El 2013 se va poniendo tras el horizonte del ayer. Es época de despedidas y celebraciones, de reuniones familiares, de amigos y compañeros de trabajo. Es también tiempo de meditación. Un año más se aleja de nuestras vidas para no regresar jamás. Debemos hacer un balance de lo positivo y lo negativo de él; analizar con sinceridad nuestros logros y triunfos, nuestras omisiones, nuestros intentos truncos, los fracasos y los errores. No para lamentarnos ni para convertirnos en esclavos del pasado, sino para intentar repetir los primeros y evitar los últimos. Así como la luz carecería de sentido donde no hubiese oscuridad, son las necesidades insatisfechas, las dificultades y sus inevitables sufrimientos quienes suministran el fondo de pesar que dan sentido y relieve al placer de satisfacerlas. Iniciemos el 2014 con nuevos bríos y renovada fe, convencidos de que la confianza en sí mismo es la base del triunfo; que uno de los secretos de la dicha es sentirse ocupado útilmente con la esperanza de tener buen éxito y que si no logramos elevar los recursos hasta el nivel de los deseos procuremos rebajar los deseos hasta el nivel de los recursos. A todos, ¡Felicidad!





























