Y una vez más, el director técnico
volvió a mostrar su falta de conocimiento e improvisación designando para Rosario a un jefe de
unidad que enseguida fue cuestionado. Por eso, antes de jugar el partido es importante saber con
qué jugadores se cuenta. Sólo de esa manera se podrá transmitir hacia abajo (tanto dentro de los
cuadros policiales como hacia la ciudadanía) un mensaje claro de lo que se quiere hacer y con quién
se lo va a hacer. No vaya a ser que la gente se ilusione con el campeonato y sólo se tenga un
plantel para la mitad de la tabla.































