Si hay algo que al corrupto lo aterra, es que tenga que devolver el dinero mal habido. Tal es el caso de aquella señora menemista, que lucía un tapado de armiño sin ropa interior, llamada María Julia. Tal sangría monetaria realizada, ahora puede repetirse en la actualidad. Los jueces han tomado nota de los cambios que se avecinan y están procediendo como siempre debieron haberlo hecho. Si el guerrero se mentaliza para luchar hasta el final, los hombres y mujeres que representan la ley lo deben hacer de la misma manera. El castigo venal al corrupto que se aprovecha de su posición para enriquecerse no debe tener piedad. El daño que produce a la sociedad es el equivalente a un tsunami moral y material. El corrupto se defiende diciendo que es una campaña diabólica contra él, mientras corre presuroso para protegerse con fueros políticos, una de las artimañas que tan bien conocen tipos como Saúl Menem. En la actualidad nuestra presidenta está haciendo lo mismo: no es para menos Báez, Jaime, Máximo, De Vido, Bonafini, Boudou y sigue la lista. Curioso este país, tan rico y tan pobre.
































