No sabemos exactamente cuándo y cómo ocurrió porque no apareció en los medios de información. Lo cierto es que los rosarinos pueden visitar nuestro otrora hermoso barrio y comprobarlo. Más allá de las ironías que nos permiten postergar y/o mitigar la indignación, los vecinos no encontramos explicación a lo que la obra _deseada por todos_ de instalación de cloacas ha ocasionado en nuestras calles. Sin hacer especial énfasis en el material asfáltico que nos sobrevuela constantemente ensuciando nuestros hogares, vehículos y vías respiratorias, sí quiero detenerme en la enorme desprolijidad con que se está trabajando _léase absoluta ausencia de control final_ dejando un deterioro evidenciado en piedras, pedregullo, alambres, profundos baches , a los que se suman las hojas de nuestros profusos árboles, bellas otrora, pero ya no, formando un amasijo, peligro latente en vistas de una lluvia prolongada, regalado sin consideración por la empresa adjudicataria, sin que aparezca la limpieza final, como si nuestro barrio no hubiera vivido hace poco una de sus más grandes y destructivas inundaciones. Porque también tenemos que padecer la ausencia del “barrendero”, cuyo rostro no vemos desde hace meses. Cuando increíblemente apareció uno, luego de reponerse del susto, porque desde todas las puertas aparecimos al unísono para darle la bienvenida, nos reveló que no puede solo, ya que la Municipalidad ¡retiró mucho personal de la zona! Hace años llegamos aquí buscando paz, belleza y aire puro para nuestro joven hogar. Pero comenzó el deterioro antinatural con las agresivas pintadas en aerosol sobre paredes y contenedores, las que ejercen mucha violencia visual sobre el vecino común, ahora anonadado además, por la destrucción de sus calles, caños de agua potable _casi dos por cuadra_ (¡¿no pidieron a Aguas los planos?!), salpicaduras de brea al por mayor o falta de brea en otros lugares e intempestivos cierres de calle. Que este mensaje sea conocido por los encargados y responsables para que, por lo menos, se enteren del malestar barrial que nos aqueja y es motivo de airados comentarios, en cuanto nos encontramos en cualquier reunión o negocio de la zona.





























