El mundo está lleno de personas que pasan inadvertidas, hacen obras que benefician a la sociedad, que perduran en el tiempo y quedan en el inconsciente colectivo. Esas personas merecen que la sociedad los reconozca por sus obras. Como bien dice la Biblia, por sus frutos los conoceréis (Mateo 7.16), es decir, este tipo de personas no andan alardeando de lo que hacen o dejan de hacer, se destacan por su humildad; y como dijo San Agustín: "Para llegar al conocimiento de la verdad sólo hay un camino: el de la humildad". Por eso deben ser reconocidas. La historia está llena de estos personajes pero lamentablemente se les rinde homenaje cuando ya no están. Por eso me siento en la necesidad de rendir homenaje por este medio a quien ideó y diseñó dos obras que considero han pasado a formar parte de los emblemas de la ciudad de San Lorenzo, como son el Centro Cultural Brigadier López y el Complejo Museológico en el Paseo del Pino de San Lorenzo. Me refiero al arquitecto Juan Augusto Scapigliati, quien robándole horas a su familia, elaboró los proyectos y tuvo a su cargo el seguimiento de todos los detalles de dichas obras que enorgullecen a los sanlorencinos. A personas como él, debe rendírseles respeto y reconocimiento en vida, porque eso es lo justo, lo que corresponde. Y porque las cosas deben decirse en el momento preciso, es decir cuando deben ser dichas, ni antes ni después, vayan pues estas simples líneas en tal sentido.





























