Para Rogelio P., un visitador médico jubilado de 71 años, el encuentro ocasional
con una mujer en el centro rosarino no fue todo lo placentero que esperaba. Primero compartieron un
café en un bar y después la ocasional acompañante le sugirió acompañarlo a su departamento del
barrio República de la Sexta para un encuentro íntimo. Pero todo salió mal. Apenas llegaron a la
vivienda, el hombre se derrumbó envuelto en un profundo sueño. Unas tres horas después, cuando
logró reponerse, advirtió que la dama le había robado 4 mil dólares, 100 pesos, una computadora y
un teléfono celular. Entonces supo que había caído en manos de una viuda negra que le había
introducido en la taza de café un fuerte psicótropico que le provocó somnolencia.
Todo se inició cerca de las 8 de la noche del viernes, le contó el jubilado a
LaCapital. Entonces paseaba por el microcentro rosarino y llegó al cruce de San Martín y Rioja.
Allí se topó con una mujer delgada y con tatuajes en el cuerpo que al jubilado no le pareció
"demasiado atractiva". Sin embargo ella se acercó y le dijo: "Yo lo conozco". Rogelio primero dudó,
pero después creyó que esa cara le resultaba familiar.
—¿De dónde nos conocemos?, preguntó sorprendido el jubilado
—Yo trabajaba en la farmacia que está a la vuelta, contestó la mujer.
A Pizarro la respuesta le pareció creíble porque durante varios años había
recorrido los mostradores de las farmacias del centro rosarino. Después de dialogar algunos
minutos, ella le propuso tomar un café. Entonces fueron hasta un bar de San Martín al 1000, frente
a la plaza Montenegro. Allí él recordó su trabajo como visitador médico en un laboratorio y ella le
dijo que ese día (el viernes) cumplía 38 años. "Fue una charla normal", explicó casi balbuceando el
hombre. Pero apenas sorbió un trago de café, Rogelio comenzó a "sentirse mal" y no podía entender
lo que le pasaba, aunque presumía que algo extraño había ocurrido.
Entonces la dama le propuso a Rogelio prolongar el encuentro en su departamento,
en un edificio de La Paz al 200. El hombre aceptó y fueron en un taxi. Ya para entonces el jubilado
estaba obnubilado y apenas atravesó el umbral de su vivienda del primer piso, se desplomó
adormilado al suelo. A partir de ese momento, el hombre borró de su memoria lo que ocurrió. Una
media hora más tarde un nieto adolescente de Roeglio llegó al lugar. "Cuando llegó me encontró
tirado en el suelo", recordó el hombre.
La mujer calmó la curiosidad del chico diciéndole que el abuelo estaba tirado en
esa posición porque "estaba nervioso", pero le aclaró que "nada grave" le había ocurrido. El
adolescente presumió que la mujer era una "aventura" del dueño de casa y se fue a su casa donde le
contó la novedad a su papá, hijo de Rogelio. El hombre sospechó y salió disparado hacia el
departamento de su padre, quien intentó incorporarse sin suerte para atender el portero eléctrico.
Al no recibir respuesta su hijo se marchó.
Unas tres horas después, cerca de las 23 del viernes, Rogelio logró levantarse
ayudado con "un palo". Bajó con su perra al hall de entrada del edificio y se encontró con una
vecina. "¿Qué le pasó?, preguntó la mujer. Somnoliento, le respondió que no lo "sabía muy bien",
pero que el encuentro con la dama no había sido el soñado. La visitante se había llevado 4 mil
dólares, 100 pesos, una computadora y un celular mientras él dormía plácidamente y ajeno a los
movimientos de la mujer.