Don Mariano Luppo llegó desde su Italia natal cuando aún era muy joven y dedicó
toda su vida al trabajo en una metalúrgica afincada en el mismo barrio Azcuénaga en el que
construyó su casa y creó una familia junto a su esposa, Felippina Salanitro. El hombre tenía 85
años y un corazón muy débil. Ayer mismo había vuelto a su hogar después de haber estado internado
por su afección cardíaca. No obstante, repitió el ritual de todos los días: se sentó frente al
alero del garaje de su vivienda a tomar el fresco de la tarde y a saludar a los vecinos. Eran las
17 cuando tres hombres y una mujer que se movilizaban en un auto moderno lo abordaron, lo obligaron
a entrar a su vivienda de Rouillón 1564 y lo asustaron con amenazas para robarle. Hasta anoche no
estaba claro cuánto y qué se habían llevado los maleantes. Lo cierto es que el corazón de don
Mariano no pudo resistir semejante ataque y falleció ante la atónita mirada de su mujer.
Analía vive en la casa contigua a la de don Mariano. Poco antes de las 17 de
ayer la mujer llegó a su vivienda y vio a su vecino, como todos los días, sentado debajo del alero.
"Le dije que vaya adentro, que hacía mucho calor y que el médico le había recomendado que se cuide.
Pero me saludó y me dijo que estaba bien. Entonces yo fui a casa y me recosté un rato. A las 5 y 20
mi hijita me dijo que alguien estaba llorando en la puerta y que intentaba abrir. Primero me asusté
un poco, pero enseguida la nena me dijo que quien llamaba era Felippina. Cuando abrí me dijo que le
habían entrado a robar y que Mariano estaba mal", contó la mujer aún consternada.
Impotencia.Enseguida, Analía y otro vecino que en ese momento llegaba de
trabajar acompañaron a Felippina hasta su casa y entonces se toparon con el desastre. "Mariano
estaba tirado en el dormitorio de atrás, entre una cama y el ropero. Ya estaba muerto, en medio de
toda la ropa que los ladrones dejaron sacaron de los cajones buscando plata y algo de valor. Dieron
vuelta todo, hicieron un lío bárbaro", comentó la mujer.
Analía estaba sumida en la impotencia. "No puede ser. Lo vi a las 5 y veinte
minutos después la esposa me avisa que está muerto. Son unos salvajes. Era un hombre grande, débil,
que caminaba ayudado por un bastón", contó.
Poco más tarde, cuando peritos de la Policía Científica y el médico forense
llegaron al lugar, pudieron comprobar que el cuerpo de don Mariano no presentaba a simple vista
ninguna herida de arma y arriesgaron que "habría muerto de un infarto". En tanto, la mujer sólo
presentaba un moretón en una muñeca que "puede haber sido causado por la sujeción muy fuerte con
una mano", signo del maltrato recibido por los maleantes.
En cuanto los delincuentes, la policía investigaba ayer la presencia de un
moderno auto Audi A4 de color oscuro que en los últimos días "varios vecinos vieron dar vuelta por
el barrio sin sentido alguno". En ese orden, ayer uno de esos vecinos le acercó a los pesquisas los
números y no las letras de la patente de ese vehículo por lo que los pesquisas se pusieron a
rastrearlo.
Entre lágrimas, en tanto, uno de los hijos de don Mariano comentaba ayer que su
papá había estado internado veinte días en el Pami por una afección cardíaca que lo tenía a
maltraer desde hace varios años, pero que la semana pasada recibió el alta médica. Sin embargo, el
jueves volvió a ser internado por 24 horas para un control. "Lo traje a las 11, lo dejé porque iban
a almorzar con mi mamá y ahora está muerto", contaba Felipe Luppo a los familiares que iban
llegando hasta la vivienda apenas se enteraban de lo ocurrido y a los vecinos que se acercaban a
darle su pesar por la muerte de don Mariano, el hombre que ya no podrá sentarse más en la esquina
de Rouillón y pasaje Sauce para tomar el fresco de la tarde y saludar amablemente a los vecinos y a
los pibes del barrio. Todo eso porque cuatro delincuentes le hicieron una mala jugada a su débil
corazón.