Franco, un pibe de 17 años que está bajo tratamiento psiquiátrico particular y
tiene serios problemas de adicciones, se presentó en Tribunales junto a su madre y admitió haber
herido de muerte a Javier Hernán Di Mateo, el taxista apuñalado el domingo por la noche en Gálvez y
Entre Ríos.
"No quería matarlo", dijo el adolescente ante la jueza de Menores María del
Carmen Musa, quien actúa en suplencia en el juzgado Nº 4 que está vacante. El relato del joven es
coincidente con lo dicho por Luis Di Mateo, de 60 años, padre de la víctima.
"Fue una pelea absurda entre dos personas que no pudieron contenerse y todo
terminó mal", reveló una fuente judicial. Finalmente, el chico quedó acusado de homicidio e
internado en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente de Rosario (Irar). Franco vive en villa
La Lata. Ante la jueza explicó que la noche del domingo iba al Encuentro de Colectividades, que
había tomado cinco pastillas de Rivotril que mezcló con cerveza y que para sentirse seguro portaba
un cuchillo de mesa entre sus ropas.
También dijo que al pasar por Gálvez al 1300 observó desde la vereda de enfrente
la discusión que mantenían Javier y Luis Di Mateo y que le gritó al más joven que dejara de
maltratar al mayor. Entonces, señaló, Javier Di Mateo se cruzó de vereda, lo golpeó mal y al
sentirse amenazado sacó el cuchillo y le aplicó un solo puntazo.
Tras ello, relató que Di Mateo se alejó caminando y que él se fue a tomar el
colectivo. Durmió esa noche en la casa de su hermano y se enteró del trágico final de su
contendiente cuando vio el noticiero al mediodía, el día después. Entonces, entre su hermano y su
madre lo convencieron para que se entregara.
La historia. Franco tiene 17 años y tres tentativas de robo en su legajo. Es uno
de seis hijos de una familia pobre y trabajadora. Su papá es obrero y su mamá limpia casas por
hora. Cursó 8º año durante 2008, año en el que tuvo su único ingreso al Irar, en diciembre de ese
año y durante un mes.
En Tribunales, la mamá del muchacho admitió que Franco ha tenido numerosos
conflictos aunque remarcó que en el presente año no tuvo entradas en dependencias policiales.
Asimismo, la mujer contó que su hijo está bajo tratamiento psiquiátrico particular debido a un
padecimiento psíquico al que se le suma su problema de adicciones.
En ese sentido, sostuvo que el adolescente está medicado con anticonvulsivos y
antipsicóticos, en el argot psiquiátrico "tranquilizantes mayores", aunque admitió que no los
tomaba de manera ordenada. También recordó que a comienzo de 2009 Franco fue internado en un lugar
privado de rehabilitación, del que llamaron a los padres para que lo retiraran ya que no podían
controlarlo. Allí habría tenido un intento de suicidio.
"Necesito un tratamiento", le dijo Franco a la jueza Musa el lunes por la tarde,
menos de 24 horas después de haber mantenido la fatal riña callejera con Javier Di Mateo, un
taxista de 37 años, en Gálvez al 1300. Cerca de las 21.40 del domingo Javier guardaba algunos
objetos en el baúl de su auto para completar una mudanza. Mientras hacía eso discutía en tono
subido con Luis, su padre.
Por la vereda de enfrente y ajeno al hecho caminaba Franco, quien iba a tomar el
colectivo para ir al Encuentro de Colectividades en el parque a la Bandera. El pibe marchaba
entonado por el efecto de los cinco tranquilizantes que había consumido con cerveza. Por otro lado,
los investigadores no descartan que Javier Di Mateo hubiera consumido alcohol.
Franco contó en Tribunales que pasó por el lugar y le gritó a Javier para que no
maltratara a su padre. Que la víctima se cruzó de vereda para bardearlo. Que discutieron y Javier
lo golpeó. En medio de la golpiza el chico sacó el cuchillo que llevaba entre sus ropas y le asestó
un solo puntazo mortal en el pecho. Los componentes relatados por el imputado coinciden con la
declaración del padre de la víctima, testigo preferencial del crimen.
"Este chico es una persona con una condición especial que lo hacía peligroso.
Ahora tenemos dos problemas: una persona muerta y un pibe que tiene en su haber un homicidio",
comentó la jueza Musa. "Vino haciendo llamados de atención y la comunidad lo ha dejado librado a su
suerte. Yo me pregunto: de todos los expertos que lo trataron, ¿nadie percibió que esto podía
pasar? Ha pasado por el sistema (judicial y el Irar) y no se advirtió lo que podía suceder. O se
advirtió y se le soltó la mano".